Opinión / Columna
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Luis Hernández Palacios
Tragedia, solidaridad y show
Organización Editorial Mexicana
17 de octubre de 2010
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Chile, el país de la loca geografía, como lo llamó Pablo Neruda, volvió a sorprender al mundo. La proclama de los mineros chilenos, escuchada por un billón de personas en el mundo ha sido la nota mediática de la semana, cuando culminó el exitoso rescate de los 33 atrapados en la mina de San José, en el desierto de Atacama. Sitio emblemático en la historia chilena, cuya comprensión nos remite a vislumbrar las dimensiones profundas de este extraordinario suceso.
Como el laureado escritor atacameño Hernán Rivera Letelier refiere: el desierto de Atacama y sus minas han sido el derrotero de sangre, sudor y lágrimas para los mineros de la zona desde antes de que iniciara el siglo XX. Fueron las luchas de estos sufridos trabajadores las que abrieron las compuertas de la organización social y política de la clase obrera. Enfrentaron represiones inconmensurables, como la masacre de Santa María de Iquique, pero también contemplaron los procesos organizativos y de resistencia de Luis Emilio Recabarren (fundador de la Federación Obrera Chilena y del Partido Comunista) en los albores del siglo, que cristalizaron de una sólida fuerza sindical. Los mineros fueron así emblema y tradición en el largo recorrido de los trabajadores del campo y la ciudad en Chile. Muchos accidentes en los socavones que culminaron en desgracias conmovieron la impasibilidad del desierto nortino y sacudieron conciencias en todo el país.
Al lado de un sentimiento solidario por esos eventos, la sociedad chilena fue a lo largo del siglo XX una de las que alcanzó uno de los índices más altos de educación en el continente. Los años de la dictadura pinochetista no modificaron en lo substancial la presencia de valores profundos de sociabilidad y generosidad, a pesar de que en algunas capas permeó el aire neoliberal que acentuó el individualismo y el arribismo.
Aquellos valores se han puesto de manifiesto frente a las catástrofes naturales. Como antecedente inmediato de lo ocurrido en la Mina de San José están el terremoto y maremoto, que en este año azotaron con especial virulencia el sur de Chile. Por eso una sociedad reclamante y solidaria creó un tejido suficiente para movilizar la voluntad política del Gobierno. Con la astucia que ha tenido para los negocios Sebastián Piñera, presidente de Chile, entendió muy rápido que se ponía a la cabeza de las tareas de rescate, o sería rebasado rápidamente. Por eso este "Berlusconi conosureño", como le han denominado algunos de sus adversarios, estableció la convocatoria para que recursos técnicos de la cooperación internacional, especialmente de la NASA, concurrieran para lograr la hazaña que hoy todos celebramos. Hazaña que transitó muy rápido de la crónica periodística al show mediático, con Piñera al frente.
No puede ignorarse, por otro lado, que este extraordinario éxito de la solidaridad ha ocultado otros graves conflictos sociales que vive Chile. En particular la lucha de los mapuches, reivindicando sus tierras, aguas, bosques y recursos naturales en general que, además, en la coyuntura realizaban actos de solidaridad con sus presos en huelga de hambre, a quienes por cierto, por el ejercicio de sus derechos reivindicatorios, se les han aplicado las leyes antiterroristas provenientes de la dictadura.
Hay muchas lecciones que aprender de lo ocurrido en la Mina de San José.
Yo me quedo con la de la solidaridad social y el orgullo de los trabajadores chilenos. Pero no puede desconocerse la inteligencia y astucia de un gobierno calificado de derecha, que ha sabido manejar la coyuntura.
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