Espectáculos
"Desorden Público"
Organización Editorial Mexicana
21 de noviembre de 2009
Entre Piernas y Telones
Hugo Hernández y Claudia Romero / El Sol de México
Ciudad de México
BRILLANTE TRABAJO ESCÉNICO
Conocí el trabajo de Hugo Arrevillaga hace aproximadamente un lustro, a través de la obra Canción Para un Cumpleaños, que abordaba la trágica vida de la escritora Silvia Platt. Pensé entonces que un trabajo de dirección escénica tan sólido correspondía a un hombre maduro y asentado. Meses después alguien me lo presentó personalmente y descubrí que se trataba de un joven, muy joven creador. Entonces volví a pensar: "Ojalá que aquella maravillosa puesta en escena no haya sido sólo un chiripazo".
Hoy, cinco años y varios montajes después, puedo asegurar que lo que vi en aquel entonces no fue una coincidencia, sino resultado del trabajo, la dedicación y, sobre todo, del enorme talento que este todavía muy joven director de escena imprime a cada uno de sus proyectos.
Y usted, amable lector, puede juzgarlo personalmente todos los miércoles vía el inquietante, divertido, crítico y provocativo montaje llamado Desorden Público, que actualmente hace temporada en el pequeño pero siempre grato teatro de La Capilla, ubicado por los rumbos de Coyoacán.
Escrito por Evelyne de la Cheneliere (de quien recientemente vimos en México Fresas en Invierno), Desorden Público es un ejemplo de lo que en los últimos años se ha definido como "narraturgia", un híbrido que, como su nombre lo anticipa, mezcla la narrativa (prosa) con la dramaturgia (acción y diálogo).
En este género híbrido, tal como ocurre en Desorden Público, los personajes son a un mismo tiempo narradores de las acciones que el público está viendo. Los hechos no sólo ocurren y los espectadores los vemos, sino que hay comentarios, reflexiones, acotaciones que los personajes externan y operan como un narrador paradójicamente interno y externo de lo que sucede en el escenario.
Desorden Público cuenta la vida de un grupo de jóvenes que, metafóricamente, transitan en un autobús. Durante el recorrido se interrelacionan, se enlazan y se confrontan, y a partir de sus comentarios la acción sale del "autobús" y vemos otros momentos de sus vidas.
Gracias al talento de Arrevillaga, las múltiples situaciones, los diversos lugares y los varios tonos que maneja la anécdota suceden fluidamente. Para lograr esto también contribuyen ampliamente los talentos de las escenógrafas (Auda Caraza y Atenea Chávez), los iluminadores (Roberto Paredes y el mismo Arrevillaga) y el musicalizador (Ariel Cavalieri).
Especial aplauso merecen los actores. Todos estupendos. Mauricio Carmona, Arebeca Trejo, Alejandra Chacón, Angélica Morales, Miguel Romero, Raymundo Elizondo y Sara Pinet.
Desorden Público es una obra que habla efectiva y atinadamente del mundo violento y agresivo que vivimos día a día.
Cinco años y varios montajes después de aquella Canción Para un Cumpleaños, puedo asegurar que Hugo Arrevillaga es uno de los directores más sólidos y talentosos de su generación.
EL TEATRO CONVERTIDO EN UN JUEGO
Una obra de Evelyne de la Chenelière que se presenta en el teatro de La Capilla, en Coyoacán, los miércoles a las ocho de la noche, dirigida por Hugo Arrevillaga.
De esta autora hemos visto por lo menos otras dos puestas: Fresas en Invierno y Bashir Lashar, esta última en este mismo espacio. Una escritora joven que, en el caso de Desorden Público, apela mucho más que en la obra anterior a los recursos sencillos y netamente teatrales: el actor y su capacidad interpretativa para plantearnos sus inquietudes.
El teatro se convierte en un espacio lúdico en el que los roles, tiempos y lugares se asignan conforme lo necesite la historia. Al final del camino son los actores, en complicidad con el director, quienes se encargan de todo.
¿Han visto a los niños jugar a que representan la historia de un superhéroe? Se van asignando personajes, cambian de lugar, mezclan el tiempo, resaltan lo importante en ese cuento. Todo en esta puesta es mínimo y esencial: la iluminación, el vestuario, los elementos sonoros, la utilería, pero no escatiman en recursos actorales y lo mejor, no escatiman en la imaginación del público.
Aquí no nos cuentan la historia de un héroe, sino de un actor que repentinamente empieza a escuchar el pensamiento de la gente durante un viaje en autobús. Este hecho no real nos permite adentrarnos en los conflictos reales, tanto de él, sus relaciones y las vidas de esos otros personajes que viajan en el camión. El teatro se convierte ahora en un juego.
Este equipo creativo, a través de viñetas, se lanza a la búsqueda del hombre incomunicado, pero una vez que se comunica, ¿qué? Sigue totalmente solo. La vida no está resuelta cuando vives con el otro, lo disfrutas o padeces con. No se trata de una puesta desesperanzada, al contrario, cuenta con un gran sentido del humor y la posible solución (saber lo que piensan los otros), aunque no resuelve, no concluye en el nihilismo.
En esta situación irreal, la verdad de los actores sostiene la obra; su compromiso con el texto, su interpretación delicada de cada uno de los personajes que representa. Sólo hay un actor que mantiene al mismo personaje durante todo el viaje: una chica que representa a un niño. Alguien podría decir que es la esperanza. Para nada, este niño-genio es bastante raro y sencillamente es el preámbulo de un futuro igualmente incomunicado. Y como dice la canción que utilizan en la puesta: Está caaaaaaa....
Ciudad de México
BRILLANTE TRABAJO ESCÉNICO
Conocí el trabajo de Hugo Arrevillaga hace aproximadamente un lustro, a través de la obra Canción Para un Cumpleaños, que abordaba la trágica vida de la escritora Silvia Platt. Pensé entonces que un trabajo de dirección escénica tan sólido correspondía a un hombre maduro y asentado. Meses después alguien me lo presentó personalmente y descubrí que se trataba de un joven, muy joven creador. Entonces volví a pensar: "Ojalá que aquella maravillosa puesta en escena no haya sido sólo un chiripazo".
Hoy, cinco años y varios montajes después, puedo asegurar que lo que vi en aquel entonces no fue una coincidencia, sino resultado del trabajo, la dedicación y, sobre todo, del enorme talento que este todavía muy joven director de escena imprime a cada uno de sus proyectos.
Y usted, amable lector, puede juzgarlo personalmente todos los miércoles vía el inquietante, divertido, crítico y provocativo montaje llamado Desorden Público, que actualmente hace temporada en el pequeño pero siempre grato teatro de La Capilla, ubicado por los rumbos de Coyoacán.
Escrito por Evelyne de la Cheneliere (de quien recientemente vimos en México Fresas en Invierno), Desorden Público es un ejemplo de lo que en los últimos años se ha definido como "narraturgia", un híbrido que, como su nombre lo anticipa, mezcla la narrativa (prosa) con la dramaturgia (acción y diálogo).
En este género híbrido, tal como ocurre en Desorden Público, los personajes son a un mismo tiempo narradores de las acciones que el público está viendo. Los hechos no sólo ocurren y los espectadores los vemos, sino que hay comentarios, reflexiones, acotaciones que los personajes externan y operan como un narrador paradójicamente interno y externo de lo que sucede en el escenario.
Desorden Público cuenta la vida de un grupo de jóvenes que, metafóricamente, transitan en un autobús. Durante el recorrido se interrelacionan, se enlazan y se confrontan, y a partir de sus comentarios la acción sale del "autobús" y vemos otros momentos de sus vidas.
Gracias al talento de Arrevillaga, las múltiples situaciones, los diversos lugares y los varios tonos que maneja la anécdota suceden fluidamente. Para lograr esto también contribuyen ampliamente los talentos de las escenógrafas (Auda Caraza y Atenea Chávez), los iluminadores (Roberto Paredes y el mismo Arrevillaga) y el musicalizador (Ariel Cavalieri).
Especial aplauso merecen los actores. Todos estupendos. Mauricio Carmona, Arebeca Trejo, Alejandra Chacón, Angélica Morales, Miguel Romero, Raymundo Elizondo y Sara Pinet.
Desorden Público es una obra que habla efectiva y atinadamente del mundo violento y agresivo que vivimos día a día.
Cinco años y varios montajes después de aquella Canción Para un Cumpleaños, puedo asegurar que Hugo Arrevillaga es uno de los directores más sólidos y talentosos de su generación.
EL TEATRO CONVERTIDO EN UN JUEGO
Una obra de Evelyne de la Chenelière que se presenta en el teatro de La Capilla, en Coyoacán, los miércoles a las ocho de la noche, dirigida por Hugo Arrevillaga.
De esta autora hemos visto por lo menos otras dos puestas: Fresas en Invierno y Bashir Lashar, esta última en este mismo espacio. Una escritora joven que, en el caso de Desorden Público, apela mucho más que en la obra anterior a los recursos sencillos y netamente teatrales: el actor y su capacidad interpretativa para plantearnos sus inquietudes.
El teatro se convierte en un espacio lúdico en el que los roles, tiempos y lugares se asignan conforme lo necesite la historia. Al final del camino son los actores, en complicidad con el director, quienes se encargan de todo.
¿Han visto a los niños jugar a que representan la historia de un superhéroe? Se van asignando personajes, cambian de lugar, mezclan el tiempo, resaltan lo importante en ese cuento. Todo en esta puesta es mínimo y esencial: la iluminación, el vestuario, los elementos sonoros, la utilería, pero no escatiman en recursos actorales y lo mejor, no escatiman en la imaginación del público.
Aquí no nos cuentan la historia de un héroe, sino de un actor que repentinamente empieza a escuchar el pensamiento de la gente durante un viaje en autobús. Este hecho no real nos permite adentrarnos en los conflictos reales, tanto de él, sus relaciones y las vidas de esos otros personajes que viajan en el camión. El teatro se convierte ahora en un juego.
Este equipo creativo, a través de viñetas, se lanza a la búsqueda del hombre incomunicado, pero una vez que se comunica, ¿qué? Sigue totalmente solo. La vida no está resuelta cuando vives con el otro, lo disfrutas o padeces con. No se trata de una puesta desesperanzada, al contrario, cuenta con un gran sentido del humor y la posible solución (saber lo que piensan los otros), aunque no resuelve, no concluye en el nihilismo.
En esta situación irreal, la verdad de los actores sostiene la obra; su compromiso con el texto, su interpretación delicada de cada uno de los personajes que representa. Sólo hay un actor que mantiene al mismo personaje durante todo el viaje: una chica que representa a un niño. Alguien podría decir que es la esperanza. Para nada, este niño-genio es bastante raro y sencillamente es el preámbulo de un futuro igualmente incomunicado. Y como dice la canción que utilizan en la puesta: Está caaaaaaa....