Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
La segunda vida de Georges Brown (El otro hemisferio)
Organización Editorial Mexicana
16 de marzo de 2010

  Todos los países que están en Europa son europeos. Pero cada uno a su manera. El Reino Unido, por ejemplo, no hace nada como los demás. Pero eso no basta para comprender por qué actualmente, al contrario de lo que les sucede a los otros partidos y coaliciones que están en el poder, la crisis y sus secuelas le han dado una segunda vida al primer ministro inglés.

Las metáforas utilizadas por la prensa hablan de la resurrección de un enfermo comatoso que sólo espera las próximas elecciones en las que él y su partido serían derrotados, para desaparecer.

Derrotados y enterrados por el carismático caballero blanco de sangre azul David Cameron, el líder del Partido Conservador británico. Este iba en caballo de hacienda al famoso 10 Downing Street, residencia de los primer ministros de ese país.

Los conservadores mantuvieron durante prácticamente dos años una ventaja de diez puntos y más respecto de los laboristas. Su victoria en las elecciones, que se desarrollarán probablemente a principios de mayo, parecía más que segura.

Pero no, hace un mes aproximadamente, el caballo se transformó en burro. La ventaja se ha reducido a siete puntos según The Dayly Express, a cinco según The Sun, y hasta a dos, según The Mail on Sunday.

Los laboristas no son los únicos que han subido. El otro es el tercer gran Instituto de ese país, el partido liberal-demócrata, el cual, en realidad, es un partido de centro izquierda. Y, es ese posicionamiento, lo que podría darles una nueva vida gubernamental a Georges Brown y sus laboristas.

Los liberal-demócratas, según los sondeos, pueden obtener el 16 por ciento de la votación en las próximas elecciones. Desde luego, no es suficiente para gobernar. Pero ese resultado, aunado a la baja de los conservadores, puede impedir que surja de las urnas un partido mayoritario, capaz de formar un gobierno.

Los liberal demócratas pueden aliarse con los laboristas, difícilmente con los conservadores. Como socio menor de una coalición no pueden pretender a la cabeza del gobierno. En esa hipótesis, Georges Brown, su aliado mayoritario, sería su propio sucesor como jefe del Ejecutivo.

Aunque debería su victoria al Partido liberal-demócrata, dado que el suyo es incapaz de propulsarlo a la cabeza del gobierno, hay que reconocer que la impopularidad de Brown ha disminuido de manera notable.

No es ningún milagro. Aunque al principio la gente que había abucheado a Blair aplaudió a Brown, la cosa no duró. La coyuntura no era buena, pero, sobre todo, Brown dio pruebas del peor oportunismo, destruyendo así la imagen de hombre íntegro, que había hecho olvidar que merecía en parte la misma impopularidad de Blair -quien le había heredado el puesto-, en la medida en que había secundado a éste en la trágica aventura iraquí.

A Brown, carente del menor carisma, no le perdonaron ni siquiera lo que le habían perdonado a Blair. Pero lo salvó la crisis. Supo cómo reaccionar a tiempo. Abjuró todo lo que había creído y hecho creer, es decir, un liberalismo a ultranza. Nacionalizó los bancos e inspiró con su práctica y sus consejos la mayor parte de las medidas intervencionistas de regulación adoptadas en Europa durante la segunda parte de 2009.

Ante eso, palideció la buena estrella de David Cameron. Ese hombre joven y sumamente carismático parece divorciado de la realidad que vive la mayor parte de la gente en el Reino Unido. Demasiado cercano de la City, el centro financiero de Londres y el más importante del mundo con Wall Street, parece ignorar que hubo una crisis de magnitud histórica y financiera, precisamente.

Ante eso, muchos británicos se preguntan si van a ser los únicos que van a pagar los platos rotos por la City y prefieren cubrirse eligiendo a los dos partidos de centroizquierda, laboristas y liberal-demócratas.

mehcbv@email.com
 
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