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Opinión
![]() La décima potencia
Guillermo Chao Ebergenyi
Marceau y Cantinflas
Organización Editorial Mexicana
28 de septiembre de 2007
La libertad de expresión es un arte que se convirtió en derecho cívico. Las expresiones más antiguas son pictogramas artísticos, no políticos, y con base en esa experiencia, la Humanidad expresó sus ideas aunque la privaran de la palabra hablada o escrita porque, ciertamente, hubo quien habló o escribió de más. El que calla, ¿otorga? Depende. Cuando el silencio es un arte que con su silencio expresa algo, el que calla no otorga sino que reclama la atención de los demás. ¿Una imagen dice más que mil palabras? Falso. Que expresen mil imágenes la fuerza de esta palabra: ¡Libertad!
El mundo ha perdido dos extremos de la expresión, ambos productos del siglo anterior, que fue rico en ritos, en mitos y en mimos. Murió Cantinflas, que fue el exceso expresivo. Murió Marcel Marceau, que fue la abundancia de expresiones a través de la ausencia de palabras. Como los polos se atraen, el hilo conductor entre uno y otro consistió en que ambos consiguieron asombrar a las multitudes. Uno por su verborrea y el otro por su silencio. Con lo uno y lo otro producían risa, a veces ternura por los personajes fantásticos que crearon. Su capacidad expresiva debería ser imitada por otros que cuando dicen, no saben lo que dicen; que hablan cuando debieran callar, o callan cuando debieran hablar. Cuando el arte se expresa, no necesita de grandes equipos de sonido ni de adjetivos. El arte es sustantivo en sí mismo porque es alternativamente sustancial e insustancial. Se puede vivir sin arte, pero la peor forma de vivir es sin belleza. El arte es efímero: hoy gusta, mañana disgusta. Por eso es eterno, porque pasado mañana gustará de nuevo. Marceau y Cantinflas, cada quien en su estilo, tuvieron arte, pero sobre todo fueron originales. Hoy la mímica se ha democratizado. Hay mimos en toda plaza pública como hay verborréicos en toda Cámara de Diputados, pero ni unos ni otros nos dicen nada, porque callan de más o hablan de más, y la expresión es la única condición de la democracia en la que la calidad cuenta más que la cantidad. Y si no, que lo dirima la rima. La libertad de expresión expresada por un mimo yo jamás la desestimo por su muda condición. Es profunda reflexión pues el gesto pantomimo, no cambia por supresión lo secundario o lo primo; no da verbo concesión mas expresa lo que rimo. Columnas anteriores
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