Opinión
Hechos
Jesús Michel Narvaez
"Revolución educativa" sin las armas de la modernidad

El Sol de México
18 de mayo de 2008

Sonrientes, cual amigochas de toda la vida, lucieron las dos mujeres con más poder en la política nacional. Obviamente, usted atinó ya, se trata de Josefina Vázquez Mota y Elba Esther Gordillo Morales. Una, secretaria de Educación, la otra, dirigente -lo ha sido por espacio de 19 años- del influyente SNTE. El motivo de las sonrisas: que se pueden poner de acuerdo. ¡Qué bueno!

Aunque claro, el consabido pelo en la sopa está presente.

Se anuncia, finalmente, un "acuerdo" para poner en marcha la Revolución Educativa. Que se sepa, en el presupuesto asignado por la Cámara de Diputados a la Secretaría de Educación no hay recursos claramente destinados para la compra de tecnología. Tampoco para la remodelación de escuelas y menos para incrementar los salarios a los maestros en los porcentajes que, supuestamente, los harían pasar de la clase pobre a la media-media.

Luego, entonces, ¿acuerdo para qué?

El problema de la educación en México ha sido discutido hasta el cansancio. Siempre se hacen propuestas y jamás se cumplen.

Partamos del número uno: los maestros. Ciertamente se esfuerzan por no cumplir con sus obligaciones. Argumentan que sus salarios son muy bajos y tienen que buscar la doble y hasta la triple plaza para sobrevivir. Sin embargo, aquellos que se encuentran insertos en la llamada Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) abusan de sus protestas. No hay año -¿usted tiene memoria?- en que no lleguen a la Ciudad de México los que supuestamente trabajan en Michoacán, Chiapas, Oaxaca, Valle de México, por citar solamente cuatro zonas, para realizar sus consabidas protestas. ¡Qué bueno que busquen la mejoría!...¡qué malo que lo hagan a costa de la niñez y la juventud del país!

Quienes llegan y hacen sus campamentos -impedidos por la ley pero apoyados por el GDF- en la Ciudad de México dejan de dar clases, no cumplen con sus horarios, ah, pero eso sí, cobran completos sus salarios.

¿A usted le pagan por no ir a trabajar? A mí no.

Mientras no se entienda que la educación está por encima de los intereses de grupo, de partido o de personas, nada se avanzará. Se entiende que el sindicalismo es necesario -imagínese usted, si con sindicato, los trabajadores sufren la gota gorda, sin aquellos, estarían en franca indefensión- pero también dentro de los límites. El Estado, como ente, está obligado a garantizar la educación básica hasta, por lo menos, la preparatoria. Para cumplir con el propósito es indispensable que el patrón cuente con el personal calificado y suficiente. Además, tener las instalaciones en donde sus empleados deben realizar sus funciones. Ambos supuestos, por lo menos a simple vista, no se cumplen.

Los maestros quieren más plazas, dicen que son pocos para el número de educandos que hay en el país. Quizá tengan razón. Se dice que hay alrededor de un millón 800 mil maestros y los alumnos suman cerca de 26 millones, es decir, a cada maestro le tocan quince alumnos. No parece estar desfasado el número, ellos, sin embargo, tendrán sus razones para quejarse.

Aquellos supuestos, decíamos, no se cumplen a cabalidad, pero el meollo no son ellos, es el programa educativo.

Materias que deberían ser obligatorias para el desarrollo completo de los niños se han olvidado, no se presentan con conocimientos suficientes, se eliminan otras y no se moderniza el sistema mismo.

La vilipendiada Enciclomedia era un paso adelante. Por desgracia, el mal uso de los recursos, el equipo deficiente, la mala selección de programas, dieron al traste con algo que parecía un avance.

¿Cuál es el programa educativo de México?

Está copiado del rumano y se debe a Jesús Reyes Heroles. ¿Ha sido bueno?...¿ha sido malo?

Los resultados hablan por sí mismos.

Se supone, nada más se supone, que habría maestros en idiomas para que los niños y niñas pudieran ser bilingües. Difícil tarea si, sin ser peyorativos, los maestros con dificultad parlan el español. Mal los resultados en matemáticas, según los registros de la OCDE. Pésima la materia de civismo -¿se da o no?- a grado tal que nadie sabe, en efecto, qué es el Poder Judicial de la Federación, que nada tiene que ver con los "judiciales y esas cosas". Mal en literatura. Los autores ya no solamente mexicanos, sino los llamados universales están alejados de los educandos. ¿De historia?...de esa mejor ni hablamos, si el propio Presidente de México equipara a un mando policíaco con Hidalgo.

¿Cómo mejorar la educación si quienes hacen las normas, es decir, los congresistas, no saben cuántos artículos tiene la Constitución?

Sí, que bueno que las damas se pongan de acuerdo y dejen de arrojarse leña. Pero ¿para qué servirá el acuerdo?

¿Cómo se medirá la mejoría de los educandos?

¿Quién será el responsable de realizar una evaluación sin trampas?

No, cuando de galimatías se trata, hay que leer los discursos, fijar la mirada en los acuerdos y darse por enterado de la fonética que utilizan las partes involucradas.

E-mail:

micheljesus@hotmail.com
Columnas anteriores
Columnas

Cartones