Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
La caldera del oportunismo (El otro hemisferio)
Organización Editorial Mexicana
11 de marzo de 2010

  El fin de semana pasado, en Nigeria, decenas de aldeanos de tres localidades cercanas a la ciudad de Jos fueron asesinados a tiros y machetazos por grupos de vecinos. Al parecer, aunque se habló de 500 muertos, felizmente, si se puede decir, sólo hubo 109 personas asesinadas. Es el último episodio, hasta ahora, de una serie de matanzas que comenzó en 2008 y cuya fase más reciente data de enero pasado.

Para un extranjero, el incidente que desata cada ciclo parece insignificante. En general, se trata de musulmanes que quieren establecerse en territorios donde son considerados como extranjeros. Lo que buscan las matanzas iniciales es defender bienes sin gran valor o expulsar a pequeños grupos. Pero lo que alimenta el ciclo es la venganza.

Los actores son miembros de la etnia mayoritaria, los Hausa-Fulani, musulmanes y los miembros de la etnia Berom, cristianos. Se podría pensar que el motivo del antagonismo es religioso. O que es étnico. O los dos. Sin embargo, aunque la religión y la etnia son parte del problema, no son el motor del odio.

Esas matanzas son el vapor que sale de una válvula de seguridad: dentro de la caldera hierven rencores y venganzas, odios religiosos y étnicos. Pero el fuego que los hace hervir son conflictos banales, pero esenciales. Son conflictos socioeconómicos, alimentados por oportunismos políticos que resultan criminales.

El norte es mayoritariamente musulmán y está habitado por la etnia mayoritaria. El sur es mayoritariamente cristiano y está poblado por numerosas etnias. Entre los dos hay una ancha faja donde la mezcla étnica y religiosa es mayor. Lógicamente es en esa interfase donde los conflictos son mayores. Ahí está situada Jos.

Ese tipo de conflictos existe desde hace muchísimo tiempo en muchos otros países. ¿Por qué entonces alcanza tales extremos en Nigeria y en particular en el estado de La Mesa donde se encuentra Jos?

En Nigeria hay un factor que no existe en otros países similares. Un factor institucional sin el cual las cosas no llegarían probablemente a los extremos actuales.

Por oportunismo institucional, el Estado nigeriano mantuvo una tradición de la colonia británica que, por oportunismo, dividió el país, en la medida de lo posible, sobre bases étnicas.

Actualmente, cada estado de la República de Nigeria está teóricamente habitado por una etnia que el Estado declara "primer poblador". Sobra decir que es una calidad que, con frecuencia, la Historia no confirma. Dicha etnia es considerada "indígena" y cualquier otro habitante del estado que no pertenezcan es considerado "colono".

Obviamente, los "indígenas" gozan de privilegios y ventajas que los colonos no poseen. El sistema da una base institucional al despojo y al abuso que, cuando menos en Jos y sus alrededores, ha creado la violencia, cuya última explosión tuvo lugar el fin de semana pasado.

A esto hay que añadir que hay en todo el país una corrupción endémica agravada por el petróleo y que el Estado no controla realmente la totalidad del territorio. Añadir también que la democracia, aunque real, es incipiente y deficiente. Por si fuera poco, el actual presidente, Umaru Yar'Adua, está hospitalizado desde hace meses en el extranjero. Todo esto contribuye a debilitar la autoridad del Estado.

Lo cual configura una situación sumamente preocupante. En el estado de La Mesa, a causa de la violencia, cada grupo étnico ha creado su propia milicia, lo cual posibilita nuevos despojos injustos y nuevos ciclos de venganza.

Ante la incapacidad del Estado, sólo queda esperar que la gravedad de la situación obligará a los principales políticos locales a dejar de pescar en río revuelto y a dedicarse en cuerpo y alma a posibilitar la convivencia entre "indígenas" y "colonos", que todos son nigerianos.

mehcbv@email.com


 
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