Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Buenas noticias de Irak
Organización Editorial Mexicana
9 de marzo de 2010

  Las noticias de las elecciones del domingo pasado en Irak son optimistas. Buena participación del 62 por ciento y proceso aceptablemente transparente.

Participaron 64 partidos reunidos en 12 coaliciones, no todas confesionales. Las dos planillas favoritas se pretenden laicas y, aunque son mayoritariamente chiítas, incluyen numerosos candidatos sunitas y kurdos.

La participación de los sunitas, que se abstuvieron masivamente en las elecciones de 2005, fue elevada. Superó el 65 por ciento en Nínive. La participación alcanzó el 70 por ciento en Kirkuk, ciudad cuyo control se disputan los kurdos, los árabes y los turkmenos, todos sunitas.

Murieron 38 personas. Hubo varios cientos de heridos. En general, los iraquíes minimizaron el peligro. Estiman que comparado a lo que tuvieron que padecer durante años, es un juego de niños.

Es verdad que la violencia ha bajado mucho desde que Estados Unidos no se limitó a aumentar su potencia bélica, sino también la dosis de productos neuronales de su estrategia con una óptica de contrainsurgencia clásica.

Cabe decirlo sin ambages: el desarrollo de esta elección es un signo excelente. Lo que sería prematuro desde luego, sería felicitarse, hoy en día, por la democracia iraquí. Lo que sí es un hecho, y sumamente positivo, es que la democracia electoral ha progresado, lo cual traduce una mayor capacidad de resolver los conflictos pacíficamente.

La alta participación de los sunitas muestra claramente que han aceptado, no diría yo las nuevas reglas del juego, porque eso no ha sido demostrado hasta ahora, pero sí, cuando menos, las nuevas condiciones objetivas de su país.

Sin embargo, no es legítimo utilizar estas elecciones para justificar la invasión. En primer lugar, ello supondría que habrá una evolución puramente democrática a partir de ahora, cuando que nada lo garantiza.

Se ha observado varias veces, en Medio Oriente como en el resto del mundo, cuando la gente tiene la impresión que su voto cuenta, participa activamente en las elecciones. Lo cual explica, tal vez, la baja participación de los chiítas en esta ocasión: están seguros de ganar, pero no de obtener más de lo que han obtenido.

El problema es que el voto cuente y que siga contando. Y eso es lo que no está garantizado en Irak. Por ejemplo, las fructuosas manipulaciones del premier Nuri al-Maliki para excluir de las elecciones a varios políticos sunitas importantes, no prometen necesariamente una democracia radiante.

En segundo lugar, esa apología de la invasión presupone que la dictadura de Saddam era eterna. Pero, éste ya había recorrido parte del último trecho de su vida y nadie puede saber cuál hubiera sido la evolución del país después de la muerte del dictador. En todo caso, probablemente una que hubiera cobrado menos de 300 mil vidas iraquíes.

Todos sabemos que la prueba del ácido para saber si la democracia está encarrilada, será el retiro de los ejércitos ocupantes.

Por lo mismo, queda en veremos la reacción iraquí a la eventual pero más que probable decisión estadunidense de instalar, por un lapso indeterminado, bases militares en Irak. Teóricamente, para garantizar la seguridad de este país y de la región.

La finalidad, en realidad, además de controlar a Irak, es conservar el segmento iraquí del collar de bases que rodean Irán. Otro objetivo es garantizar su abasto petrolero. Gracias a dichas bases, sólo falta Irán para que EU tenga todo el control de la primera fuente de petróleo del mundo.

A mediano plazo, como se deduce de las tentativas de implantación de bases en Asia Menor y Pakistán, así como de alianza con la India, se trata también de ir construyendo una barrera de "contención" a China y Rusia.

Con todo, hasta un aguafiestas tendría que admitir que lo que pasó el domingo en Irak fue excelente.

mehcbv@email.com
 
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