Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
¿Golpe o manipulación? (El otro hemisferio)
Organización Editorial Mexicana
4 de marzo de 2010

  Turquía vive una coyuntura interna agitada desde diciembre del año pasado. Decenas de oficiales de alto rango, entre ellos varios generales, han sido detenidos, acusados de haber preparado un golpe de Estado.

El plan incriminado, elaborado en 2003, preveía colocar bombas en varias mezquitas y museos de Estambul y, se dijo, derribar un avión militar turco para provocar un conflicto con Grecia. Todo ello con el fin de probar la incapacidad del gobierno de proteger a la población para justificar un golpe.

Varias veces en los últimos 10 años, el ejército ha amenazado públicamente de intervenir para defender el carácter laico del Estado. ¿La razón? Desde hace casi 10 años detenta el gobierno un partido islamista moderado que, además, domina la vida política. Sus dirigentes han declarado que su partido, el AKP, es el equivalente de un partido cristianodemócrata. Es cierto que, aparte de tentativas para eliminar aspectos vestimentarios, ha respetado estrictamente el laicismo.

El ejército es extraordinariamente importante en Turquía. Se le debe la creación del Estado moderno laico sobre las ruinas del imperio otomano. Valiéndose de ello se ha autoproclamado defensor de la República y de su Constitución.

Sobre esta base, ha efectuado tres golpes de Estado. Después del primero en 1960, para cumplir su misión autoconferida de defensor de la Constitución y del laicismo, el ejército se aprovecha para redactar una nueva Constitución, que crea un Consejo Nacional de Seguridad para vigilar en toda legalidad al gobierno.

Nuevo golpe en 1971. Otro en septiembre de 1980, que pone al país al borde de la guerra civil, causando 5 mil muertos. Resultado: tres años de dictadura militar en el pleno sentido de la palabra.

Todo eso da credibilidad a las acusaciones actuales. Sin embargo, los defensores de las fuerzas armadas y otros partidarios de un laicismo duro niegan terminantemente todo proyecto golpista y subrayan que los mentados planes son bastante elementales y corresponden a un "escenario", un "juego de guerra", como los que elaboran todos los ejércitos del mundo para prever cualquier eventualidad.

No carecen de argumentos. El plan es realmente primario y no se ha demostrado que jamás haya habido siquiera el conato de una realización. Se conocía, además, desde 2003. ¿Cómo es que sale a relucir ahora, en una coyuntura particularmente favorable para el primer ministro, Erdogan? Éste, no sólo ha sabido darle a la diplomacia turca una amplitud inédita, sino que, aunque el país ha sufrido, ha sabido sortear la crisis.

Además, el gobierno de Erdogan se ha aprovechado de la oportunidad. Ha anunciado que va a emprender una reforma de la Constitución, reforma que, de hecho, protegerá a su partido de ser disuelto por acusaciones de actividades antilaicas, como hace unos años.

Entonces ¿información o intoxicación? ¿Planes para un golpe de Estado o manipulación para desacreditar al ejército? Saberlo es más difícil que prever que el desenlace será muy probablemente favorable al partido de Erdogan.

La razón es que, a pesar de todo, el AKP, no sólo va en el sentido de la Historia, sino que, de cierta manera, es un precursor: practica un islamismo bien temperado y respeta los procedimientos y el espíritu de la democracia.

La época de los golpes de Estado ya pasó. Además, la relación de Turquía con Europa y su eventual ingreso hacen sumamente improbable la viabilidad de un golpe.

Aunque probablemente el ejército sea inocente en este caso, la mayoría de los turcos deben aceptar que no es aceptable, en una democracia, poner al gobierno bajo la tutela del ejército. Si un gobierno viola la Constitución, debe haber mecanismos eficaces, en la misma Constitución, para obligarlo a regresar a la legalidad o a dimitir.

mehcbv@email.com


 
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