Opinión / Columna
 
Punto de Referencia 
Daniel Aceves Villagrán 
"Un México deprimido"
Organización Editorial Mexicana
13 de diciembre de 2009

  En las últimas décadas el incremento en la tasa de suicidios ha aumentado año con año y, de acuerdo a fuentes oficiales, anteriormente eran los adultos quienes se desprendían de la vida, pero ahora son fundamentalmente jóvenes de entre 15 y 19 años los que se han convertido en el segmento más suicida de nuestro país, pero éste es sólo un dato que arropa la creciente preocupación, por lo que los mexicanos somos una sociedad deprimida; la tristeza es generada por la falta de esperanza en un presente complejo y un futuro poco halagüeño; la apatía, la desconfianza y la incredulidad a la política, a los políticos y al modelo económico hacen pertinente el recrearnos en lo que piensa la población que visualiza una salida a la crisis distante, con indicios de recuperación leves en donde la transición demográfica nos hace ser el México con más jóvenes de toda la historia que forman el ejército de desempleados más numeroso de los últimos años y que adicionalmente son, con el problema de las adicciones, el grupo más vulnerable, ya que, de acuerdo a la Secretaría de Salud, en los últimos nueve años la drogadicción se ha incrementado en un 50 por ciento, pasando del 2002 de tener 158 mil adictos a los 307 mil que hoy son la versión oficial de las estadísticas; no obstante, este número ha de ser más amplio. En el ámbito democrático las encuestas nacionales sobre el tema en el año 2008 reveladas por la Secretaría de Gobernación indican que el 52 por ciento de los mexicanos no creen que México vive en una democracia y el 35 por ciento está poco satisfecho con el sistema, el 36 por ciento señala que confía poco en el Presidente y el 15 por ciento que nada confía; pero el peor de los rechazos se da cuando se habla de los partidos políticos, ya que el 36 por ciento no tiene confianza en ellos y el 80 por ciento preferiría que el gobierno diera soluciones a los problemas de la sociedad. Pero el ángulo central de la desesperanza se relaciona a lo económico y al modelo en el que vivimos, mucho se ha insistido sobre que desde 1982 hay un periodo de estancamiento, por lo que el malestar de los habitantes ubica a los partidos políticos y a los políticos como grupos privilegiados que no están a la altura de las necesidades de la población y, por ende, muy distantes a sentirse representados; el desempleo galopante y la falta de expectativas viables son uno de los detonantes del desánimo de la población y de ahí nos encarrilamos a la preocupación por la inseguridad que afecta nuestra vida cotidiana, ya que la vulnerabilidad de nuestro patrimonio y de nuestra propia vida ante la delincuencia son un referente permanente, el aparato de justicia no tiene el nivel de aceptación ni de confianza necesarios para tener en ese ángulo un soporte de desarrollo; es la pérdida de calidad de vida y de bienestar a los que estaríamos siendo merecedores por el sólo hecho de ser un derecho constitucional de los mexicanos. Es por éstas y muchas otras deficiencias de los servicios públicos y privados, que incluye la educación, la salud, la vivienda, el transporte, entre otros, por lo que hay una desesperanza aguda en la población; el resultado es la apatía y el desdén con el cual observamos el proyecto de vida de las familias que pudieran ver una crisis infinita si no cambia el modelo de actuación de todos los sectores en México. Ya hace tiempo uno de los próceres de la Patria, Belisario Domínguez, decía: "Si cada quien resolviera satisfactoriamente lo que le corresponde, el país sería salvado"; es decir, no todo está perdido y nada está ganado, seamos consecuentes con nuestro papel histórico.

E-mail: danielacevesv@yahoo.com.mx
 
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