Vive
Ofrendan a difuntos
La pequeña Frida Meza Flores disfruta como parte del montaje de esta ofrenda. Foto: Francisco Carmona / El Sol de León.
El Sol de León
2 de noviembre de 2009


Jacqueline Rodríguez

León, Guanajuato.- Recordar es vivir, sentir la presencia de aquellos seres queridos que se adelantaron en el camino pero están presentes en espíritu, es ofrecerles un homenaje cuyo motivo principal es la celebración del Día de Muertos.

"Brindar al difunto familiar o ser querido el altar, es una muestra de respeto, estimación en el que se honra a la persona con el deseo que se encuentre bien y arraigada a una de las tradiciones más legendarias y representativas del pueblo", así es como define esta celebración, Carlos Arturo Navarro, director del Archivo Histórico y cronista vitalicio de la ciudad de León.

Para recibir la visita de los fieles difuntos, los mexicanos unen costumbres y creencias en una ofrenda llena de color y simbolismos que se festejó ayer a los niños, y hoy a los adultos en una de las ceremonias más vistosas y ricas del País.

Antiguamente (1800 a.de C.), los indígenas hacían ofrendas a sus muertos con todo lo que les gustaba en vida o bien que necesitaran en su viaje al Mictlán (la Mansión de los Muertos). Cuando los españoles llegan a México, introducen el catolicismo y al hacerlo, se unifican estas dos celebraciones, pues la religión Católica también honra a todos los santos y fieles difuntos.

"Es una de las múltiples costumbres originarias de los pueblos americanos que se define como la festividad ligada a la representación de la muerte donde hay bebida, comida, baile, música y juego, en sí, se trata de un ritual alegre", comentó José Luis García Galeano, director de Fortalecimiento a la Identidad y Patrimonio del Instituto Cultural de León.

La primera ofrenda que se colocó con elementos que se conservan hasta la fecha, fue realizada por el beato Sebastián de Aparicio en 1563. Antiguamente los indígenas ofrecían a sus muertos flores de cempasúchil y tamales de maíz, tradiciones que los españoles cambiarían por pan de trigo, además de colocar imágenes de la Virgen.

A lo largo de los años y de acuerdo a la zona geográfica, se agregan ciertos ornamentos que dan el toque regional y personal a la ofrenda.

Es importante señalar que el respeto por el difunto no guarda una proporción con la cantidad de elementos colocados, ya que para conservar su esencia basta la imagen de un santo, el retrato de la persona fallecida, un vaso de agua y una vela.

"La introducción de estos elementos fue un gran acierto, porque pese a que la cultura mexicana es fuerte y muy sólida, esta costumbre se estaba perdiendo y es muy importante que nuevas generaciones la conozcan y la adopten", menciona José Luis Galano.

Las ofrendas se componen de los cuatro elementos: Tierra, simbología máxima de la muerte representada por semillas y frutos de tierra como el camote y la jícama; agua, para apagar la sed; aire, simbolizado por el papel picado, para que el muerto se cubra del frío; y el fuego, por la flor de cempasúchil representando el Sol y un brasero donde el copal se transforma para llegar a los dioses.

Además dentro de las ofrendas se deben colocar objetos personales para que el espíritu del fallecido los reconozca, un perro para que lo guíe y acompañe en su camino, figuras de alfeñique para darle dulzura a la muerte, sal para dar sabor al creyente, levadura como pan en representación al muerto, además de los alimentos y bebidas predilectas del difunto, ya que es su fiesta y debe disfrutar lo que en vida le gustaba, todo esto arriba de nueve escalones, los cuales significan, los lugares por los que el difunto pasaba para llegar a la mansión de la muerte.

Una costumbre íntima donde los vivos convocan a los muertos para ser acompañadas durante estas fechas mediante la colocación de esta ofrenda, es una práctica que ha permanecido y seguirá nutriendo a las familias mexicanas.

"A pesar de las expresiones del mexicano hacia la muerte con cierta burla y menosprecio, el pueblo le tiene respeto? aunque sea una vez al año recuerdan a sus muertos con alegría y fiesta, bajo esta costumbre que enriquece y fomenta nuestra identidad", concluyó Carlos Arturo Navarro.