Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
Meditación para combatir la violencia; motivo de reflexión
El Heraldo de Chihuahua
14 de agosto de 2014

  Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez



Frente al fenómeno de la violencia en la sociedad humana, en Argentina se registra una propuesta ciudadana dirigida al gobierno de la república. En dicho país -como en el nuestro, México-, los hechos humanos que se ven distinguidos por violencia y sus correspondientes daños, han llevado a una profunda y seria reflexión sobre las causas de los mismos, pero igualmente se piensa en soluciones a tal problemática social.

Verónica Zonteponte, una maestra preocupada por la violencia que se registra en su país, está proponiendo que, para cambiar esa situación en la que se vive, se asuma por parte de todos los agentes sociales una responsabilidad y un compromiso por cambiar esas lamentables condiciones que terminan afectando la calidad de vida en lo individual y en lo social.

Señala esta directora escolar que, pese a los esfuerzos que se hacen por lograr acuerdos que permitan una convivencia pacífica tanto dentro como fuera de las escuelas, la violencia continúa "a flor de piel". Ella piensa que se deber hacer algo más que los acuerdos entre las personas para vivir en paz; piensa que la escuela debe ofrecer "algo que conecte al ser humano consigo mismo". Es decir, se tiene que atender el interior de cada persona más que los acuerdos sociales que puedan guiar su proceder frente a los demás y con los demás.

Es de llamar la atención esta necesidad detectada y denunciada por la profesora Zonteponte, porque es darse cuenta de una falta grave en la formación de los ciudadanos de un país: el estar bien consigo mismo antes que con el otro y con lo otro. Los sistemas educativos occidentales que preparan al estudiante para la vida han descuidado el desarrollo de una persona en su integridad, es decir, de un ser humano que así como se lanza sobre el mundo para conocerlo y dominarlo, se dedique a la autocontemplación y valoración de su interioridad.

Ciertamente que la educación ha adoptado, en occidente, la magna misión de "arrojar" al individuo a la realidad exterior para que la entienda, la explique y la explote; el afán conceptual cientificista y la norma pragmática nos han llevado al descuido de un cultivo de la interioridad personal, donde se aplican recursos introspectivos que amplían nuestra conciencia y definen relaciones con lo externo en razón del sentido encontrado en lo interno. Pero igual de cierto es que no hemos recapacitado en la importancia de esa vuelta a lo humano, a lo interiormente humano, al equilibrio de un ser que se ha desbocado hacia un mundo de posesión, consumo y dominio sobre otros seres.

La maestra argentina está sugiriendo al gobierno de su país que se implemente, para combatir la violencia en su sociedad, la estrategia a la cual ha llamado "Yoga y Meditación en las escuelas desde nivel inicial". Supone la profesional de la educación que así se podría cambiar la vida de los individuos y, por extensión, la forma de vida de la sociedad, generando un mejor ambiente, con más paz y seguridad.

Por supuesto que esta sugerencia pedagógica queda sujeta a un debate que exhiba sus puntos favorables como los opuestos. Sin embargo, el caso nos ofrece, por lo pronto, un motivo de reflexión sobre el descuido ya señalado: la omisión de la interioridad de los individuos en nuestros esfuerzos educativos por formarles como personas. Se le llame "espiritualidad", "humanismo interno" o hasta "equilibrio íntimo", sabemos que hay algo que hemos descuidado y que nos está pesando como sociedad. Más que una opinión, resulta un contundente hecho.


 
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