Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
La ética en las escuelas
El Heraldo de Chihuahua
29 de agosto de 2014

  Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez

La ética es una disciplina filosófica, cierto; pero igualmente la ética es una forma de vida de los individuos. Desde la primera de estas perspectivas, la ética es un estudio académico de las problemáticas axiológico-moral y deontológica moral (y algunos apuntan que hasta de análisis del lenguaje moral). Y desde el segundo punto de vista, la ética se trata de un compromiso asumido con el análisis y la crítica de las distintas maneras en que enfocamos y adoptamos el bien o lo bueno.

Así que en las escuelas podemos encontrarnos con la ética como una asignatura enmarcada en un campo académico determinado, el cual puede ser nombrado como "humanidades", "filosofía", "ciencias del espíritu", o -como muchos lo ya lo hacen de manera simple- "valores".

En la clase de ética se disponen contenidos de definición y se manejan casos con los cuales se pretende ilustrar la problemática moral y luego se imposta un falso debate ético sobre lo bueno y lo malo. Por supuesto que hay discusión sobre el asunto trivial que se expone ante los estudiantes, pero ante la falta de elementos epistemológicos, axiológicos y lógicos que exige el tratamiento ético de los problemas, no pasa de una discusión tipo "talk show" televisivo donde al final se concluye que cada quien tiene su verdad y se acabó (a menos, por supuesto, que el maestro sea toda una autoridad que imponga la conclusión sin mayor fundamento que su poder institucional). Esto ocurre, normalmente, con la llamada "didáctica de la ética".

Pero, por otro lado, vemos el enfoque de la ética como un modo de vida, como un compromiso personal de un proyecto vital con sus respectivas valoraciones y críticas. En este caso no estamos ante una disciplina tediosa que parece diseñada para mortificar a los estudiantes en sus horas escolares con rollos y rollos sobre responsabilidades, valores y obligaciones. No, este enfoque de la ética no aterriza en un listado de teorías y doctrinas, de definiciones sesudas logradas por grandes teóricos en la materia. Esto es otra cosa: nos encontramos ante la ética como un compromiso existencial-racional con una manera de ser del hombre, esto es, con el ser cuestionador y crítico.

Esta es la ética como un estilo vital-racional de afrontar los problemas morales. La materia prima de la ética son los hechos donde ponemos en juego la moralidad (nuestra y de otros) y sus juicios de valor; ante dicha materia la ética es un trato directo con la vida social. Para los estudiantes de ética, esto representa un muy significativo porque se trata de una cuestión de vida, de la vida compartida con los otros, más que una teoría ajena a sus intereses cotidianos.

De esto se concluye que la ética en la escuela se estudia o se vive, se dicta o se muestra con el ejemplo, se discurre sobre "-ismos" o se enfrenta a los individuos a la experiencia misma de lo que vale la pena decidir, hacer y lograr. Los estudiantes necesitan ver ejemplos de ética en los funcionarios de sus escuelas, en donde aún imperan dogmas y prejuicios, autoritarismos y discriminaciones sobre ellos por parte de directivos y maestros.

Ya dejemos de impostar, de fingir, de simular una educación a través de un currículum expuesto mientras nuestro proceder como directivos o docentes denuncia un currículum oculto, el cual está plagado de intolerancia y desprecio hacia los niños y jóvenes, quienes llegan a las aulas para aprender a vivir más que para recibir imposiciones, sanciones y castigos irracionales inspirados por la arrogancia que suelen dar puestos y títulos.

El mejor maestro de ética es el que vive éticamente. Las mejores escuelas que enseñan ética son las que cuentan con directivos éticos. El ejemplo arrastra.
 
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