Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
TIC y educación
El Heraldo de Chihuahua
30 de julio de 2015

  Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez.

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), "las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pueden contribuir al acceso universal a la educación, la igualdad en la instrucción, el ejercicio de la enseñanza y el aprendizaje de calidad y el desarrollo profesional de los docentes, así como a la gestión dirección y administración más eficientes del sistema educativo".

La anterior es una visión -amplia, para muchos- sobre el valor determinante de las tecnologías informativas y comunicativas en la educación global; en ella vemos cómo está contemplado el complejo educacional conformado por los actores y los factores que, según la mencionada organización, son indispensables para el éxito de la misión educativa: estudiantes, maestros y directivos, todos orientados por los ideales de acceso, equidad y calidad en los procesos de enseñanza y aprendizaje.

La educación, en la actualidad, es inconcebible e irrealizable sin la implementación de las TIC; esto no se cuestiona. Pero así como estamos convencidos de que sin ellas la tarea educativa se vuelve imposible, también debemos aceptar que su uso por sí mismo no garantiza los objetivos y metas propios de la empresa educativa.

Pero no nos engañemos con aceptar de buenas a primeras que en aquel espacio donde hay más tecnología hay mejor educación. Lo que hace a la buena educación no es la herramienta -por más sofisticada o actualizada que ésta sea- que nos permite acceder a información y a comunicación.

Contar con la tecnología a la mano, disponer de ella en las aulas y los hogares de alumnos y maestros, no es garantía de una mejor educación. Se requiere que en cada sujeto que se vea favorecido con esa disposición tecnológica, haya un capital conformado por competencias que le permitan el aprovechamiento óptimo de dicha herramienta tecnológica.

Una tecnología eficaz, que termine beneficiando al individuo y a su colectividad, necesita de una guía para su correcta y oportuna aplicación, y esta guía es algo más que un instructivo de operación. Necesitamos de valores, de conceptos y de destrezas que, en su conjunta aplicación, colocan frente a la máquina de la informática y la comunicación a un sujeto que sabe utilizarla.

Aquí, la expresión "saber usar" no hace referencia a la habilidad técnica operacional, sino a la disposición de elementos axiológicos, teóricos y prácticos que permiten al usuario de las TIC sacar el mayor provecho del uso de dichas herramientas. El saber usar la tecnología pone en juego una formación humanista previa del usuario, una formación integral de la persona.

Las TIC en la educación son mucho más que herramientas para acceder a datos y conexiones. Las TIC en la educación suponen esquemas de valoración, elección y decisión para sus usuarios. Profesores, directivos y alumnos deben aprender a "saber usar" las TIC, no sólo a encender un aparato y teclear, lo cual no es "educación", sino capacitación o adiestramiento.

La auténtica relación entre TIC y educación se da en un nivel de compromiso humano por parte de cada individuo participante en el proceso educativo. Por supuesto que es indispensable saber dónde se apaga y se prende una computadora, pero no creo que podamos sostener que eso es educación.

La educación es mucho más que ser capaces de conectarnos a la red; contempla, por ejemplo, saber desconectarnos o decidir limitarnos, conocer la pertinencia de los datos a los que accedemos y respetar la privacidad de los demás usuarios de dicha tecnología. Este saber usar la tecnología se llama "humanismo".
 
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