Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
Sociedad histérica, definitivamente.
El Heraldo de Chihuahua
22 de enero de 2015

  Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez

Somos una sociedad psíquicamente enferma. Nuestra conducta como grupo es psicótica. Como colectivo, estamos reaccionando histéricamente ante problemas que no podemos resolver. De pronto estallamos en contra de las normas, del orden, de la tranquilidad, de la seguridad grupal, siendo que deberíamos reafirmar el estado armónico, sano.

La etimología de la palabra "histeria" es griega (hyaterá) y significa matriz. Este término obedece a que, en la misógina cultura antigua, dicha enfermedad se asociaba exclusivamente con lo femenino, con los cambios dramáticos de la personalidad en algunas mujeres. Sin embargo, hay hombres histéricos, histerias sin úteros.

La histeria es una enfermedad psíquica con reflejos físicos; esto es, no hay lesiones físicas que se ofrezcan como causa de síntomas físicos. Quien padece la histeria tiene síntomas físicos para conflictos psicológicos.

El organismo con síntomas histéricos está sufriendo una insolvencia ante un obstáculo, problema o situación adversa, y entonces reacciona con este mecanismo de defensa, según los especialistas de la conducta.

Y según los mismos especialistas, no hay mejor forma de atender la personalidad histérica que el psicoanálisis. El carácter enfermizo del histérico le lleva a presentar los síntomas exagerados (ataques) con los cuales busca el equilibrio perdido ante la situación conflictiva.

El histérico es un enfermo, pero no de las enfermedades orgánicas que aparentemente anuncian sus síntomas. La enfermedad no es física, pues, y el tratamiento sobre lo físico resulta ineficaz. La cura no está en la atención sintomática somática, es decir, en las afectaciones corporales.

¿A qué viene todo este cuento de dolencias orgánicas sin causas orgánicas? ¿Por qué hablar aquí de la histeria? Porque quizás el enfoque psíquico de lo social nos pueda ayudar a entender y a atender las reacciones sociales que terminan dañándonos.

Si hemos considerado a la sociedad como un todo orgánico (al grado de utilizar términos como "cáncer social" o "tejido social"), quizás la idea que sugiere la expresión "histeria social" nos ayude un poco a comprender las reacciones que como sociedad tenemos ante situaciones problemáticas que no hemos sabido resolver.

Es decir, creo que podemos visualizar los síntomas de descomposición social como si fueran las reacciones histéricas del grupo ante esos problemas difíciles. Nuestra sociedad, como ente, seguramente está presentando un conflicto no orgánico, no físico, no económico, sino mental.

Entonces, quizás podamos ver que comenzamos a exagerar síntomas como forma de autodefensa ante nuestra incompetencia para resolver ciertos problemas. Y si somos un cuerpo social con espectaculares síntomas de enfermedades sociales, por qué no pensar en la posibilidad de una enfermedad "psíquica social" cuya atención debe ser especial.

Quizás logramos atisbar que un buen tratamiento a esos síntomas de reacción no sea de orden orgánico (económico, antropológico o sociológico), sino más bien un tratamiento psicosocial. Ante ello hace falta, por supuesto, un "psicosocioanálisis". Esta es una misión para los psicólogos sociales.

La enfermedad real de nuestro ser social no es el síntoma exagerado que nos convulsiona, sino el conflicto no resuelto del que nos defendemos con dicho síntoma. La sociedad se defiende con la histeria.

Pensemos, a partir de lo anterior, que nuestro problema fundamental como colectivo quizás no esté en las pintas callejeras, ni en las marchas desquiciantes, ni en el grito ofensivo, ni en la toma de carreteras o edificios, por citar algunos síntomas.

Hay un conflicto psíquico-social; un conflicto aspiracional de orden colectivo que no hemos podido solucionar. No hemos logrado ser lo que hemos querido ser como sociedad, y no podemos librar los obstáculos para ello.

Necesitamos una atención especial. Requerimos un psicosocioanálisis profundo y serio. Alguien que nos ayude, ya.






 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas