Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
Artesanía tarahumara: más valor que precio
El Heraldo de Chihuahua
5 de marzo de 2015

  Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez

Veo a los tarahumaras poniendo en venta sus productos artesanales, allá en la sierra y acá en las ciudades. Ollas y jarros de barro, lo mismo que canastas de palmilla. También se ofertan violines y arcos, cobijas y vestidos, entre otras elaboraciones. Detrás de cada artículo tarahumara hay un capital cultural de enorme valor, el cual no siempre se toma en cuenta al adquirirlo.

Los turistas pasan, tocan las piezas artesanales, toman fotografías de los indígenas que las venden, regatean el precio de uno o dos productos y luego se marchan llevándose algo para sus colecciones de rarezas que tanto suelen presumir, sin comprender la cultura de la que brotan. Los turistas se llevan mucho más de lo que compran, sépanlo o no.

Precisamente es ese capital cultural de la etnia tarahumara lo que da valor al producto, más que el material del que se hace, su tamaño o el tiempo que lleva al individuo realizarlo. Cada artículo de esa artesanía concentra un modo de ser, una forma de vida de un grupo humano.

Así que los productos artesanales llevan un valor no comercial, incomprensible en el campo mercadológico, pero altamente significativo en los dominios de la antropología y la sociología. Cualquier persona que adquiera estos artículos considerando su valor cultural, está reconociendo el valor supremo de los mismos.

El valor de la artesanía no está en el precio del producto artesanal. La artesanía no vale su precio en el mercado, su valor es superior a eso y, por tanto, la empresa artesanal tarahumara no puede mirarse como empresa mercantil, como muchos promotores turísticos pretender verla y hacernos verla.

La cultura tarahumara no debe ser considerada como objeto de explotación turística, sino como fruto de sujetos interrelacionados por costumbres y valores que le dan sentido a sus vidas y valor (tanto estético como utilitario y hasta religioso) a sus productos. La artesanía tarahumara debe estimarse por su valor etnológico.

El mundo de los tarahumaras no cobra sentido por la comercialización de su cultura a través de la venta de la venta de su artesanía al turista; está por encima de las mediciones de la compraventa. Quien lleva una pieza artesanal tarahumara lleva un producto que vale por lo que significa dentro de esa cultura, no por su utilidad en la nuestra.

Pero en un mundo global bañado de consumismo y mercantilismo, la apreciación de las fuentes profundas del arte popular (proyección creativa de una subjetividad artística) parece importar poco, tanto a los turistas desorientados como a los gobiernos y empresas explotadoras de los recursos naturales y culturales de las zonas que ancestralmente habitan los pueblos indígenas.

Respetar la cultura indígena no es lo mismo que dar oportunidad a sus miembros para que vendan sus "curiosidades" y que se les tomen fotos como si fueran otros objetos más del paisaje que atrae al paseante. No hay respeto a una cultura cuando hemos invadido su territorio para enriquecernos con él a través del turismo y la explotación de los recursos naturales.

Por supuesto que tampoco hay respeto la cultura tarahumara cuando aparentamos bondad y generosidad con los indígenas al "darles la oportunidad" para que aporten su trabajo al proyecto mercantil y explotador que les imponemos.

Reducir al tarahumara a un "fabricante" de cacharros para turistas es lo que ha venido ocurriendo en Chihuahua desde hace buen tiempo, donde la empresa turística no valora a las personas, a los sujetos, a la ancestral cultura que hay detrás de cada artículo artesanal, el cual es signo de mucho más de lo que en él vemos.
 
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