Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
Samuel Ramos, el filósofo que no quiso ser médico
El Heraldo de Chihuahua
28 de abril de 2016

  Juan Ramón Camacho Rodríguez

Frecuentemente digo a los jóvenes que decidan bien sobre lo que quieren estudiar, que la mayoría de las veces no funciona meterse a una facultad nomás porque tu abuelo o tu padre se graduaron de ella. No debes estudiar lo que a otros les gustó o les hubiera gustado estudiar; esta es tu vida.

De hecho, muchos malos profesionistas lo son porque fueron a estudiar algo que jamás les gustó, porque otros fueron quienes decidieron por ellos acerca de su porvenir y, con ello, les condenaron a una labor mediocre, sin sentir un poco de pasión por aquello a lo que se dedican profesionalmente.

Un ejemplo de una elección auténtica que hoy quiero comentar en este breve espacio es el del filósofo michoacano Samuel Ramos Magaña (1897-1959); sí, el autor del célebre librito "El perfil del hombre y la cultura en México" que a muchos nos pusieron a leer en la preparatoria y que, según se ve, se ha convertido en un clásico en la formación juvenil del país.

Samuel Ramos Cortés, padre del filósofo, era un distinguido médico, un exitoso galeno que trató de hacer que su hijo fuera como él, es decir, un doctor. Consiguió, entonces, que el joven asistiera a clases en la Escuela de Medicina de la Ciudad de México.

Pero ya en la capital del país, Samuel Ramos se vio atraído por las clases de filosofía que impartía el Antonio Caso Andrade en la Escuela de Altos Estudios, clases a las que asistió en calidad de oyente. La influencia de Caso fue tan grande en Ramos que decidió abandonar sus estudios de medicina para inscribirse en los de filosofía.

Influido por su maestro, Ramos termina sus estudios de filosofía a los veintidós años de edad y se dedica a impartir Ética en la Escuela Nacional Preparatoria, donde descubre que la cátedra es un complemento a su vocación filosófica, como normalmente ocurre en estos casos. Viaja a Francia, Italia y Rusia, regresando a México influenciado por Ortega y Gasset, comenzando un deslinde intelectual con Caso; es decir, llegó a una madurez y autonomía intelectuales que le obligaron a soltar la mano del maestro.

Ramos se convirtió en un crítico de la filosofía de Caso, y Caso se convirtió en un crítico de la filosofía de Ramos. La filosofía agradece este tipo de actitudes, porque ella no es un escenario para complacencias y adulaciones; la filosofía es un "toma y daca" entre discursos que se oponen entre sí, favoreciendo el progreso intelectual de sus protagonistas.

Samuel Ramos es un ejemplo de la elección auténtica de la profesión que definirá la vida personal; es el caso de un gran filósofo y no de un mediocre médico. No es el único ejemplo, pero sí el que tengo a la mano para invitar a mis compañeros jóvenes en las aulas para que reflexionen en sus proyectos vitales. De eso se trata, entre otras cosas, la conversación con los muchachos, el ir hasta donde ellos están para pensar en conjunto. Esto es bueno.
 
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