Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
El nawésari, la importancia de la palabra
El Heraldo de Chihuahua
18 de diciembre de 2014

  Juan Ramón Camacho Rodríguez

En toda sociedad humana hay rituales que fortalecen la comunidad, ajustando los lazos que permiten hablar de una identidad cultural sobre la que se apoya el sentido de pertenencia y el principio de lealtad.

Y son, frecuentemente, los líderes de la comuna quienes se presentan investidos de la autoridad para dirigir esos rituales ancestrales que se traducen en elementos indispensables para la cohesión social.

En el caso de la cultura rarámuri, es el gobernador o siríame quien encabeza toda ceremonia que tiene que ver con la preservación de la cultura y la promoción de los valores tradicionales. Entonces, su palabra tiene una importancia grande.

Los rituales propios de la cultura tarahumara están coordinados y controlados por el siríame, quien, ostentando autoridad política y moral, así como una incuestionable sabiduría ancestral, transmite a su comunidad, en cada ceremonia, las creencias, preceptos y verdades de dicha cultura.

El siríame no es sólo el portador de un bastón que le otorga poder con el cual ejerce justicia, sino que además lleva consigo la sabiduría que le convierte en voz autorizada para enseñar y reprender, para orientar y corregir a los integrantes de su grupo social.

En momentos específicos de la convivencia tarahumara, el siríame asume el papel de consejero supremo de los integrantes de la comunidad. Es entonces que, con toda la autoridad moral que le ha conferido el grupo, él realiza un discurso con el cual intenta reforzar los lazos que mantienen la unidad de su pueblo.

El nawésari es ese discurso, el cual a muchos les parece similar al sermón religioso y moral, pero que es, sobre todo, una pieza de oratoria que busca recuperar "verdades" ancestrales y transmitirlas reiteradamente a la comunidad durante las fiestas, las danzas y los juegos, cuando los eventos concentran a la mayoría de los habitantes.

El nawésari no es cualquier disertación o prédica que se realiza por simple obligación ante un protocolo. El nawésari es la palabra inspirada por el respeto a la naturaleza y a los antepasados que vivieron y lucharon para que ese respeto y ese trabajo en la tierra no pierdan vigencia y mantengan en equilibrio las fuerzas del cosmos.

El nawésari es un enunciado de convicciones y una promesa de conducta recta como ejemplo para los demás. No es una argumentación, porque no pretende demostrar nada. Más bien es un pronunciamiento de aquello que los tarahumaras, desde hace miles de años, estiman como lo justo, lo bueno y lo verdadero, sin intención de discutirlo.

Esta alocución ceremonial realizada por el gobernador rarámuri es un recordatorio oral. Hay que resaltar que la oralidad es el medio tradicional de trasmisión de los principios, verdades y reglas de este grupo étnico. Así que en la palabra sonora del nawésari se debe escuchar la verdad común que pasa a lo largo de las generaciones.

La función social del nawésari es la de fortalecer los lazos comunitarios por medio de la tradición oral. Sin embargo, la palabra hablada no lo es todo al momento de transmitir las creencias ancestrales, sino que también esto se logra mediante expresiones corporales como la danza, la carrera y los juegos.

El nawésari es el recurso de la oralidad tarahumara para mantener los valores, los conocimientos y directrices que definen a dicha cultura. Nawésari es una mención trascendental, es la mención de lo que el tarahumara está convencido que hay; esto es, es la mención del ser, en pocas palabras.
 
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