Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
El ciudadano
El Heraldo de Chihuahua
11 de febrero de 2016

  Juan Ramón Camacho R.

El elemento fundamental de la estructura y la operación del modo de organización comunitaria llamado "democracia" es el ciudadano, el átomo poderoso de la vida social, el detonante legítimo del cambio y el desarrollo de lo público.

El ciudadano es una persona que cuenta con derechos y obligaciones dentro de la unidad social en la cual habita. No se trata sólo de un individuo que vive junto a otros, sino de una persona que tiene ante y para las demás personas una obligación en tanto participante de los caminos y los destinos comunitarios.

El concepto de ciudadanía es uno de los principales elementos del pensamiento político de la actualidad; sin él, el sistema de ideas sobre la vida pública democrática resulta insostenible. Pensar en la organización social en sus niveles más amplios lleva, por necesidad, al uso del concepto de ciudadanía.

La ciudadanía implica encuentro, diálogo, acuerdos. Ciudadanía es participación, por definición. La política es un ejercicio constante de nuestras habilidades para converger y sacar adelante proyectos de beneficio colectivo, guiados por los principios de la convivencia democrática.

Siendo la democracia una específica manera en que nos organizamos para la vida social, la ciudadanía es una condición necesaria para su desarrollo y consolidación. Los ciudadanos son los elementos básicos de la vida democrática. Son los ciudadanos quienes le dan vida y rumbo a la vida democrática, no los funcionarios de Gobierno.

Desde ese modo de hacer vida pública y a pesar de que los gobernantes son quienes se emplazan en el ejercicio del poder público, son los ciudadanos quienes finalmente deberían decidir sobre los fines a los cuales se dirigen esos poderes de origen democrático, es decir, ciudadanos.

La democracia requiere de la participación de los ciudadanos más allá de las urnas. En una sociedad en la cual se eligen gobernantes y luego se les deja todas las decisiones y la operación de la vida pública, se pierde el sentido democrático, quedando en mera simulación a través del ritual electoral.

Los ciudadanos, con su participación efectiva, son los agentes principales de la vida democrática, y no lo son tan sólo porque van a las urnas cada cierto tiempo para llevar a los puestos del Gobierno a otros ciudadanos. El ciudadano es, por definición en el marco democrático, mucho más que un elector.

El ciudadano es un ser humano con un poder singular: puede hacer que su entorno político cambie. El ciudadano es activo, porque la actividad lo define, como ya se anotó; la ciudadanía no es categoría pasiva. No se entiende una organización social sin la participación de sus integrantes.

En el marco de la vida democrática de una comunidad, quien sólo vota no pasa de ser una promesa de ciudadano, le falta lo esencial para serlo: la participación decidida en la vida pública de su país, estado o municipio; esa participación definitoria y determinante que da sentido a su persona en lo individual y colectivo.








 
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