Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
¿Independencia?
El Heraldo de Chihuahua
12 de septiembre de 2014

  Juan Ramón Camacho Rodríguez

Independencia y Revolución son efemérides, no más. ¿Qué más pueden ser en un país que se ha abierto al mundo, sometiéndose a la dictadura del mercado y los intereses internacionales? Independencia y Revolución son temas cíclicos enmarcados más por desfiles, música y pirotecnia (que tanto nos gustan) que por el sentido histórico que supuestamente evocan; temas que, honestamente, ya le suenan ajenos a las nuevas generaciones de mexicanos desconectadas del significado histórico. Cada vez son menos mexicanos que saben, en plena celebración del Grito de Independencia, de qué se trataba ese grito y quiénes fueron los protagonistas de la historia que le hizo tan célebre. ¡Hasta las autoridades pierden la idea al mencionar durante la celebración -mientras tiran del cordón que hace sonar la campana- nombres de rebeldes de la Revolución!

En realidad, la Independencia y la Revolución se han distanciado del pensamiento común de nuestra sociedad; los problemas relacionados con el ajuste global nos exigen voltear más hacia el mundo al que nos enfrenta la economía de consumo que hacia nuestros orígenes como nación, los cuales eran motivo para el orgullo patriótico. Hoy no enfocamos más en los retos que como sociedad nos impone una red mundial de explotación de recursos y mercado libre que en la preservación -ya considerada como arcaica y hasta cursi- de una identidad local matizada por lo autóctono y defendida con el ardid político-ideológico de la soberanía nacional, la cual, por cierto, ha desaparecido del lenguaje de los gobiernos, que han dejado de ser "nacionalistas" y se han vuelto más "mundialistas" o globalifílicos.

La historia de bronce mexicana, esa que con fervor sistémico se nos inculcó a tantas generaciones en las aulas oficiales y se reafirmó en las plazas y avenidas con monumentos y nomenclaturas callejeras, fue una historia que nos habló de héroes maravillosos que dieron sus vidas en grandes hazañas llenas de honor y sacrificio para heredarnos una patria libre y orgullosa, venerable y promisoria, amante y exigente hacia sus hijos, quienes debíamos de contribuir a la preservación tanto de su identidad como de su autonomía, ya que en ello iba nuestro ser y nuestra dignidad como mexicanos. Pues esa historia apasionada ya pasó a la historia; hoy los discursos del poder se mueven con otras olas: las olas de un orden mundial que dejan poco o nada al sentimiento de pertenencia a un pueblo, a una nación.

El culto a los héroes y la memoria de sus batallas está en crisis, y más aún el significado profundo de sus luchas e idearios. Y la crisis es causada por el globo, un globo que no requiere sentimientos localistas, sino disposición cosmopolita. Los ciudadanos que se forjan desde hace unas cuantas décadas, son ciudadanos mundiales, sin identidad, sin sentido de pertenencia, sin consciencia autóctona, sin nación. Total que parece que estos nuevos ciudadanos han nacido para el mundo y habitan el mundo, dispuestos a rendirse a los intereses mundiales.

¿Qué significa la Independencia para los nuevos mexicanos? ¿Qué significa la Revolución para los nuevos mexicanos? ¿Qué podrán significar esos términos para sujetos que nacieron en un momento en que la única patria o nación es el mundo? ¿Cuál es el significado de la Independencia Nacional cuando el poder mundial ha comenzado a consolidarse por encima de los gobiernos locales, a los cuales no les queda más que la sumisión? ¿Cuál Independencia, entonces?
 
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