Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
De la ética a la política
El Heraldo de Chihuahua
3 de septiembre de 2015

  Corregida irma

Juan Ramón Camacho Rodríguez

La ética es de orden individual, es un ejercicio muy personal donde la racionalidad está aplicada a la moralidad; digamos que ésta queda sujeta a aquélla, la norma y el juicio que elaboramos a partir de ella se someten al escrutinio crítico del sujeto que actúa.

Con la ética, el campo de lo moral queda a merced de la actividad reflexiva, del quehacer filosófico que se enfoca al escabroso mundo de la valoración, la guía y la percepción sobre lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo inaceptable en nuestra conducta con, desde y frente a los demás.

No hay más ética que la individual, la que hace el sujeto reflexivo ante el fenómeno moral. El sujeto reflexivo filosofa sobre lo que es bueno, lo que es malo y lo que de estos polos axiológicos deriva o depende.

La ética es personal, es de uno y para uno, con sus consecuencias muy claras en la conducta de uno y nada más que de uno. Ella es un ejercicio filosófico y, desde esta premisa, no puede haber ética grupal o social.

La filosofía no es deporte de equipo; la filosofía es un compromiso intelectual que pone en juego el ser total del individuo a través de la razón. El individuo es quien hace filosofía, no la colectividad, sea ésta de pocos o de muchos individuos, sea selectiva o masiva.

Hay una actitud axiológica y normativa en torno a la bondad y la maldad grupales, o, como bien pudiera decirse, sobre lo "correcto" o lo "incorrecto" para la comunidad. Porque en la sociedad parece haber lo bueno y lo malo, tal como en el individuo hay esos valores que sacuden la conciencia moral y mueven a la revisión y argumentación sobre las conductas y los juicios.

En la sociedad hay maldad, perversión, corrupción, tanto como eso existe en la vida personal de cada uno de nosotros. En cada uno de nosotros, como individuos, puede surgir una actitud ética, como un gesto reflexivo individual, lo cual no pasa en el grupo, el cual no reflexiona ni elige ni actúa moralmente, ya que estas cosas son exclusivas de los individuos. Sin embargo hay sociedades malas, comunidades perversas.

Lo que tiene que ver con la colectividad y sus "comportamientos" -con que éstos sean buenos o malos, correctos o incorrectos, constructivos o destructivos, sanos o corruptos- es aquello que nombramos como "política". Sí, la política es al colectivo lo que la ética es al individuo. La política es el ejercicio desde el cual convivimos en un marco de valores que suponen virtudes sociales o del grupo más que de cada individuo.

La ética y la política están vinculados por el bien, por el valor "bueno", pero el cual se realiza en dos niveles distintos, uno el personal y otro el comunitario. La ética nos liga a la reflexión individual sobre la bondad de cada uno, mientras que la política debe establecer una revisión del bien público y lo que la comuna hace para realizarlo.

A veces los valores personales coinciden con los valores sociales, y lo bueno para uno puede ser lo bueno para muchos (o la mayoría en el grupo), objetivizándose así el afán ético, como lo decía Bertrand Russell.

Sobre el bien que a uno le toca hacer como individuo se aplica la ética; sobre el bien que a la sociedad le toca buscar se aplica la política. Y se puede sobrevivir sin ética, lo mismo que sin política, pero sin ellas es fácil constatar lo que termina pasándonos.
 
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