Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
Ética y bachillerato
El Heraldo de Chihuahua
24 de julio de 2014

  Juan Ramón Camacho Rodríguez

Después de tantos años de lo que muchos hemos considerado una grave omisión en el plan de estudios del subsistema educativo federal de nivel medio superior (o bachillerato), finalmente se contemplan las asignaturas de lógica, ética y filosofía. Se trata de un bloque que representa un complemento necesario en la formación del joven que se dispone a continuar con sus estudios superiores o incorporarse al mundo laboral, o ambos, pero -sobre todo- que se prepara para ser un humano en la extensión suprema del término.

Al estar modelándose un sistema nacional de bachillerato, ahora los estudiantes de dicho nivel llevarán dichas materias en el marco de una reforma educativa nacional que busca la formación de personas bajo el enfoque centrado en el desarrollo de competencias y que exige una mayor atención en las estrategias que ponen en primer plano al estudiante y sus intereses, al bachiller y sus problemas y proyectos de vida.

Para el semestre que está por iniciar, el subsistema educativo de media superior de la Secretaría de Educación Pública (SEP) inserta en las clases de los jóvenes de tercer semestre la materia de ética; y de nueva cuenta (como hace un año) los estudiantes de primer semestre llevarán la materia de lógica. Y será hasta el próximo año, que los estudiantes que vayan a quinto semestre tengan clases de temas de filosofía.

Existe, pues, toda la intención de que el perfil de egreso del estudiante de bachillerato en el país muestre rasgos humanísticos que le puedan distinguir como tal y que le permitan hacer frente a sus relaciones con el mundo y los otros disponiendo de elementos conceptuales, críticos y valorativos que le definen como persona.

Conducir a los jóvenes hacia un tratamiento reflexivo de temas y problemas relacionados tanto con la verdad de las ideas, con el conocimiento de las cosas, con la corrección de los razonamientos, así como la crítica y defensa de ideas y juicios sobre la libertad, la responsabilidad y el bien, es una misión de enorme trascendencia para la vida individual y la vida social.

Nuestra realidad, nuestro tiempo, nuestro mundo y la relación que con él guardamos, está demandando un formación más humana de los futuros ciudadanos y potenciales agentes productivos en una economía mercantil y consumista que parece imponerse por encima de valores que deberían orientar hacia el convivio respetuoso y el desarrollo de una comunidad solidaria y estimuladora de sentimientos, ideas y conductas que dignifiquen al ser humano.

Por ello es de reconocerse la vuelta al humanismo en el bachillerato. Los conceptos y las actitudes que hacen del individuo en formación una persona valiosa en el sentido integral de la palabra deben ser rescatados y promovidos con gran entusiasmo en las aulas, pero también fuera de ellas. Las relaciones con los demás son, mayormente, relaciones extraescolares, en las cuales deben verse reflejadas las intenciones de ser mejores personas y no sólo estudiantes ejemplares o empleados productivos. El humanismo es un grado amplio de ser de la persona, no es una especialidad o un modo particular de ser. Se es humanista cuando se considera el ser humano completo, no sólo como estudiante, o nomás como empleado, o sólo como hijo o como padre.

Esta tarea de humanizar más la educación media superior será una tarea pesada y muy larga, pero seguramente sus resultados harán pensar que bien vale la pena invertir en educación con ese sentido. La sociedad pide, exige, mejores seres humanos; y el bachillerato es un nivel adecuado para contribuir a la misión con una parte de formación ética.
 
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