Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
La tiricia
El Heraldo de Chihuahua
11 de abril de 2014

  La tristeza es una enfermedad en la que cada paciente debe tratarse a sí mismo.

Voltaire

Por: Juan Ramón Camacho Rodríguez

En muchas ocasiones escuché a mis padres usar la palabra "atiriciado", sobre todo cuando veían a alguien desganado, sin entusiasmo para hacer las cosas, ¡agüitado, pues! Ya muchos años después me percaté del gran significado psicológico y filosófico que traía la palabra "tiricia", sobre todo después de acercarme a textos existencialistas y a la terapéutica antidepresiva.

Suele pasar que lo que acontece a nuestro alrededor nos resulta indiferente. Pase lo que pase -en ese momento concreto de nuestra vida-, nada resulta de nuestra incumbencia. Nos importa poco o nada si el mundo rueda o deja de hacerlo. Es entonces que estamos deprimidos, atiriciados.

En esta situación muy peculiar -en la depresión- la voluntad del individuo se pierde; no hay motivación para hacer nada. Se trata de una caída de los impulsos que en estado normal nos dan vitalidad y nos lanzan al porvenir con proyectos; una crisis donde las experiencias de la vida no resultan estimulantes.

Lo más grave de esa falta de voluntad, viene cuando nuestra vida misma nos parece sin valor. Y esto -percibir la vida como algo sin valor- es de cuidado, porque se trata de una potencial causa de muerte. Entonces la persona llega a un punto crítico de la existencia, en razón de su incapacidad para justificar su ser. La pregunta "¿para qué vivo?" no se hace en un plano pragmático, sino en un profundo nivel donde el existir cobra y pierde sentido.

El pueblo le dio un nombre al estado depresivo: "tiricia", cuya etimología es incierta, pero se acepta comúnmente que deriva de una descomposición de "ictericia", que refiere a esa enfermedad del hígado, el vaso y el páncreas que vuelve amarilla la piel y ojos de quien la padece.

El cineasta oaxaqueño Jorge Pérez Solano fue inspirado por mujeres tristes o desanimadas para realizar su película "La tiricia" (filmada en Zapotitlán, Puebla). Dice que "La tiricia es una enfermedad que sucede cuando (a las gentes) se les va el alma", y expresa que esta película es sobre la profunda tristeza que sufren muchas mujeres, sobre lo cual añade: "Llego a la conclusión de que no pueden hacer lo que ellas quieren, como un hombre".

Vivir atiriciado es andar entristecido, amargado, desanimado, pero ya en nivel mórbido; y los motivos de esa tristeza pueden ser muchos (entre los que está el que señala Pérez Solano, el no poder hacer lo que queremos hacer). La causa de esta enfermedad puede ser compleja, lo mismo que el proceso de su tratamiento. La tiricia puede ser mortal y traer consigo decisiones trágicas.

Encontrar, mantener o recuperar la alegría de vivir es una empresa para la cual debemos prepararnos constantemente. Contar con proyectos y alimentarlos con motivos y deseos es parte de la vida sana. No permitir que la tristeza mórbida encuentre lugar en uno mismo y en los demás debe ser una misión de salud tanto individual como social. La vida es un derecho humano, sí; y habría que decir que la vida alegre es un derecho humano
 
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