Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
Y hablando de telenovelas
El Heraldo de Chihuahua
26 de marzo de 2015

  Juan Ramón Camacho Rodríguez

Encontrar sentido a los mensajes de las telenovelas depende del contexto socioeconómico del televidente, entre otros factores. Hay, en la producción de la telenovela, una codificación que refiere a una axiología muy específica, de acuerdo a la ideología dominante.

En la telenovela hay valores morales expresados por los personajes mediante un lenguaje con significaciones clasistas (y hasta étnicas) que ponen en juego una identificación de las personas reales de escasos recursos con los personajes ficticios del drama; estos últimos consiguen ascensos en la escala social establecida por la condición económica personal y familiar en la que los pone el libreto.

Hay una ficción telenovelera que alivia la realidad de los explotados, de los humillados, de los que difícilmente saldrán de pobres y están condenados a la marginación social. La ideología dominante elabora los mensajes de las telenovelas para que sus destinatarios, quienes menos tienen, vean sus aspiraciones realizadas por los personajes del teledrama.

La telenovela entretiene, pero no es su único ni su principal objetivo. La intención de la industria telenovelera es la promoción de una axiología del conformismo, de la obediencia y de la sumisión como principales valores en la vida de los pobres. Es la difusión de una moral de la humillación y el sacrificio, de abnegación y pasividad ante la desigualdad por parte de quienes poco o nada tienen para vivir.

En el sentido de la manipulación moral de los pobres, pierde todo valor la educación de los individuos y de las sociedades para el ejercicio de la libertad, para el rescate de la vida con mayor plenitud democrática, para una participación colectiva que permita la solución a los problemas comunitarios. Entre las telenovelas y la participación crítica y democrática (o sea la educación cívica) no hay ni el mínimo de compatibilidad.

Contextualizada en la ideología de la dominación, la industria de la telenovela aísla a los individuos pobres (reuniéndoles sólo a través de la pantalla a una hora determinada), los hace sentirse merecedores del prestigio moral terrenal y de la bondad divina y celestial sólo por soportar la inclemencia de una voraz explotación y la insolencia de una inhumana humillación que les viene como algo "natural".

A través de las telenovelas, los más necesitados encuentran un punto en común donde comparten su aspiraciones y aceptan sus limitaciones; pero igualmente se enlazan mediante la exposición de su abnegación y conformidad ante el estado de cosas que no les favorece pero que, increíblemente, les dignifica gracias a la moral telenovelera (de ideología dominante) que exalta tanto el sacrificio como la humillación.

Por todo lo anterior, se entiende al dominante y sus lacayos cuando animan a las masas a disfrutar de las telenovelas y a despreciar los espacios noticiosos. La realidad que ellos quieren que la mayoría vea es esa falsa vida representada por actores, esos sueños alcanzados por los pobres en las telenovelas, ya que en el mundo en que realmente se vive, las mismas aspiraciones son muy difíciles -si no imposibles- de alcanzar.

Es una grosería, una falta de respeto a la inteligencia ciudadana y al espíritu crítico democrático, que un gobernante sin recato alguno termine promoviendo ante trabajadoras domésticas el consumo de telenovelas, porque, según él, esas sí son buenas y los noticieros no.

Aprendamos como ciudadanos, y no permitamos mensajes tan cínicos de cualquier gobernante, justo cuando lo que se espera de cualquier gobernante es un compromiso con el desarrollo social en su sentido más amplio, para lo cual se requiere de una confrontación crítica y audaz de la realidad y no una evasión ante la misma.
 
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