Opinión / Columna
 
Juan Ramón Camacho Rodríguez 
Ébola y ética
El Heraldo de Chihuahua
17 de octubre de 2014

  Juan Ramón Camacho Rodríguez

¿Qué está pasando con la humanidad, que se ha vuelto tan inhumana? Pues se hace evidente que la ganancia que anima los negocios regionales y mundiales está por encima de un espíritu de solidaridad que supuestamente debe imperar en las relaciones entre humanos.

El caso de la enfermedad ébola y el retraso en la obtención de la medicina correspondiente nos hace ver que lo que importa a las empresas farmacéuticas es la rentabilidad, el enriquecimiento. Esto exhibe una crisis ética, axiológica, de este tipo de empresas cuya misión parece ser tan sólo el negocio, ganar y sólo ganar, sacar dinero y no más.

Al iniciar la presente semana, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer que la enfermedad ébola registra un setenta por ciento de mortalidad entre los enfermos que la padecen en el Continente Africano, precisamente en Liberia, Sierra Leona y Nueva Guinea. De un total de ocho mil novecientas catorce personas enfermas, murieron cuatro mil cuatrocientas cuarenta y siete.

Si lo anterior no bastara para preocupar, la misma entidad mundial señaló que en la actualidad brotan mil nuevos casos de enfermos y que muy probablemente para el último mes del año esa cantidad aumente a los cinco mil o hasta los diez mil. Estas cifras, además de alarmantes, son útiles si de lo que se trata es de implementar una estrategia urgente en contra de dicha epidemia.

Desde hace más de un mes, la OMS pidió que las compañías farmacéuticas consideraran la urgencia de medicamentos y vacunas para combatir al ébola, porque hasta el momento no se contaba sino con especulaciones sobre la efectividad de algunos fármacos, pero fuera de eso no había ningún resultado serio, mientras la enfermedad y la muerte avanzaban en África. Esta situación se ha vuelto desesperante para quienes procuran la salud a nivel mundial y, claro, penosa para quienes sufren directamente la crisis de salud en aquel continente.

Hace unos días, la directora general de la OMS, Margaret Chan, cuestionó a los laboratorios que elaboran vacunas y medicamentos, diciendo: "El ébola surgió hace casi 40 años. ¿Por qué los médicos siguen con las manos vacías, sin vacunas y sin una cura?". Este reproche formulado como pregunta es más que válido, y seguramente lo secundan gobiernos e instituciones diversas en todo el globo.

Lo que indigna, lo que avergüenza, es el hecho de que la pobreza no merece la atención por parte de quienes tecnológica y científicamente pueden, y éticamente están obligados a encontrar y hacer llegar medicamentos a los enfermos. A África no sólo la golpea mortalmente la epidemia de ébola; sufre el desprecio, la criminal indiferencia de las grandes empresas que están acostumbradas a lucrar y no a servir. ¿Qué valor ético puede haber en aquellos que, estando obligados a ayudar porque saben (con técnica y conocimientos) cómo hacerlo, ignoran el sufrimiento y la muerte de quienes no tienen dinero?

Hay avances científicos y tecnológicos que hacen crecer la capacidad lucrativa de los laboratorios mundiales; pero no hay la suficiente bondad en sus líderes para que vean incrementada la honorabilidad en su misión. Al voraz capitalismo le falta mucho humanismo.

La avaricia mata la solidaridad. Así anda el mundo.
 
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