Opinión
Luis de la Hidalga
Milagro Guadalupano ¿Un mito del clero?

El Sol de Acapulco
12 de diciembre de 2008

En el prólogo de la reproducción de la "Carta acerca de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en México", de Joaquín García Icazbalceta, el reconocido escritor Fernando Benítez expresa sobre su autor, que dada su capacidad intelectual es reconocido sin duda como el más grande historiador, a quien el propio Menéndez y Pelayo califica como el Príncipe de toda erudición mexicana.

Dicha Carta es la respuesta, en 70 puntos, dada por don Joaquín al arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos sobre su encargo para hacer "una investigación histórica de la verdad en cuanto a la aparición de la Virgen del Tepeyac y la pintura en la tilma de Juan Diego", de la cual ofrecemos una síntesis a nuestros lectores hoy 12 de diciembre.

Principia con su reconocida honestidad intelectual García Icazbalceta, expresando al arzobispo que su investigación es exclusivamente histórica, pues no estando instruido en ciencias eclesiásticas, sería temeridad observarlo en lo teológico y canónico, y "no juzgo hacerlo por cuanto no me propongo impugnarlo, sino presentar lo que dice la historia".

El primer libro impreso sobre la Virgen de Guadalupe, dice Icazbalceta, lo escribió el presbítero criollo Miguel Sánchez en 1648, y se principia a hablar de ello como un símbolo político criollo más que religioso, sin embargo, no existe información o autos originales sobre la aparición, lo cual es reconocido por todos los historiadores y apologistas, incluso por el propio P. Sánchez, y de haber ocurrido el primer testigo debería haber sido el propio Fray Juan de Zumárraga a quien se atribuye el papel principal del suceso, "pero ninguno de sus escritos hace alusión a ese hecho tan importante ni a las ermitas, y ni siquiera se encuentra una sola vez el nombre de Guadalupe, y si hubiese sido testigo favorecido de tan gran prodigio, no se habría contentado con escribirlo en un solo papel, sino lo habría proclamado por todas partes y señaladamente en España, adonde paso al año siguiente ..., y su sucesor, el Sr. Montúfar, a quien se atribuye parte principal en la erección de ermitas y traslación de las imágenes, en 1569 y 70 remitió por orden del Consejo de Indias una copiosa descripción de su arzobispado, en la cual se da cuenta de las iglesias de la ciudad y para nada menciona la ermita de Guadalupe".

Fray Toribio de Motolinía escribió en 1541 su historia de los indios de Nueva España, donde refiere varios favores celestiales otorgados a los indios, más no aparece nunca en ella el nombre de Guadalupe. Es muy notable el silencio de la célebre carta del Ilmo. Garcés, obispo de Tlaxcala, al Papa Paulo III a favor de los indios, en la cual refiere también favores que habían recibido del cielo. Tampoco se halla cosa alguna en las cartas del P. Gante, del Sr. Fuenleal, presidente de la Segunda Audiencia, de Don Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España y de otros muchos obispos, virreyes, oidores y personajes publicadas en las Cartas de Indias, y en la voluminosa Colección de Documentos inéditos del Archivo de Indias.

Fray Bartlomé de las Casas, en 1538 y 1546, trató mucho al Sr. Zumárraga, y juntos asistieron a la Junta de 1546, tampoco expresa nada al respecto, ni lo hace Fr. Jerónimo de Mendieta en su Historia Eclesiástica Indiana durante su estancia en la N. España en 1552.

Tras una numerosa serie de documentos revisados por D. Joaquín, dice al Arzobispo Labastida, "Como puede verse es completo el silencio de los documentos antes del libro del P. Sánchez. No cabe en buena razón suponer que durante más de un siglo tantas personas graves y piadosas, separadas por tiempo y lugar, conviniesen de acuerdo en ocultar un hecho tan glorioso para la religión y la patria. Note además su Ilma. que nada se habla de la aparición en los tres Concilios Mexicanos, ni en las Actas de los Cabildos Eclesiásticos y Secular antes del libro del P. Sánchez".

Ahora bien en cuanto a la ermita, preguntaba el rey Felpe II a Martín Enríquez, cuarto virrey de la N. España, cuál era el origen de aquel santuario, contestando el virrey que por los años de 1555 ó 56, existía ahí una ermita con una imagen a la que llamaron Guadalupe, por decir que se parecía a la del mismo nombre de España, lo cual explica cómo devino el nombre de Guadalupe a la ermita en la que los indios tenían antiguamente un ídolo llamado Ixpuchtli, que quiere decir virgen o doncella, donde adoraban un ídolo de la diosa Tonantzin.

Y en relación a la pintura de la Tilma de Juan Diego, el P. Bustamante, prestigiado canónigo expresó desde el púlpito que la imagen de la Tilma era obra del indio y nadie lo contradijo, y la inspección hecha el 30 de abril de 1751 por pintores, entre ellos el célebre Miguel Cabrera, quien dictaminó ser una "Maravilla Americana", se reconfirmó plenamente no ser una pintura milagrosa, y como prueba fehaciente está el dictamen de los canónigos en 1975, afirmando: "los colores se han amortiguado, deslustrado y en una u otra parte saltado el oro, y el lienzo sagrado no poco lastimado".

Por lo anterior, dada la seriedad de la investigación y del historiador podemos concluir que el milagro Guadalupano no es sino otro de los muchos mitos de que se ha valido el clero católico para avasallar a los pueblos y dominarlos por medios espirituales.

luisdelahidalga@hotmail.com
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