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"La Burrita" contempla sin esperanza hacia Irapuato
El Sol del Centro
1 de junio de 2007
En la entrada sur del parque Tres Centurias se encuentra un monumento muy original, una máquina de ferrocarril cuya presencia indica el término de una época singular, la de los trenes que se movían a base de vapor.
No es una máquina cualquiera: es "La Burrita", que gozara de gran fama y prestigio, y de gran demanda por quienes necesitaban viajar entre Aguascalientes e Irapuato. Su silbato era inconfundible, accionado por quien fue su último maquinista, don Cornelio Cerecero Terán, "El Maquinista Elegante", a quien don Francisco López Medrano "El Trianero" le dedicara muchas loas, principalmente por el concepto en que tenía las máquinas de vapor. Decía "El Trianero" que "a la locomotora hay que verla con cariño y gratitud, no fue nada más un artefacto secundario llamado "El Caballo" o "El Gigante de Acero". La locomotora fue la madre que alimentó muchos hogares ferrocarrileros por los diferentes servicios prestados... Para mí, merece por sus servicios nacionales veneración y respeto mejor que cualquier guerrillero... todos los revolucionarios, habidos y por haber, pensándolo bien, fueron destructores de vidas y trenes... La locomotora de vapor merece ser homenajeada, idolatrada, mejor que los muertos destructores, merece que su labor se grave nacionalmente con letras de oro". De la generación de la 2708, que tal es el número de La Burrita fueron sólo 12 ejemplares los que llegaron a México a finales de los años 30. La Burrita dejó de operar en 1964 y seis años después, se le puso en el pedestal en que ahora se encuentra, bien, remozado. Después de su instalación, durante muchos años no se le dio ni una "manita de gato". "La rescatamos después de haber estado abandonada muchos años", recuerda Arturo Arias Hernández, a quien le tocó además darle mantenimiento cuando estaba en operación. "Ya tenía todos los chapetones llenos de corrosión, y toda la lámina; le pusimos sus láminas buenas, le dimos lo que nosotros llamamos una restauración y no sólo una reparación; la raspamos toda, le quitamos todo el cochambre que durante años se le acumuló. Le dimos un "primer" para que durara mucho, le aplicamos un anticorrosivo y la pintamos, ya se puede ver", refiere Arias, quien sigue ligado al Ferrocarril, en el equipo de mantenimiento del parque Tres Centurias. Dice Arturo Arias que cuando la locomotora estaba sucia mucha gente le tomaba fotos y las llevaba a los periódicos y criticaba el abandono, y sin embargo, después de que se le puso "guapa", nadie se acuerda de ella. "Hasta ahora que vienes tú", señala el entrevistado. "Yo tomé la iniciativa de ir con el jefe de aquí, con el señor Jorge Alvarez, y le dije que había que hacer algo; y estuvo de acuerdo, pero se opuso la Casa de la Cultura, dizque nosotros no sabíamos nada de eso, y entonces le llevé periódicos de todas las restauraciones que yo hice de carros que se fueron a Puebla, y otros trabajos, y nos dieron luz verde", relata el entrevistado, y cita a otros que colaboraron con él en los trabajos: Tomás López García, Sergio Breceda Ibarra, Máximo Ruiz Esparza "El Gallo". "Lo hicimos con la intención de que la gente pueda ver de todos los preciosos materiales con que está hecha y equipada, como son el cobre, el bronce y el latón, y todo eso lo sacamos a relucir, porque estaba cubierto con una pintura negra; ahora no: se le ven sus tuberías en cobre, todas sus válvulas de escape en bronce, se le ve el material de que está hecho. La dejamos brillante, le dimos una capa de poliuretano para que dure y esperamos mantenerla en buenas condiciones", agrega Arias Hernández. "La Burrita" es una Hudson 4-6-4, hecha por la American en EU en 1937 y, 70 años después, los visitantes al parque la pueden ver "por dentro y por fuera, brillante". Las Hudson no fueron las últimas máquinas de vapor, hubo muchas otras todavía, pero éstas fueron muy pocas, y se distinguen por su rodado -diámetro de las ruedas-, "es grandísimo, de 72 pulgadas". Las locomotoras "30" son más largas; es decir, una Niágara, que fueron antes, se usaban para mucha carga. "Esta la tuvimos aquí, corriendo durante mucho tiempo entre Aguascalientes e Irapuato, con el tren que le llamábamos "La Burrita" (de ahí heredó el nombre la máquina), iba y venía, todos los días. Era muy conocida aquí. Nomás se oía su silbato y todos decíamos: "Ahí viene La Burrita", y que "Nos vamos en La Burrita". Afirma Arias que esta máquina dejó de funcionar en 1964, cuando las máquinas diesel sustituyeron y acabaron con toda una época, la del vapor, y a los pocos años, ya restaurada, la colocaron en un pequeño jardín frontero con la calzada Revolución, frente a la lonchería "La Chatita", que también fue un punto de referencia para toda la población de Aguascalientes, como lo es aún la secundaria de la UAA, que después de cuatro décadas, dejará de operar en cuanto termine el actual ciclo lectivo. Antes de colocarla ahí, "descubrimos todas las marcas anteriores y vimos que la última reparación a los cilindros fue en diciembre de 1962", recuerda Arturo Arias. Hoy, frente a la máquina se encuentra una placa que indica la fecha del monumento y el motivo, la conmemoración de la época del vapor, y se recuerda a quienes estaban a cargo de la empresa en Aguascalientes: Vicente Chávez y Antonio Reynel, superintendentes de talleres y de transporte, respectivamente. Arturo Arias afirma que el traslado de La Burrita a donde hoy se encuentra fue en 1963 y no en 1970 (lo cual es fácilmente comprobable mediante un viaje a las hemerotecas); Todos aquí tienen esa idea y cuando yo cuento la historia, la cuento verídica, porque somos ferrocarrileros de muchos años. Durante 40 años hemos estado en el sistema", dice el entrevistado. "Esa locomotora se colocó en 1963, porque para 1962 estaba todo terminado, todas las marcas que tenemos, por ejemplo de los cilindros. La arreglaron en los talleres y la trajeron para acá, bien arregladita, pintada, caminando (rodando) por estas vías -dice, señalando los rieles por donde los trenes llegaban hasta el almacén, en el costado poniente de la terminal- y la acomodaron ahí. Se hicieron una vías (desde el almacén) hasta allá; eso también lo comenté con el señor Pablo Aguilar, que es uno de los que trabajaron en la puesta de las vías. La máquina llegó rodando hasta allá". -Estaba en un terraplén -le señalamos. "Bueno, se le hizo ahí una lomita porque había un jardín alrededor. Por cierto, que tiene todavía la misma altura, se trató de decir que se movió varios centímetros, medio metro o metro y medio, pero no es cierto, yo les digo que es mentira, porque los compañeros de la vía vienen y me visitan siempre; vimos y, no; ¡cuándo la iban a mover" "Nunca", subrayó Arturo Arias. La máquina tiene un peso de 211 toneladas. Lo de "4-6-4", es porque tiene cuatro ruedas de guía -adelante-, seis de tracción -enmedio- y cuatro atrás. "La Hidrocálida" o "La Burrita", cubría la ruta Aguascalientes-Irapuato, con tres carros de pasajeros, dos de carga y el cabús. El último maquinista de La Burrita fue Cornelio Cerecero Terán -El Maquinista Elegante-, y llevaba a su hermano Julio como miembro de la tripulación; en el costado oriente de la máquina se encuentran dos estatuas en tamaño natural en bronce, que los recuerdan, y siempre anda por ahí -en horas hábiles- el policía turístico Héctor Cabrera Trejo, dispuesto a dar información a los visitantes. Por: Matías Lozano Díaz de León. |
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