Opinión / Columna
 
Raúl Sánchez Küchle 
Recuerdos de antaño
El Heraldo de Chihuahua
13 de septiembre de 2011

  Raúl Sánchez Küchle



En otras ocasiones hemos manifestado que los sucesos acaecidos en nuestra niñez y adolescencia influyen en nuestra vida adulta, que el entorno familiar, el escolar, en el que vivimos, también va marcando nuestro paso por la vida. Y el ambiente, los lugares, el paisaje, dejan también su huella imborrable. En este sentido, muchos de los que hoy peinamos canas o pasamos del medio siglo, y hemos pasado nuestra vida en esta capital chihuahuense, rememoramos aquellos lugares que de algún modo se ligaron a nuestra niñez, adolescencia y juventud. Cada generación vive en un determinado ambiente y en una determinada geografía. Quienes pasamos aquí nuestros años hemos sido señalados por ellos.

Algunos de aquellos lugares ya no existen, han dado paso al progreso; otros han cambiado su fisonomía, y algunos más perduran como testigos del tiempo.

Los cines de antaño, los hoteles, los restaurantes, los salones de baile, los parques y paseos; las estaciones de camiones y trenes; los lugares de recreación, las calles y avenidas, los monumentos... y tantos otros sitios que quienes están en su tierna edad y en esta era de la tecnología, no alcanzarán a vislumbrar.

El Hotel Hilton, los cines Alcázar, Plaza, Estrella, Colonial -donde se presentaba la Caravana Corona- y Azteca, la calle Libertad con circulación de automóviles, el Parque Lerdo -que aún perdura-, el Café de La Esquina, La Luz del Día -hoy en otro lugar-, El Iris, el anterior Aeropuerto detrás de la Ciudad Deportiva, los almacenes La Feria, La Francia Marítima, la Casa Talamás y París-México, el Paraje de los Indios, el local del Club de Leones en la calle Ojinaga, el Jardín de las Rosas, el original Teatro de los Héroes, la Plaza Merino, el reloj en la confluencia de las avenidas Ocampo y 20 de Noviembre, el templo del Sagrado Corazón sin su cúpula, las huertas detrás del Parque Infantil, los Sitios 15 Colorado y 20 Negro, la Zapatería Cobos -con su gran afición por el rey de los deportes-, la estación del ferrocarril donde hoy se encuentra la estatua de La Adelita, la Escuela de Artes y Oficios, el Santuario de Guadalupe, el monumento conocido como la Cruz Verde, la Leche Salud, la Maternidad La Luz -aún en uso-, la calles conocidas como Los Tres Codos, la nevería Tere, el antiguo puente de la avenida Colón, la Salchichonería alemana, El Acrópolis, el Parque de la Regla -hoy Revolución-, la florería Orquídea, el Banco Mercantil, la librería Palas Atenas, las lavanderías Chihuahua y El Paso Taylor, la Escuela Industrial para Señoritas, El Hospital Verde o San Vicente, la Academia Grajeda Osollo, los Institutos Chihuahuense, Regional y Femenino, el Consulado Alemán, la antigua tienda Sears en Libertad y 15, el antiguo local de El Heraldo en la calle Aldama, la papelería Newberry, el periódico El Norte, etcétera, todos ellos parte del ambiente en que muchos nos desenvolvimos.

Después vendrían los cines Variedades -a cuya inauguración le tocó asistir a quien esto escribe-, Chihuahua -luego dividido en dos para albergar al Olimpia-, El Dorado, las Salas 2000 y 2001. Con el tiempo tales locales desaparecerían de la Zona Centro.

Todos esos lugares y otras cosas más como los heladitos hechos en unos tubos metálicos, las pesetas y tostones, los peseros, la banda de música en la Plaza de Armas, los juegos infantiles como la nana o los encantados, son parte del Chihuahua que pasa. Rescatar todo ese bagaje, como algunos lo están haciendo, es una tarea que engrandece nuestras raíces y es de aplaudir. ¿Lo ven? .
 
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