Opinión
Acordanza
Tere Ponce de Vega

El Sol de México
6 de mayo de 2009

* La vida en tiempos de la influenza A H1N1

* Boccaccio (s. XIV) cuenta cómo fue la peste en Florencia

Hoy miércoles, nuestra ciudad comienza a dejar "la cuarentena" que se nos impuso con motivo de la "peste" que ha atacado nuestro país: la famosa "influenza porcina", cuyo nombre, para cuidar que la carne de puerco siguiera vendiéndose normalmente, pues al parecer los puerquitos no infectan a los humanos, cambió a "influenza mexicana" (con el consiguiente enojo de todos los mexicanos) y finalmente a llamarse "influenza humana". El virus que la produce recibió un nombre digno de George Lucas y su "Guerra de las galaxias": A H1N1, que recuerda el nombre de la computadora más famosa del cine: R 2 D 2 (Ar two-De-two)... Por las calles de nuestra urbe veremos abiertos ya restaurantes, fondas y cafeterías, pero sus mesas deberán acomodarse a una distancias de 2.25 metros y el aforo de personas, a cuatro por cada 10 metros... ¿Qué harán entonces muchos restaurantes y fondas de la Condesa que meten en 10 metros cuadrados 10 mesas?... Sólo los que cuenten con grandes espacios, podrán funcionar... En fin... Estos días de obligado retiro he estado leyendo literatura sobre "pestes" y epidemias que han asolado a la humanidad... En la Biblia las identificamos con el famoso "Ángel exterminador" que Jehová envió al faraón y a su corte, como medio disuasivo para que Moisés y su pueblo pudiera dejar el fértil Egipto... Otras pestes habrán de venir, pues en su retiro de la isla de Patmos, San Juan, el discípulo amado de Jesús, ya viejo, en su visión del fin de los tiempos, vio a la muerte como un jinete enseñoreándose de la humanidad, en forma de guerras, plagas y epidemias, y describió este ensañamiento en su famoso Apocalipsis, que se encuentra en el Nuevo Testamento bíblico... En el siglo XIV de nuestra era, en toda Europa la peste bubónica o peste negra se apoderó de las vidas de 25 millones de europeos... Esa pandemia, causada por las pulgas infectadas de las ratas negras, se originó en India, pasó al Asia Central, cabalgó en los ejércitos de los mongoles y entró por Italia, expandiéndose a todo el continente europeo... En la introducción a su espléndido libro de cuentos (o ¿noveletas?), el "Decamerón", Giovanni Boccaccio, el gran escritor florentino de esa época, nos dejó la crónica más vívida de cómo los habitantes de Florencia se comportaron ante la peste aparecida en 1348... Boccaccio recordará la pesa y será el motivo por el cual, en su relato, siete muchachas entre 18 y 20 años y tres muchachos deciden aislarse en el campo para huir del contagio... Y allí, durante 10 días, comienzan a contar historias para pasar el tiempo: historias de amor, de erotismo, fortuna y de la inteligencia humana... Mientras, en la ciudad, la gente moría como moscas y los que sobrevivían pronunciaban un "sálvense quien pueda", olvidando todo decoro, amor o generosidad para los infectados... Les transcribo para de la consideración introductoria al "Decamerón" sobre la peste en Florencia: "¿Qué más puede decirse, dejando el campo y volviendo a la ciudad, sino que tanta y tal fue la crueldad del cielo, y tal vez en parte la de los hombres, que entre la fuerza de la pestífera enfermedad y por ser muchos enfermos mal servidos o abandonados en su necesidad por el miedo que tenían los sanos, a más de cien mil criaturas humanas, entre marzo y el julio siguiente, se tiene por cierto que dentro de los muros de Florencia les fue arrebatada la vida, que tal vez antes del accidente mortífero no se habría estimado haber dentro tantas? ¡Oh, cuántos grandes palacios, cuántas bellas casas, cuántas nobles moradas llenas por dentro de gentes, de señores y de damas, quedaron vacías hasta del menor infante! ¡Oh, cuántos memorables linajes, cuántas amplísimas herencias, cuántas famosas riquezas se vieron quedar sin sucesor legítimo! ¡Cuántos valerosos hombres, cuántas hermosas mujeres, cuántos jóvenes gallardos a quienes no otros que Galeno, Hipócrates o Esculapio hubiesen juzgado sanísimos, desayunaron con sus parientes, compañeros y amigos, y llegada la tarde, cenaron con sus antepasados en el otro mundo!"... Volviendo a nuestro México y a nuestra ahora desierta ciudad, ninguna medida preventiva es poca comparada con los estragos de una epidemia del virus A H1N1 y su propagación exponencial... Porque aunque sea curable en sus inicios, la influenza humana deja a quienes la padecen muy maltrechos... Y si sacamos porcentajes de los infectados y los muertos, estos últimos constituyen un número no desdeñable... Por cierto, a través de internet me ha llegado la noticia que no es buena la aspirina para bajar la fiebre en estos días de epidemia. Mejor hay que correr con el médico o al hospital para que a los menores síntomas se evalúe nuestro mal... Ya detectada la enfermedad, se recomienda utilizar, para bajar la fiebre, el paracetamol... ¿Cómo hemos tomado los citadinos esta cuarentena que comienza a levantarse?: Muchos aprovecharon el asueto forzoso para irse al mar (allí la vida es más sabrosa); otros, para hacer limpieza en casa; algunos se hartaron de ver películas e instalarse en "el dolce far niente", como llaman los italianos a la flojera; los padres y mamás de familia, en la añoranza de la escuela de sus hijos, pues están al punto de la locura al mantener encerradas en sus departamentos a sus fierecillas... Yo fui a comprar flores al mercado de Xochimilco y allí saturé mis ojos con la visión de los más raros colores y perfumes de una vegetación exuberante, pero observé también que a muchos clientes de los floricultores les valía la alerta sanitaria: deambulaban sin tapabocas y varias parejas se abrazaban y besaban desafiando al A H1N1 con la fuerza de su amor.
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