Opinión / Columna
|
Francisco López Ojeda
DERECHOS HUMANOS Y XENOFOBIA
El Sol del Bajío
9 de agosto de 2010
|
El lenguaje que usó ayer la señora Sarah Palin, ex gobernadora de Alaska y ex candidata a vicepresidente de los Estados Unidos, al decir que la mujer más fea de ese país, la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, tiene los "cojones" que le faltan al presidente Barak Obama, es una declaración hipócrita y malévola que refleja la hostilidad que raya en el odio xenófobo de una clase política estadounidense que ignora las conquistas de sus héroes Abraham Lincoln y Martin Luther King, que tanto presumen.
Es legítimo el derecho que tiene para impedir el paso de inmigrantes en pos de conseguir trabajo en su territorio en tanto no exista un trato bilateral que ampare las circunstancias en que se encuentran los que pretenden cruzar la frontera sin una visa como acontece al presente. Lo que es violatorio es el procedimiento para apresar y criminalizar a los indocumentados.
Reprobable e hipócrita es el cambio del amor al odio a nuestros connacionales. Cuando Sarah Palin era candidata a la vicepresidencia en la fórmula republicana con el senador John McCain se manifestó partidaria de la tolerancia y encontrar la fórmula para resolver un problema que afecta a los dos países. Proceder que llevaba el objetivo de conquistar el voto latino de origen mexicano con ciudadanía norteamericana. También su compinche J. McCain está obstinado en la toma de medidas drásticas, así sean violatorias de los derechos fundamentales del hombre. El mismo legislador de Arizona que siendo candidato presidencial vino a México y se arrodilló ante la imagen de nuestra Señora de Guadalupe... falso como una moneda de tres cincuenta.
Es justificado cumplir con la ley migratoria como lo hace cualquier país del mundo e impedir el paso a inmigrantes sin visa, pero resulta inmoral porque cuando necesitaban mano de obra se hacían de la vista gorda. Los paisanos que desde hace años están allá, esos que hace tiempo cruzaron la frontera en pos de algo que su propio país les negó, decorosamente crearon derechos en el territorio allende nuestra frontera. Contribuyeron al engrandecimiento del país al que sirvieron como campesinos u obreros. Pagaron (les descontaron) los impuestos al trabajo que desempeñaban. Fueron además, segregados al recibir salario por debajo de la ley con pocas o ninguna prestación. Esos connacionales conquistaron derechos para obtener un status migratorio para permanecer o trabajar en aquel país. Pero una cosa es lo legal y otro lo inmoral.
Hasta antes de la crisis desatada por políticas financieras erróneas ocurrieron dos fenómenos en ambos lados de la frontera. En el norte, un crecimiento acelerado que requería de mano de obra barata. En el sur pobreza y miseria sin oportunidades de trabajo. Allá se transformaban labores y manos campesinas que recolectaban cosechas en obreros y constructores eficientes. Veíamos en los desarrollos urbanos a los paisanos como hormiguitas laborando en techos, pisos o paredes... afanados en "las yardas". Fox malamente calificó a ese trabajo como el que "ni siquiera los afroamericanos los quieren hacer" (usó términos xenófobos, los llamó "negros"). Acá, un gobierno incapaz de implementar medidas que hagan realidad el principio constitucional del derecho "al trabajo digno y socialmente útil" (primer párrafo del artículo 123 de nuestra Constitución). Si se cumpliera esa norma, si se tuvieran suficientes fuentes de trabajo en nuestro territorio los braceros no tendrían que correr los enormes riesgos que significa irse de "ilegal" a la unión americana.
Cuando los Estados Unidos requerían de mano de obra advertiríamos en las autoridades migratorias una flema que toleraba el paso ilegal. Las redadas de indocumentados eran calculadas cuando la oferta de trabajo superaba la demanda. El fenómeno del sur era y sigue siendo el mismo, falta de oportunidades y la penuria en que viven millones de mexicanos mientras una minoría empresarial bajo la presunción que dan trabajo y una élite política que goza de prebendas, sueldos y compensaciones, disfrutan de privilegios que carecen las mayorías.
Con excepciones meritorias de personas y organismos estadounidenses que hacen labor humanitaria en países donde las enfermedades y otras vicisitudes negativas agobian a la población, para los Estados Unidos son ellos y sólo ellos. Ya lo señaló hace cincuenta y cinco años el secretario de estados del presidente Dwight D. Eisenhower, John Foster Dulles: "los Estados Unidos no tienen amigos... tienen intereses".
Columnas anteriores
Columnas anteriores