Opinión / Columna
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Salvador Guerra Jiménez
MI MEXICO
El Sol del Bajío
18 de septiembre de 2011
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En términos generales, sin generalizar. Tratando de ayudar.
No se cuales seas las soluciones a las tormentas político-sociales actuales que afligen a México y a los Mexicanos. Lo que si se es que no vamos a encontrar el remedio en una tienda de abarrotes ni en una iglesia ni en un estadio deportivo.
Creo necesario el plantar árboles fuertes y frondosos que protejan a nuestra nación, a nuestra etnia, a nuestra sociedad, a nuestra familia, a nuestros hijos.
La solución es regresar a nuestras raíces. Raíces sólidas. Debemos proteger la raíz fundamental, la Familia Mexicana. Es esencial engrandecer la vida familiar, la cuna de la educación; el lugar donde se implantan los principios fundamentales que regirán por siempre la vida de los Mexicanos.
Nausea, fue la reacción que tuve al enterarme de los sucesos en Monterrey. Similar a cuando veía, frente a la televisión, desenvolverse la tragedia que resultó en el deceso de decenas de inocentes niños en la guardería de Hermosillo, hace ya dos años.
Coraje, rabia, impotencia.
Va contra mis principios fundamentales.
Atenta contra mi ser.
No estoy de acuerdo con guerras.
No estoy de acuerdo con la violencia.
No estoy de acuerdo con agredir, con lastimar, con matar.
Hay una bella expresión de Bertrand Russell, filósofo y pacifista británico, que junto con Einstein fue autor del "Manifiesto Russell- Einstein" alertando sobre los peligros de la guerra nuclear. Su expresión en inglés, dice: "War is not about who is right; it is about who is left."
Así que en castellano, la expresión sería: "LA GUERRA NO ES ACERCA DE QUIEN LA GANE, ES ACERCA DE QUIENQUEDA VIVO."
No hay lugar en mi mente para siquiera imaginar que un hijo le grite, ofenda, ataque a sus padres, mucho menos en que piense hacerles daño; ni que piense en perjudicar a niños, ancianos ó mujeres o a la sociedad.
No me cabe la idea de que un joven no vaya a clases para aprender los números y el ABC, la biología ó la química ó leyes. Quizás yo lo comprenda y acepte si es esencial que vaya a trabajar y contribuir con el sustento diario para los demás familiares.
Pero, después de la instrucción escolar ó del trabajo diario, ojalá regrese a casa con la familia, a compartir lo mucho o poco que se tenga a la mesa; a platicar de los viejos tiempos o de los libros de moda; a jugar pelota; a soñar con lo que se puede lograr haciendo mas ó estudiando un poco, aun después del trabajo. Recibiendo la educación de parte de abuelos, de padres, amigos, vecinos, hermanos; solidificando raíces.
Grandes Mexicanos de humilde cuna, por necesidad familiar, trabajaron desde niños y se convirtieron en invaluables miembros de la sociedad: científicos, técnicos, compositores, poetas, filósofos, presidentes.
Miles de familias Mexicanas han perdido en los últimos años esa estructura familiar, quizás buscando mejorar la situación económica en busca del sueño, ajeno a nuestra cultura: el consumismo.
Juventudes que obtienen de los padres todo lo que quieren. Sin tratar, sin hacer nada.
Otros miles de familias han perdido esa unión familiar no por soñar, sino tratando de mantenerse a flote, de poder comer aunque sea una vez al día.
Juventudes que no pueden obtener lo que necesitan. Aun tratándolo todo.
Como nación, solíamos ser exportadores de muchos alimentos básicos, leguminosas, maíz, frijol; de acero, La agricultura y minería crecían 4 a 5 % anualmente; esa época fue llamada, por expertos internacionales, "El Milagro Mexicano". Se protegía a México y a los Mexicanos, estableciéndose tarifas protectoras para los productos internos y poniendo obstáculos para la importación de artículos extranjeros.
La red de comunicación terrestre se expandía rápidamente. Fueron mas de dos décadas del milagro. Además teníamos escritores, científicos, pintores, muralistas, poetas, que recibían honores y reconocimiento mundial; también boxeadores, deportistas, actores y directores, compositores, cantantes, etc.
En los 80's se inicia la debacle, problemas con un grupo de ladrones políticos, hartazgo de la elite del país; graves errores de planeación hacen que familias enteras abandonen el campo y se muden a las ciudades.
Se crean súbitamente varias megalópolis en todos los Estados; grupos poblacionales que no tenían la estructura necesaria ni para recibirlos ni para ofrecerles trabajo. Los cinturones de miseria se establecen, el agrarismo citadino se implanta. La educación de los hijos se diluye, la tristeza y desesperación de los padres aumenta; se pierde el respeto a la autoridad familiar y civil, la necesidad genera delincuencia.
Hambre y frío se calman inhalando o fumando las sustancias a la mano, lo que te comparte tu nuevo hermano en la misma situación, en tu nueva familia callejera.
La pobreza y la falta de trabajo orillan a la emigración, a conseguir empleo como sea; la carencia empuja a los campesinos y obreros hacia el espejismo norteño. Por su ausencia, la autoridad de la familia se diluye más.
Pero ahora tenemos nuevos miembros de otra familia política hambrienta, más rapaces que los otros, que nos conducirán al abismo.
Así que se abandonan los planes de estructura campirana y de producción agrícola; nos convertimos en importadores de casi todas nuestras necesidades básicas, El fértil campo mexicano que había alimentado a miles de generaciones, es abandonado; las ciudades pululan con mexicanos desplazados de su hábitat natural; seres que no pueden encontrar trabajo, que están insatisfechos; familias que han dejado atrás sus maneras, sus modos, su música, sus canciones, sus amaneceres; cambiando lo poco que tenían, por nada.
De haber sido capaces de leer las nubes y predecir vientos y lluvias, ahora no pueden ni respirar sanamente, se intoxican física, mental, emocionalmente. Son parias en su propia patria. Despreciados, agredidos, valen menos que nada.
Como individuos, al abandonar el campo y llegar a la ciudad hostil, con costumbres ajenas, abandonamos la cúpula familiar y para ganar nuestra vida y traer comida a la mesa, nos refugiamos en la calle y tratamos de trabajar. Unos, enjugando parabrisas de carros en las esquinas, otros tragamos fuego y lanzamos pelotitas al aire.
Otros, peor aun, aprendemos lo que nos enseñan los que llegaron al mismo lugar un poco antes de nosotros: a pedir caridades, a vivir sin trabajar. Algunos recogen y venden lo desperdiciado, hurtan lo que pueden, o le roban a los que se dejan.
Traicionamos nuestro pasado, perdemos el respeto hacia nosotros mismos para poder comer. Nos contagiamos de vicios y drogas, sea para divertirnos ó para que nos ayuden a saciar el hambre y a tapar nuestro frío y dolor. Perdemos la dignidad en aras de poder subsistir.
Al no haber trabajo no hay producción. No podemos satisfacer nuestras necesidades; salud, alimentación y bienestar son lujos para otros grupos de Mexicanos. Como nación y como ciudadanos volteamos hacia el norte y vemos de nuevo grandes oleadas de emigrantes. Al hacerlo perdemos nuestra identidad; perdemos la dignidad para poder sobrevivir.
La clase media, la columna vertebral que mantiene el funcionamiento de todas las naciones, sigue otro sendero, también de espejismo norteño: tener, acumular, poseer. Perdemos la dignidad en aras del consumismo.
A todos los niveles socio-económico-educativos, grandes segmentos de la sociedad hemos abandonando nuestra forma de ser, hemos olvidado nuestra estructura familiar; sea para poder sobrevivir, o sea por seguir soñando en ser ricos, hemos olvidado a los niños-jóvenes.
Perdimos nuestro trabajo, perdimos nuestra dignidad, perdimos nuestra identidad. Nos perdimos nosotros mismos. Perdimos nuestra educación. Perdimos nuestros valores fundamentales, milenarios. Perdimos a nuestros hijos.
Los valores de nuestros hijos ya no son los nuestros, son ajenos y ahí esta la razón fundamental de nuestros problemas actuales: la contaminación de nuestra juventud con ideas, razonamientos, conceptos, íconos, opuestos a nuestra sociedad.
No tienen valores sanos, lo que los impulsa es el buen vivir sin trabajar, el obtener lo que se quiere tan solo pidiéndolo; el divertirse hasta el éxtasis, natural o artificial; es el libertinaje, la libertad sin responsabilidad.
Centros universitarios sagrados son profanados por nuestros propios estudiantes cuando no les agrada el nuevo director de una facultad. Multitudes salvajes atacan y destruyen propiedades ajenas, privadas y públicas, cuando el equipo de su predilección pierde el partido y aun cuando han ganado el campeonato!
Mientras que las autoridades, de todos los niveles, elegidas ó nombradas, las que han recibido de nosotros el mandato de actuar en su puesto y mantener orden y libertad, nos han traicionado.
Ese mandato lo han convertido en desvergüenza y no tienen que responder ante nadie. Mientras, grandes grupos de nuestra clase obrera pelean por tener mejores salarios y prestaciones; y nuestros campesinos siguen abandonando sus familias, arriesgando sus vidas y muriendo por miles, al cruzar desiertos.
Algunos en posición de autoridad reciben monedas bajo la mesa para no ver ciertas esquinas, para no quemar ciertos llanos; para voltear la vista o ponerse lente oscuro en algunos días; a no enviar vigilancia en determinadas horas y lugares. Y al paso del tiempo suben peldaños y llegan a sillones con mayor autoridad, donde reclaman mejores subsidios de los criminales, a cambio de protección continua.
A nivel federal o estatal, llegan Mexicanos que tienen pantalones bien fajados y deseos de mejorar la situación y algunas secciones de la sociedad misma se disgustan por ello!
El color de camisa que nuestro líder tenga puesta no es importante, lo crucial es que se ponga la camisa de México, y que nosotros nos la pongamos también.
La juventud de la clase media se convierte en una ola de vagabundos, aunque duerman en su casa; no hay tarea escolar, no hay deber hogareño, no hay responsabilidad; a nadie les importa. Sin asistir a la escuela, sin obtener trabajo los jóvenes tan solo languidecen, pierden totalmente el tiempo. Estiran la mano y sus papis les dan lo que quieren.
Nuestros jóvenes malgastan su juventud. Nuestros padres trabajando para lograr subsistir y tratando de alcanzar el sueño de oro y de monedas falsas están, en realidad, perdiendo las joyas más valiosas: sus hijos.
Un bastión importante por siglos, la practica de la religión profesada por la familia nos servía de alivio, de aliento, de esperanza. Ahora no tan solo se ha olvidado, ya se le ha perdido el respeto.
Y la agresión a la estructura familiar se expande. La juventud tiene de ídolos no a padres ni abuelos, ni poetas ni científicos. La idolatría recae en la personalidad de moda de la televisión. La mayoría de esas emisiones absurdas son copias de series extranjeras.
Tan sólo observar programas y series televisivas te das cuenta de la estupidez, de la insensatez de lo que se dice, de lo que se hace. Basura sin ningún valor cultural, educativo. Una verdadera pérdida de tiempo. Mientras los padres trabajan, es ahí donde nuestros niños-jóvenes reciben su instrucción y educación, ahí y en las calles.
La instrucción ha pasado a tercer o cuarto nivel de importancia. ¿Y la educación? ¿Qué es eso?
Al no tener "nada que hacer", el joven es capaz de entregar un paquete - con algo - a la persona en tal o cual esquina de la ciudad, a cambio de unos pesos; o va en grupo a golpear a alguien para recibir una cadena de oro; y evoluciona a tomar un arma matando a sangre fría a cambio de juguetes electrónicos ó un carro, ó por hacer su nombre en la banda de otros jóvenes que están en sus mismas condiciones y que son controlados por mentes aun más perversas que ellos.
Esos jóvenes sin valores, actúan sin conciencia, brutalmente, al no tener nada por qué vivir y nada por que morir. La juventud no vive, tan sólo sobrevive. Al paso de los últimos años, miles de jóvenes, tanto decentes como criminales, han fallecido; al igual que policías, soldados, gente honorable, ciudadanos de bien que estaban en un lugar en un mal momento.
La sed de poder y control no conoce limites y muchos criminales han muerto a manos de bandas contrarias. Los verdaderos responsables de estas tragedias, los cabecillas sin escrúpulos, siguen su vida de lujo; se mezclan en los círculos sociales y son aceptados, comprando favores, protegidos por sus propias tropas y por la autoridad corrompida.
El sendero revitalizante para los mexicanos es el regresar a nuestro más importante Tesoro: los valores de la vida familiar.
Los Nahuatlacas -- Aztecas -- , practicaban una ceremonia, In Ixtli In Yóllotl, en la cual se les aconsejaba a los hijos a convertirse en buenas personas, en gente de bien; inculcándoles el deseo y la fortaleza espiritual, así como el vigor físico para lograrlo.
W. Holmes, escritor inglés, escribió: La educación de los hijos se inicia 100 años antes de que nazcan. (Proceso de dos generaciones: abuelos educando bien a sus hijos - los padres).
Los abuelos lo han dicho desde siempre: necesitamos dar a los hijos y nietos educación e instrucción.
La Sra. Carter publicó hace unos 20 años, una nota en que expresa: Hay dos cosas que necesitamos darles a nuestros hijos: raíces y alas.
Finalizo con el consejo ancestral del ranchero mexicano, de la sabiduría del pueblo: La educación no se aprende, se mama.
Instrucción se basa en lápices y cuadernos, en datos y libros; Se forja en el aula, con maestras y tareas escolares; en el Internet, así como en la biblioteca, en la televisión, con programas educativos; participando en grupos de estudio, profesores, etc.
Es la imaginación; es la mente que rige, que piensa que lo puedes hacer. Progresando el niño-joven desde el 1-2-3 a las matemáticas, al cálculo integral, la geometría y la física, hasta la mecánica quántica.
Es tu quehacer, tu trabajo, tu profesión; es lo que te llevará hasta donde tú quieres llegar. Es conocimiento .. es lo que tú sabes .. es tu HACER .. las alas para volar .. el futuro.
Educación se basa en sentimientos y emociones, en afecto y amor. Nace en el hogar, con juegos infantiles y canciones; con piñatas y villancicos; con abrazos y besos; con primos, tíos, hermanos, amigos; con los ABUELOS, con el padre y la madre.... Es la realidad, es el cariño y la seguridad; es el corazón que te dice que lo puedes hacer, que puedes lograr lo que te propongas. Es la gran acompañante de tu vida: autoestima.
Es el compromiso, contigo mismo, de no defraudar a tu familia. Es el cimiento que el niño-joven necesita para levantarse y mantenerse erguido en cualquiera que sea la circunstancia adversa; es lo que moldea tu actitud y tu personalidad; es la base de tu civismo, de tu comportamiento; son los valores fundamentales que rigen por siempre tu vida.
Es responsabilidad .. es lo que tú eres .. es tu SER .. las raíces sólidas .. el pasado.
SALVADOR GUERRA JIMENEZ.
Hijo de Salvador y Carmelita.
Nacido en Celaya, Gto.