Opinión / Columna
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Raúl Macías Muñoz
Reminisencias En Primera Persona
El Sol del Bajío
14 de septiembre de 2009
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Dos aniversarios que se festejaron, primeramente el 53 aniversario del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (SNTE) y el 60 aniversario del nacimiento del diario El Sol del Bajío, esas dos conmemoraciones, repito, obligaron a que mis añejos recuerdos se adentraran en el túnel del tiempo. Me interné y me colocó en los años finales de la década de los 30`s.
Tiempos evocadores cuando cumplía con mis deberes de profesor en la escuela primaria superior "Miguel Hidalgo" ubicada en la primera calle de Aldama. Y cuando en esta entidad guanajuatense se distinguían dos grupos de maestros. Unos, subordinados a la Dirección General de Educación, dependiente del gobierno del estado. Y los otros, dependientes de la Secretaría de Educación, del gobierno federal .
Pero un día de esa época, sucedió que los maestros estatales y los maestros federales convinieron en organizarse en un solo sindicato y acordaron unidos formar el sindicato con el nombre de SUTEG, (Sindicato Unico de los Trabajadores de la Enseñanza del Estado de Guanajuato).
Ese movimiento sindical de los maestros estatales se llevó a cabo no obstante la oposición del gobierno de Guanajuato. Valido de los inspectores escolares la manipularon inclusive con la amenaza del cese si se atrevían a asistir al congreso magisterial para constituir el SUTEG, sindicato que finalmente se organizó con la coalición de los dos grupos de maestros estatales y federales.
Recuerdo que conjuntamente con la respetable maestra María Soto Bustos, a quien le guardo respetuoso afecto y admiración por su firme espíritu de lucha, asistimos al congreso mencionado. Igualmente en él estuvieron representaciones de los maestros estatales procedentes de los diversos municipios de Guanajuato.
Joven aún y con los arrestos propios de esa edad me encontré frente a la oportunidad de luchar por la mejoría económica de mis compañeros maestros, sujetos a sueldos sumamente escasos.
Mientras tanto, animados por la formación del SUTEG los maestros estatales se organizaron en diversas delegaciones del mencionado sindicato único.
Por consiguiente y dadas mis intervenciones a favor de mis compañeros, presidí la delegación sindical del SUTEG con cabecera en Celaya y con la unión de los maestros que prestaban sus servicios en los municipios de Jaral del Progreso, Valle de Santiago y Comonfort. Constituidos los maestros en dicho sindicato se reunieron en sus congresos, en diversas ocasiones, sin que lograran adoptar un actitud frontal, con sus demandas de mejores sueldos, frente al gobierno de Guanajuato. Actitudes que a la larga fueron inocuas porque en dicho sindicato intervinieron los inspectores escolares, comprometidos con sus jefes inmediatos.
Por los años 39 ó 40 se presentó la renovación de la directiva del STERM (Sindicato de los Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana).
Ese motivo propició un movimiento magisterial a nivel nacional en el que el Partido Comunista pretendió apoderarse de la dirección de esa organización.
Me correspondió, con el carácter de presidente de mi delegación, asistir a ese congreso nacional. Otras delegaciones también nombraron a sus representantes. Fueron tiempos de verdaderas luchas y enfrentamientos, hasta que por fin, con la vigilancia policiaca, el 24 de febrero, el Teatro de Bellas Artes se convirtió en su escenario. Todas sus localidades fueron ocupadas por los miles de maestros. Correspondió al líder nacional (CTM) de los trabajadores pronunciar la declaratoria oficial de la inauguración del congreso. Sin embargo su presencia en el escenario le provocó una tempestad de ofensas y denuestos, que impasible soportó Lombardo Toledano.
Se festejaba el Día de la Bandera y por tal razón presentaron en el escenario el lábaro tricolor. Puso de pié a todos los maestros para rendirle honores, Y en cuanto estos terminaron, Lombardo Toledano inició su discurso con su acostumbrada elocuencia la cual, desde los primeros minutos, tuvo el embrujo de transformar la tempestad de los denuestos en las más efusivas expresiones y los más cerrados aplausos.
Al final de cuentas, los maestros estatales se desligaron del SUTEG para formar la UMG (Unión Magisterial Guanajuatense) organización más que sindical adoptó las características de ser una sociedad de ayuda mutua.
Más lo peor que le sucedió a la organización de los maestros consistió que en el UMG se dividieron los maestros en dos familias, en dos bandos, que me hicieron recordar las rivalidades entre los Montescos y los Capuletos de la tragedia de Shakespeare.
Pocos años después con mi nombramiento de Secretario de la Secundaria Oficial, dependiente de la Dirección de Estudios Superiores, deje de pertenecer.
Al gremio de los maestros estatales. Me dediqué a mis clases en el Colegio México, en el Colegio Margarita y en el Colegio María Enriqueta, cuyas juventudes estudiosas me proporcionaron imborrables satisfacciones.
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Continué en el túnel del tiempo. Me situé en el año de 1949. Estaba fresco el éxito del movimiento deportivo social de la Carrera Pro Campos Deportivos de Celaya. Atendía asuntos relacionados con la campaña alfabetizadora, de la cual me puso al frente el señor alcalde don Salvador Montes.
En cierta ocasión tuve el agrado de recibir el saludo del señor Federico Zapata, hombre de todas las confianzas de don José García Valseca, Estaba por inaugurarse el primer diario de Celaya, "El Sol del Bajío". Y don Federico sabedor de que era aficionado a todos los deportes, me ofreció la jefatura de su sección deportiva.
Fue para mí una inolvidable experiencia participar en dicho diario. Más aún cuando fui recibido amablemente por el talentoso periodista don Amadeo Antón, director del naciente periódico. Y además trabé amistosa relación con sus demás miembros. El periodista combativo Francisco Mendiola Campos (Mi sagrado compadre, tambien víctima de la perversidad oriental). Con el periodista Esteban Valle; con la señora Polín Fernández, en la Jefatura de la publicidad. Se adornaba El Sol con la magnífica y hermosa presencia de la señorita Valenzuela, encargada de los eventos sociales. Con José Luis Durán, con su extraordinaria capacidad de telegrafista que recibía las noticias transmitidas por la oficina central de la Cadena, relacionadas con los sucesos nacionales e internacionales.
Me gustaba entrar a los talleres de formación con los lingotes grabados en los linotipos y comentar con el prensista la edición del día siguiente, a temprana hora.
De todas esas experiencia vividas, hace nada menos que sesenta años, guardo en mi memoria recuerdos imborrables.
Quedan en mi tintero mis vivencias relacionadas con los diferentes directores de El SOL a lo largo de más de medio siglo.
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