Opinión / Columna
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Raúl Macías Muñoz
Rabinadrath Tagore
El Sol del Bajío
14 de diciembre de 2011
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Es uno de los más grandes poetas que sobresale en la historia de la humanidad. Poeta bengalí, cuya poesía está impregnada por un dulce misticismo. Intérprete de la cultura hindú, porque su obra ha tenido trascendencia espiritual, con un gran influjo moralizador.
Descendiente de una familia de príncipes, estudió en Inglaterra y se dedicó al periodismo.
En Balepur fundó una escuela con el nombre de Santiniketa, Morada de Paz. Sus alumnos llevaban una vida sencilla y frugal. Les daba una gran educación.
Viajó por todo el mundo y más se interesó por las reformas sociales; pero no por la política.
En 1913 se le concedió el Premio Nobel. En 1915, la corona inglesa le otorgó un título de nobleza. Cuatro años después lo rechazó por la forma en la que los ingleses sofocaban las protestas en la India.
Con su muerte dejó un gran número de poesías. Revelan su profundo sentido de la belleza. En Gitanjali escribió este bello pensamiento:
Mi vanidad de poeta muere de vergüenza ante ti, Señor, poeta mío. Aquí me tienes sentado a tus pies. Déjame hacer solo recta y sencilla mi vida, como una flauta de caña, para que tú la llenes de música.
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