|
Opinión
![]() Francisco López Ojeda
Evocacion de celaya
El Sol del Bajío
10 de diciembre de 2006
En sus remotos orígenes, primero fue una aldea otomí que moraba en el ancón formado por el río de San Miguel y muy cerca de una ciénaga, entre el tupido mezquital.
Luego fue abrigo contra los ataques de los chichimecas que asolaron esta región de "la ruta de la plata", porque aquí se estableció una fortificación o presidio y surgieron los primeros mesones para hospedar a los viajeros. Más tarde, los labradores y estancieros que se había establecido en este valle que llamaban el Mezquital de Apaseo, empezaron a soñar con la idea de fundar una población para estar más cerca de sus tierras de labor. Después, se convirtió en un deseo, cada vez más intenso, por las bondades que ofrecía este suelo llano. Posteriormente, ya fue una intención que llevó a los interesados a gestionar ante Francisco de Sandi, y Juan de Torres, alcalde mayor de las minas de Guanajuato, la fundación de una villa en este preciado lugar. "El sitio era ideal. Se situaría cerca de un hoyo grande, dentro del ancón o codo que formaba el río de San Miguel, no lejos de la confluencia de éste con el río de Apaseo, en una tierra arenisca y un poco alta, donde había mucho pescado y cedros y sabinos y otros buenos árboles, tierra para adobes, canteras para edificios y piedra para hacer cal. Se sacaría del río una acequia para riego y para mover molinos, quedaría así formada una isla que se ocuparía como dehesa común para bueyes de arado. Seguramente así pensaban en esos atardeceres que los sorprendían cultivando los surcos y las cementeras, y seguramente, así lo dijeron ante sus autoridades para convencerlos de la bondad de su petición. Muchos poniente llegaron con sus sombras a cobijar estos pensamientos y el fuego en los hogares alumbraba los rostros de aquellos quienes serían los primeros fundadores y vecinos y encendían también sus propósitos e ilusiones. "Con la nueva población quedarían protegidos los pocos indios de paz que habitaban el lugar y se contribuiría a la defensa contra las frecuentes incursiones y ataques de los chichimecos. Además, por ser tierra fértil y que podría regarse con las aguas de los ríos de San Miguel y de Apaseo, proveería de bastimento las minas de Guanajuato y Zacatecas y las villas de San Felipe y San Miguel y otras partes" "A los primeros pobladores se les ofrecieron atractivas concesiones, buscando asegurar la estabilidad de la nueva villa, y ellos por su parte se comprometieron a no ausentarse del lugar por más de cuatro meses sin licencia, so pena de perder sus derechos". Además, los vecino tuvieron que cumplir con las ordenanzas del rey Felipe II sobre descubrimientos, población y pacificación de las Indias, las cuales, en su número 89, establecían que "Al que se obligare de poblar un pueblo de españoles dentro del término que le fuere puesto en su asiento, que por lo menos tenga treinta vecinos, y que cada uno de ellos tenga una casa, diez vacas de vientre, cuatro bueyes o dos bueyes y dos novillos y una yegua de vientre, cinco puercas de vientre y seis gallinas, veinte ovejas de vientre, de Castilla, y que tendrá clérigo que administre los sacramentos y proveerá las iglesias de ornamentos y cosas necesarias al culto divino, y diere fianzas que lo cumplirá dentro del dicho tiempo; si no lo cumpliere, que pierda lo que hubiere edificado, labrado y granjeado, y que sea para nos..." "Y así, el Virrey Martín Enríquez de Almanza declaraba el 12 de octubre de 1570: "Lo cual visto por mí, por la presente doy licencia y facultad para que en la dicha parte y lugar se funde la dicha villa y se pueble de españoles, conforme a la traza que el dicho alcalde (Francisco de Sandi) dejó hecha, y dicha villa se llame e intitule la villa de Nuestra Señora de la Concepción de Zalaya" Así, tal sueño se hizo realidad. FUENTES: Rodríguez, Vicente COSAS DE FRAILES, imprenta Franciscana, Celaya, Gto 1992. Boletín del Archivo General de la Nación, Tomo VI, Mayo-junio 1935, Número 3, pag. 343. Columnas anteriores
|
Columnas
Cartones
|