Cinematografía
Indiana Jones acapara el show
Algo divertía a Spielberg, George Lucas y Harrison Ford; con ellos, la morenita Melody Hobson. Fotos: Reuters
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Organización Editorial Mexicana
19 de mayo de 2008

Alexis Grivas / Enviado

Cannes, Francia.- El día domingo resultó muy representativo en cuanto a los contrastes que se dan en la sección oficial de este magno evento del cine mundial, ya que las dos películas que se estrenaron aquí se situaron en extremos completamente opuestos.

Por un lado, la muy esperada superproducción de Steven Spielberg y George Lucas, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal; por otro, la presencia aquí, entre otros, de directores de la talla de Wim Wenders, Jim Jarmusch y Walter Salles, quienes se dieron cita para celebrar los 40 años de la Quincena de los Realizadores, creada durante la revuelta estudiantil de 1968.

Me pregunto qué nuevo puede decir uno de Indiana Jones, por lo menos en lo que toca a crítica cinematográfica. Me temo que muy poco.

El procedimiento, los elementos y la promoción misma de este género son de tal manera dosificados de antemano que todo parece salir de un molde donde no se permiten variaciones y mucho menos aportes creativos. A veces sí que los hay: véase el caso de Alfonso Cuarón, miembro del jurado este año aquí, quien logró estampar su sello personal al episodio de Harry Potter que escogió dirigir. No creo que en el caso de ayer, a Spielberg director le interesaba tal cosa. El éxito de taquilla y la movilización de una gigantesca campaña promocional son los elementos que priman. Por ende, la decisión de lanzar la película un domingo en el Festival de Cannes, que es el segundo evento mundial más mediático, inmediatamente después de los Juegos Olímpicos.

Por otro lado, mientras que la película aprovecha de Cannes, el festival saca lo suyo del estreno mundial de la película aquí.

A un evento de la magnitud de Cannes le resulta necesario la mezcla de géneros en las películas que presenta y este último, Indiana Jones, es un perfecto ejemplo del cine de entretenimiento.

HARRISON EN BUENA FORMA

Harrison Ford, que encabeza de nuevo el reparto, está en buena forma a pesar de sus sesenta y tantos años, los efectos son eficientes, las dos y pico de horas de duración no se sienten y tampoco producen cansancio. Uno, no adicto a este género o que prefiere otro tipo de entretenimiento, pueda que se aburra. Debo admitir que sí me aburrí y que consulté más de una vez mi reloj durante la proyección. Pero esto fue ni por menos la actitud del público general que acudió y aplaudió de manera fenomenal a las dos alborotadas proyecciones del día en el Palacio del Festival.

Por otro parte, desde temprana hora del domingo, el espacio frente a la entrada del palacio estaba abarrotado por el público dominguero que esperaba para aplaudir a los integrantes de la cinta mientras ellos subían la escalera del palacio recubierta del famoso tapete rojo.

Todo el elenco estuvo presente. Aparte de Ford, Spielberg y Lucas, acudieron la "mala" de la película, Cate Blanchett; Karen Allen, John Hurt, Jim Broadbent, Shia LaBeouf y Ray Winston.

Hasta aquí, pues, respecto a la parte espectáculo a la grande en Cannes el día de ayer. Operación sin duda resplandeciente y grandiosa cuyo éxito comercial se verificará en la pantalla a partir de jueves 22, fecha en que la película, que costó 185 millones de dólares, sale comercialmente a nivel mundial, donde necesita alcanzar un mínimo de 400 millones de entradas para estar a mano.

QUINCENA MAS INTERESANTE

Frente a Indiana tuvimos, tal como lo anotábamos al principio de esta nota, otro tipo de evento, celebración que a mi antojo resultó más interesante. Se trató del cumpleaños número 40 de la famosa sección paralela, la Quincena de los Realizadores.

Para celebrarla se presentó en estreno mundial el filme 40X15, realizada por Olivier Vahan, donde una treintena de realizadores mundialmente conocidos y que fueron justamente lanzados por la Quincena, entre ellos ya muchos galardonados aquí con la Palma de Oro, aportan, convocados por el delegado de la sección Olivier Pere, su testimonio sobre la Quincena, refiriéndose además a su visión del cine.

La presentación de la película fue el punto culminante de una serie de celebraciones que marcaron este aniversario y al que asistieron tanto representantes de las secciones oficiales, el cofundador de la sección, Pierre Henri Delleau, y varios de los realizadores entrevistados, entre ellos Wim Wenders, Jim Jarmusch y Walter Salles.

En cuanto al programa oficial, aparte de Indiana Jones, presentada por supuesto fuera de competencia, dos filmes, uno de Italia y otro de Filipinas, se estrenaron en competición. Sus respectivos realizadores se encuentran por primera vez seleccionados en esta prestigiosa sección del certamen.

Me temo que ambas dejaron qué desear y sintomáticamente por las mismas razones: la falta de un enfoque y la abundancia de acciones paralelas que no logran conjuntarse en una concepción medula del contenido: El filipino Brillante Mendoza intenta ofrecer a través de Servicio el retrato de una familia que tiene un cine donde pasan películas pornográficas.

Tanto las relaciones entre los miembros de la familia como el microcosmos compuesto de homosexuales, prostitutas y pequeños ladrones, y que gira alrededor del cine se ofrecen para unas secuencias truculentas, pero nunca se conjuntan en una línea narrativa consecuente. Abunda lo "exótico", pero falta la sustancia.

Similar resulta el caso del italiano Matteo Garrone, quien en Gomorra se propone pintar un retrato de la mafia napolitana, la tristemente célebre Camorra, basado en el homónimo libro de Roberto Saviano, quien justamente por escribir este libro está amenazado de muerte por esta organización y acudió a la conferencia de prensa bajo protección policiaca.

No conozco el libro, pero al juzgar por la sentencia a muerte de la Gamorra, me imagino que Saviano revela en ello cosas sustanciales sobre los mecanismos de esta organización. Desgraciadamente no sucede lo mismo en la película y la culpa debe ser tanto de la realización como del guión mismo. De toda evidencia, Garrone no es Francesco Rosi, quien en Manos Sobre la Ciudad y en Salvatore Giuliano, estos grandes ejemplos del cine político italiano, demostraba los mecanismos de la mafia.

Garrone se limita a componer unos episodios aislados, unos casos particulares de matones, víctimas, victimarios, etcétera, sin nunca traer en primera línea los mecanismos que manejan desde la sombra y hasta desde las cúspides del poder de este todopoderoso manojo criminal.