Celaya
Apaseo el alto y su historia...
El Sol del Bajío
12 de mayo de 2008

Fransico Sauza Vega

Cronista Municipal



El pueblo de Apaseo el Alto había sido durante la época virreinal un asentamiento que había sufrido por la falta de un aposento en donde los fieles convertidos al cristianismo recibieran dignamente los oficios de la religión cristiana con decoro. En 1833 se había iniciado la construcción del templo de San Andrés y concluido en 1870, pero esa pequeña iglesia pronto sería insuficiente para albergar a los cientos de fieles que acudían puntualmente al llamado de las voces de bronce de su campanario. El 6 de enero de 1896 se inició la construcción del Templo del Sagrado Corazón a instancias del Padre Santos María Carvajal, pero la pobreza de la gente era superior a su sueño de tener un templo a la altura de su pueblo y su gente.

A principios del Siglo XX estuvo en la Vicaría Fija de San Andrés el Padre Aureliano Baeza, quien no había podido continuar con las obras del Templo del Sagrado Corazón y hacía esfuerzos infructuosos por tener un templo de mayores dimensiones, pero no había encontrado la forma de resolver la falta de recursos materiales. El domingo 2 de febrero de 1941 arribó al pueblo de Apaseo el Alto un joven sacerdote que recibió del Padre Aureliano Baeza los pendientes por cumplir y el más escabroso de todos era la ampliación del Templo de San Andrés; ese joven sacerdote era Don Joaquín Soto Armenta, oriundo en Pénjamo, Gto., y con mucha energía a cuestas había aceptado venir a una Vicaría con mucho potencial humano y espiritual, pero no esperaba encontrarse con un reto que superaba las posibilidades económicas del pueblo y su propia capacidad humana.

Al principio el Padre Joaquín Soto aceptó la propuesta del Padre Baeza de ampliar el Templo de San Andrés construyendo dos naves laterales y olvidarse de la reanudación de las obras del Templo del Sagrado Corazón que estaban en ese momento en ruinas y en el abandono. Pero el pueblo de Apaseo el Alto estaba a punto de recibir una bendición.

El Padre Francisco Aguilera, Párroco de Tlalpujahua recibió de la Señorita María Guadalupe Núñez, virtuosa dama muy ligada a los menesteres de la iglesia, una solicitud avalada por el Vicario Joaquín Soto Armenta, una petición para que por su mediación el Padre José del Valle acudiera al pueblo de Apaseo el Alto a las tradicionales Misiones y no obstante el arduo trabajo que se libraba para terminar el Santuario de Tlalpujahuilla, el Padre Misionero aceptó. El Padre José del Valle estuvo en Apaseo el Alto del 8 al 16 de julio de 1941, período en el que estaba el Santuario de Tlalpujahuilla en plena construcción.

La gente recuerda la palabra del Señor del Valle, el Padre Misionero. Elocuente en sus palabras, llenas de mensajes que cualquier persona entendía y con una voz que varonil que retumbaba en las paredes, mantenía siempre expectantes a los fieles; dicharachero, de lenguaje llano y popular, siempre jovial, interactuaba con todos los que se le acercaban pues decían que con su impresionante personalidad de charro mexicano inspiraba confianza. Don Domingo Galván, testigo de muchos hechos importantes de nuestro pueblo, recuerda así el mensaje del Padre Misionero:

"El Templo que empezaron sus antepasados no está dedicado a ningún Santo Pipirruchero, sino al hacedor de todos ellos, que es el Sagrado Corazón"."El Padre José del Valle - continúa describiendo Don Domingo- era elocuente, franco y de abierto lenguaje, hasta se dijera que de lenguaje callejero, con sus chistes jocosos para quitar el sueño a la gente y convencerla con argumentos poderosos"

Cuando el Padre Joaquín Soto explicó al Señor del Valle la intención de ampliar el Templo de San Andrés, el Padre Misionero le miró con sus bellos ojos azules y con firmeza le preguntó dónde quedaría el esfuerzo de los pobladores que habían iniciado el nuevo templo, pues sabía que eran todos ellos muy pobres pero muy trabajadores. El Padre Soto argumentaba que la pobreza era el principal impedimento y que era prácticamente imposible recabar fondos para la compra de materiales y el pago de los jornales de trabajo.

El Padre José del Valle explicó con lujo de detalle la organización mediante faenas, la forma de acercar la piedra, la arena, la extracción de la abundante cal de los alrededores, el agua de los manantiales que brotaban en todo el pueblo y que eran una bendición. Del pago de los jornales le dijo, que Dios no lo desampararía, que tuviera fe y que él le contactaría con maestros para que llevaran el proyecto arquitectónico y que también les enseñaran el oficio para labrar la cantera, pero que debería comenzar de inmediato. Le sugirió que integrara las comisiones para lo siguiente:

1ª La primera: para que recolectara dinero, animales o semilla para sacar de ellos dinero. 2ª: Para que trabajaran en las faenas de la construcción del templo (En esta trabajó la mayoría de la gente) 3ª: Para recibir dinero para pagar la jornada de trabajo que les correspondía.

El 14 de agosto de 1941 en reunión con los pobladores, decidieron reanudar la construcción del templo. Eligieron un Comité Constructor Honorario del cual fue nombrado Presidente el Arzobispo de Michoacán Luis María Altamirano y Bulnes y como Secretario al Padre Misionero José del Valle y también nombraron un Comité Constructor Efectivo encabezado por el Pbro. Joaquín Soto Armenta y como Secretario a Don Alberto Durán Saavedra. Se eligió a un Presidente del Comité de Obras, cuya máxima responsabilidad recayó en Don Juan Clímaco Tinajero Cervantes y así, antes de terminar la asamblea lograron reunir la cantidad de $29.00 como primer fondo para la epopéyica obra.

Del 21 al 28 de agosto, el Padre José del Valle organizó en el sitio en el que se construiría el templo, una semana de oración, al término de la cual se hizo un acto simbólico de colocación de la primera piedra, ceremonia que corrió a cargo de los Presbíteros Joaquín Andaluz y Antonio Álvarez Vega. El 7 de octubre de 1941 fue la fecha memorable para la reanudación de las obras, muchos jóvenes Apaseoaltenses se ofrecieron a trabajar y a enseñarse a labrar la cantera. El Padre José del Valle habló con cantereros experimentados que trabajaban en el Santuario de Tlalpujahuilla para que vinieran a apoyar al Padre Soto, quienes prestos acudieron al llamado del Padre del Valle.

El Padre Joaquín Soto fue a La Piedad y consiguió un puñado de trabajadores de la cantera, quienes venían al mando de Don Luis Solorio Murillo. Fue así como se congregaron para trabajar, personas de Tlalpujahuilla, Maravatìo y La Piedad, Michoacán, Ojo de Agua de la Trinidad, El Pocito y Apaseo el Alto. Muchos de los que vinieron de fuera se quedaron a vivir y echar raíces en nuestro pueblo, como Don Luis Solorio Murillo y Don Antonio Ramírez Galindo.

Eran jornadas de trabajo realizadas por hombres que parecían no requerían del descanso; Epifanio Martínez se encargaba de los peones de albañilería, y Don Luis Solorio de los labradores de cantera, mientras que el Padre Joaquín realizaba frecuentes contactos con el Padre José del Valle para que le siguiera dando sabios consejos. El Padre José del Valle fue guía y estrella del Padre Soto, quien trataba de emular cada acción del Padre Misionero.

La portentosa iglesia del Sagrado Corazón de Jesús poco a poco iba tomando forma y en cada bendición que se daba, el Padre Soto invitaba al Padre José del Valle para que le diera la santa bendición. Cada vez que el Padre José del Valle regresaba al pueblo de Apaseo el Alto, llegaba directamente a donde los albañiles estaban construyendo la colosal obra. Los albañiles le llamaban cariñosamente "El Tío", porque el Padre del Valle les decía que el Sagrado Corazón sería como su Padre. En un pizarrón negro de cemento que tenían en una de las paredes de la obra, el Padre del Valle les dibujaba los trabajos que tendrían que realizar, de acuerdo al proyecto arquitectónico que para el templo había realizado el indígena Arquitecto Marín Virgen. El Padre del Valle estuvo en Apaseo el Alto el 14 de febrero de 1944, fecha en que se celebró la primera misa en el templo en construcción, en 1945 se le nombró Vice-Presidente del Comité Constructor Honorario y fue invitado de honor el 6 de enero de 1946 con motivo del Cincuentenario de la colocación de la primera piedra del Templo del Sagrado Corazón, la bendición de la cúpula y del Altar Mayor.

Fue así como el Padre José de Jesús Angulo y Navarro dejó una profunda huella en su paso por cada uno de los sitios en donde se le encomendó una misión muy particular. De gran carisma y personalidad, pues quienes lo conocieron decían que fácilmente se confundía entre la gente de los pueblos: vestía como lo hacían los pobladores, en época de la Cristiada montaba todos los días a caballo, su pistola al cinto, su sombrero al más puro estilo campirano y de un poder de convencimiento sin igual.

Durante la época de construcción del templo, en Apaseo el Alto circuló un pequeño Boletín informativo llamado El Heraldo cuyo director fue primeramente el Señor Vicente López Núñez y posteriormente el Dr. Agustín Aguilera García, bajo la tutela del Pbro. Joaquín Soto Armenta y el Pbro. Antonio Álvarez Vega. En dicha publicación manifestaron siempre la trascendental ingerencia que el Padre José del Valle había tenido sobre el inicio de la obra. En el Boletín No 3, Año 1 del 30 de abril de 1943 manifestaron en relación a él que había sido un "...inspirador y alentador de la obra y propagador celoso de las jaculatorias nacionales y digno sucesor de Basalenque y Margil de Jesús" y en el Boletín No 2, Año III del 1° de diciembre de 1946 manifestaron que el Padre del Valle había sido "...factor decisivo para la reanudación de las obras"

En los sitios por donde pasó dejó huella imborrable y en la actualidad se reconoce su obra: Fundó su pueblo natal y le dio nombre definitivo, trazo y nomenclatura, y construyó su magnífico templo parroquial; en Santo Tomás Huatzindeo (Salvatierra) llevó la música de Banda y en la actualidad es asiento de los mejores músicos de este género y escuela para muchas generaciones; en Tlalpujahuilla, Michoacán quedó testimonio material en la más hermosa de sus obras, un Santuario que ya quisieran muchos sitios para templo Catedral y en Apaseo el Alto, el Templo del Sagrado Corazón es un legado de su espíritu emprendedor y ejemplo de que puede más la participación de la gente en las obras de beneficio común, que la bonanza de los bolsillos de sus pobladores.

Los sacerdotes que murieron durante la Cristiada han sido canonizados y beatificados en su mayoría; quizá algunos de ellos ninguna obra material dejaron en los lugares donde tenían su asiento eclesiástico. José de Jesús Angulo y Navarro no fue martirizado y vaya que había motivos de sobra para que lo hicieran los soldados federales. Seguramente José del Valle nunca será beatificado, pero lo que sí es cierto, es que este hombre fue un benefactor en cada pueblo donde se paró y su legado será a perpetuidad.

En San Francisco de Asís, Jalisco, su pueblo natal dos calles llevan su nombre; José de Jesús Angulo y Navarro su nombre original y José del Valle, el seudónimo con el que se le conoció en todos lados. En Apaseo el Alto se dedicó una calle de su nomenclatura para honrar su memoria, pero prácticamente nada saben los vecinos y habitantes de la influencia que tuvo este sacerdote para el diseño arquitectónico, mano de obra especializada y la terminación del Templo del Sagrado Corazón de Jesús, icono del pueblo de Apaseo el Alto, Gto.

fsausav@yahoo.com