Celaya
Intenta resurgir la cartonería de Celaya
LUIS Juárez del DF adquirió su 'judas' extrañádole la falta de 'cuete'.
El Sol del Bajío
8 de abril de 2012

por Rosalba Leticia Montiel



La cartonería celayense resurge con timidez haciendo salir a la luz del sol, las típicas figuras de nuestros artesanos llamando poderosamente la atención, sobre todo entre los paseantes que recorren nuestras calles ávidos de relajación en ambiente provinciano, sorprendiéndoles gratamente su encuentro con los chacos romanos, los caballitos con pata de carrizo, las clásicas muñecas con el nombre propio grabado en el pecho y, los tradicionales 'judas'.

La promoción y los concursos para mantener viva la artesanía celayense reconocida a nivel nacional, no ha sido suficiente tal vez para su permanencia y para motivar al cien por ciento las 'manos mágicas' de nuestros artesanos, que también se esfuerzan para continuar en la brecha. Tienen demasiadas cosas en contra comenzando por la fuerza de la tecnología que desplaza sin piedad el juguete de antaño automatizándolo todo pero, aún así, se defienden aunque en esta ocasión, sólo ubicamos cuatro expendios populares en las inmediaciones de la Bola -oficialmente Jardín Perfecto I. Aranda-, ocupando el resto del curioso tianguis a la vendimia de antojitos y productos plásticos además de otro que vende ¡alfeñique de azúcar!.

Esta es la temporada de lo que en el pasado reciente, floreció para dar todo un espectáculo en nuestros antiguos barrios con la quema de 'judas' pero, la prohibición de cohetería después del llamado 'domingo negro' dejó fuera ese regocijante entretenimiento en nuestros barrios 'tronando' efigies de cartón representando personajes de la política y del firmamento artístico o simplemente, figuras de diablitos con dedicatoria. En otros puntos de nuestro país la quema sigue vigente y aquí, aunque sin 'cuete' también aparecen los 'judas' que son adquiridos con júbilo por los paseantes porque, la tradición popular de deshacerse de malas vibras y antipatías la noche previa al domingo de Resurrección, se niega a morir.

Por el puestecito de María Cristina Tierrablanca con experiencia de treinta años en la cartonería, llegaron procedentes de la capital de la república doña Carmelita Martínez y su familia para comprar un diablito. 'Lo vamos a quemar en México' -nos dijo-, mientras que la dinámica artesana nos confiaba que es precisamente esa figura, la de diablillo, es la que más se vende, no obstante de tener otras efigies que incluían al Chavo del ocho, las águilas del América, a las chivas del Guadalajara, 'Quico' y otros personajes, hasta de modernas caricaturas. En su oferta, tenía también las típicas espadas de madera y los chacos romanos que si bien son juguetes más propios de la fiesta de Corpus, no quedaron fuera en esta temporada con la esperanza de obtener un ingreso más.

Otro artesano, Luis Alberto Canchola, agregó a su venta de 'judas' las típicas máscaras, aunque sólo de diablitos similares, independientemente de muñecas de todos los tamaños. Muy cerca a la Columna de Independencia, el público se arremolinaba sobre el puesto de Lupita Hernández, un poco más amplio que los anteriores con variedad de caballitos de cartón y pata de carrizo, grandes chacos, judas de diversa personificación, innovadores cascos de bombero y de manera especial, solicitaban las muñecas, esas de rostro con intensas chapas coloradas que en alguna ocasión, entregaron la imagen de la artesanía celayense a los libros de lectura escolar, dándoles gusto a los compradores José, el marido de Lupita, para dibujar en ese mismo instante el nombre de quien las adquiría para llevarlas de recuerdo.

Para Lupita Hernández ha sido la vida entera dar forma a las artesanía de cartón. 'Ya tengo veinticinco años elaborándolas -comenta-, me enseñaron los papás de mi marido y más atrás, su abuelita también las fabricaba, la nuestra, es una tradición de familia y aquí le vamos a seguir".

En efecto, truenen o no truenen los judas, venga la tecnología que venga, las artesanías de Celaya se defienden en el tiempo al surgir de cuidadosas manos que continúan la tradición y, aún cuando en algunos casos las nuevas generaciones vean con desesperanza que es mejor otro quehacer, siempre queda alguien que conserve el espíritu creador de fabricar con pedazos de cartón más muñecas de apretados y coquetuelos labios, grandes ojos, aretes y collar de diamantina, brazos y piernas enlazadas con un pedacito de cordón y con el nombre de su dueña inscrito sobre el corazón.