Opinión
Antonio Espino Mandujano
El Color de la Jacaranda

El Sol del Bajío
26 de marzo de 2007

"¿De qué color es la flor de la jacaranda?

Azul, dicen algunos; lila-azul, agregan otros.

Todos se equivocan, pues es único:

es color jacaranda".



UNO

LA HISTORIA DE "LA GUARDIANA"

Doña Teresa Méndez fue gozosa sembradora de plantas ornamentales. El tiempo la hizo cultivar las flores y los árboles, que reconocía como "individuos", con nombres, apodos y apellidos.

Todavía se recuerda en la Moncada la historia de la "guardiana", que era una jacaranda de morada floración atravesada por las ramas de una buganvilia y que corrió la suerte de llegar a vieja; en la primavera siempre brindaba una visión prodigiosa: sus flores, que a decir de la anciana, no eran de un color lila-azul, ni mucho menos azul sino un color único: color jacaranda.

Como buena hija de familia tarimorense tradicionalista y muy católica, doña Teresa, solía invitar, el Domingo de Ramos, a sus vecinos a rezar y compartir las charolas con jícama rebanada y cacahuates en vinagre, bajo la sombra de la jacaranda adornada con papel de China y flores de colores en guirnalda que "cual guardiana con su tronco musculoso y corteza tenue", cobijaba la luz de los cirios pascuales, con ese conjunto floral que en marzo y abril cambia totalmente el paisaje cotidiano.

Con el tiempo, la misma jacaranda, con sus ramas de morada floración a la hora de su muerte la rodearon. La cobijaron de una manera conmovedora, en un mes de abril de hace cuatro años. Y este último tiempo de doña Teresa fue muestra del amor a las plantas, a los árboles, a las flores. Las jacarandas que acabaron tomando posesión del solar donde la gente se reunió para despedirla el día en que su féretro quedó amorosamente rodeado por los pétalos morados de "la guardiana", como un reflejo de la labor de la señora Méndez de amor a la vida.

Por eso, el día de ayer, acariciar el tronco de esa jacaranda que le corre en suerte haber llegado a vieja, es como recuperar esa abuela que nunca tuve; es como sentir la savia y la sangre, que se confunden, al abrazar a las personas más queridas, o la doble sensación de hundirse en el aire y en la tierra.

No obstante, ¿cómo se describe esa sensación? ¿ustedes, alguna vez han abrazado un árbol?.



DOS

LA HISTORIA DEL "ABUELO"

En los orígenes de mi memoria la casa de Tarimoro tiene que ver con un solar lleno de huizaches y granjenos en donde sobresalía "el abuelo", que era un mezquite de tronco musculoso y corteza áspera y que provocaba la doble sensación de hundirse en el aire y en la tierra.

En algunas partes de su tronco tenía las cicatrices de los machetazos que los muchachos del barrio bravo de la Cantarilla le habían propinado para arrancarle la corteza y usarla como combustible, por eso el tío Eleuterio, le guarneció el tronco y la raíz desnuda a cal y canto para salvarlo, porque solía decir "que en los pueblos o rancherías de la región uno estaba parado donde alguna vez hubo un mezquite y no se valía tumbarlos para poner una casa o construir un edificio, ya que una planta nativa es la victoria de la vida sobre la muerta semiáridez mineral".

Hoy, el viejo mezquite de más de diez metros de altura y de tronco retorcido aún se yergue sobre el solar y ha sido testigo mudo de un sinnúmero de acontecimientos y ha sobrevivido a rayos e incendios como la última vez que sufrió quemaduras en el 50 por ciento de su tronco y "de milagro no se seco".
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