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Opinión
![]() Francisco López Ojeda
Don Enrique Jiménez Jaime
El Sol del Bajío
25 de marzo de 2007
"Escritor de madura personalidad. Amigo intachable, investigador serio y de una honradez a prueba de asombro, Enrique Jiménez Jaime fue durante muchos años el narrador del pasado "y de un presente de su época, que hoy también es pretérito. Así lo describe Herminio Martínez en el prólogo a la CRONICA DE CELAYA, que don Enrique publicara en el mes de abril de 1978, hace 29 años.
Fiel a su vocación de cronista, don Enrique, en el primer tomo de su libro, los principales acontecimientos ocurridos en esta ciudad, desde su origen otomí, e incluyendo los sucesos coloniales hasta los finales del siglo XVIII y paralela a esa historia diacrónica, trabajó en el acontecer sincrónico, describiendo los hechos frescos que le tocó vivir, acaecidos durante los meses de mayo de 1977, hasta abril de 1978. Don Enrique dejó inconcluso el segundo tomo de su obra, la cual abarcaría a partir del siglo XIX, hasta la época de la Reforma y anotando la crónica de los meses de mayo de 1978, hasta abril de 1979. De los doce cuadernillos de que constaría este tomo segundo, sólo terminó de redactar hasta el noveno fascículo. Este texto, ya impreso, lo conserva su familia y sería conveniente que se editara y empastara para el conocimiento y deleite de los celayenses. Regresando al primer tomo de la mencionada CRONICA, ilustrada con dibujos del propio autor y de Agustín Rojas, además con las espléndidas fotografías que facilitaron; el Instituto Nacional de Antropología e Historia, doña Abigaíl Carreño, Don José Doroteo Oviedo, el "Capi Oviedo y de la colección del propio autor; don Enrique escribió lo siguiente respecto de la fundación de Celaya y dice: "Sobre la fecha de la fundación han existido divergencias, pues mientras unos sostenían la del 12 de octubre de 1570, otros la del 1° de enero de 1571". "Nosotros estamos convencidos de que la fecha legal, conforme a Derecho, es la del 12 de octubre, puesto que en tal fecha se firmó el documento del cual se derivaron, posteriormente, por mandamiento, todas las acciones de todas las índoles, inherentes a una fundación". "La del 1° de enero, cívicamente debe ser importantísima en la vida de los celayenses, puesto que en tal ocasión, por mandamiento se eligió el primer Ayuntamiento a base de cuatro regidores, los cuales después de nombrados y elegidos, nombren y elija dos alcaldes ordinarios, de los más viejos y honrados que entre ellos hubiere... y todo lo anterior, también por mandamiento, después de haber oído una misa del Espíritu Santo, según reza el documento firmado por el virrey don Martín Enríquez de Almanza". Luego, en la sección de su CRONICA DE CELAYA, que él denominó "Sucesos del mes", menciona que el día jueves 12 de mayo de 1977: "ante la presencia de todo el H., cuerpo edilicio, el presidente municipal de Celaya, C. Manuel Orozco Irigoyen, hizo entrega hoy, oficialmente, al autor de esta Crónica, del local que, en lo sucesivo, estará ocupado por el Archivo Municipal. "Al sencillo acto asistieron la Sra. Lic. Emma Carmona de Miaritis, secretaria del H. Ayuntamiento; la Sra. Abigaíl Carreño de Maldonado y el Sr. Jesús Márquez Montoya, ambos periodistas. Las tres personas mencionadas, miembros del Comité Pro Nomenclatura, pues el mismo local del Archivo será sede de este Comité". "En cuanto al Archivo Municipal, independientemente de la muy decorosa presentación del local, fue recibido con 483 volúmenes que van del año de 1866 al de 1948, a todos se les repondrá su pasta para lograr su conservación". "Como apéndice de esta croniquilla, consignaremos que este archivo (una mínima parte de su total) fue rescatado por el Lic. Manuel Orozco Irigoyen; inicialmente estuvo abandonado en el fondo de una alberca donde permaneció por años sin ningún tipo de cuidados; posteriormente se le trasladó a la bodega municipal. La otra parte -la mayor- según averiguaciones que hemos efectuado, fue vendida en forma verdaderamente criminal e irresponsable, a comerciantes en abarrotes que despachaban en documentos sumamente valiosos, sal, frijol, arroz, etc. No hemos averiguado en qué administración sucedió tal desaguisado". "Pero sí hemos sabido que el extinto historiador Rafael Zamarroni Arroyo, en forma accidental, rescató de algún establecimiento de la índole mencionada, una parte de este archivo y que alguna vez manifestó su intención de reintegrarla a Celaya siempre y cuando sus autoridades tuvieran sitio especial para tal documentación, además del sentido de la responsabilidad necesario para conservar y cuidar lo que es, ni más ni menos, que la historia de Celaya". Respecto de la vida y afanes de don Enrique Jiménez Jaime mencionó los siguientes datos: Inició la biblioteca de la Casa de la Cultura. Fue co-fundador con el Sr. Don Alfonso Cabeza de Vaca, de la corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana en Celaya. Fue miembro activo del Sindicato Nacional de Redactores de la prensa y de la asociación de Historiadores del Estado de Guanajuato. Los cargos honorarios en los que sirvió a Celaya fueron: Presidente del Comité de Acción Cívica y Social y director de la Bolsa de Trabajo y Servicios Sociales del Ayuntamiento, en la administración municipal del C. Javier Guerrero Rico. Presidente del Comité de Nomenclatura, en la administración de don Roberto Suárez Nieto, cargo que desempeñó hasta el día de su fallecimiento, 28 de diciembre de 1990, después de setenta años de vida. Director del Archivo Histórico Municipal -que tuvo como sede un local en el propio edificio de la presidencia municipal y luego se reubicó en la Casa del Diezmo, sitio en donde se encuentra actualmente, a cargo de don Carlos Ascencio- cronista de la ciudad de Celaya, primer cronista nombrado oficialmente en la administración del C. Manuel Orozco Irigoyen. Justo y merecido es el homenaje que hoy se rinde a don Enrique Jiménez Jaime. Una vida dedicada al estudio y a las letras, cuyo peso soportó con entereza y amor a la palabra ejercida en el periodismo y la crónica. Es un acierto del actual Ayuntamiento, dejar un testimonio que recuerde al primer cronista de Celaya, cuyo Archivo Histórico Municipal debe llevar su nombre, pero también es pertinente decir en estos momentos solemnes -en los que nos acompaña la familia de don Enrique, su esposa, Profa. María Elena Manríquez de Jiménez, sus hijos: Enrique, María Elena, Lourdes, Alejandra, Miguel, Guadalupe y Margarita, así como sus nietos y bisnietos, que no honran con su presencia -que es necesario que el Archivo Histórico Municipal de Celaya, cuente con un edificio propio con sede para el cronista de la ciudad y con instalaciones modernas y funcionales, con hemeroteca, salas de lectura, cubículos para el estudio e investigación, sitio del internet y fotocopiado, sala de microfilm y otros anexos necesarios para el mejor servicio a los usuarios; esta obra indispensable para Celaya, será la mejor contribución para el recuerdo y memoria de tan distinguido celayense.v Columnas anteriores
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