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Opinión
![]() Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
La revolución en el ballet
El Sol de México
25 de febrero de 2007
Nijinski, Diaghilev e Isadora
Sea lo que sea por lo que sea, en el nuevo siglo nada ha revolucionado el arte ni la cultura. La pintura, la literatura, la danza, el cine, la música, la escultura sobreviven nomás. Desde finales de la década del siglo pasado y en los siete años que van transcurriendo del año 2000, en ninguna de las artes las inspiradoras musas se han hecho presentes. Que este prolongado ayuno de novedades, cambios, revoluciones creativas, lo expliquen los que se dedican a estudiar, diagnosticar y analizar tal escasez en el ancho mundo de las bellas artes. A finales del siglo XIX se dio la revolución en el ballet con Nijinsky, Diaghilev e Isadora Duncan; en la pintura Van Gogh y Picasso; y en la literatura Marcel Proust y luego James Joyce; y en la música Maurice Ravel, Arnold Schoenberg, Claude Debussy e Igor Stravinski. Los bailarines rusos alcanzan fama mundial y con su arte contribuyen al nacimiento de compañías de ballet en otros países. La estadunidense Duncan va a Rusia "a demostrar que el ballet clásico estaba equivocado; que el baile debe ser libre y no la repetición de pasos ya instituidos". El ruso Michael Fokin define: "El ballet es un conjunto de música, baile, drama y pintura; cuatro elementos equivalentes que forman un todo". Fue el bailarín ruso Vaslav Nijinsky quien ejemplificó esta revolución de la danza, escandalizando al público con sus interpretaciones de "La siesta de un fauno", con música de Debussy. Un poema situado en la Grecia arcaica asociándolo a la juventud del arte. NIJINSKI Era hijo de bailarines y de suyo bailarín "de dotes sorprendentes, original y poderoso", cuyo increíble salto a través de la ventana ha quedado como legendario e irrepetible; se elevaba, quedaba suspendido en el aire y bajaba luego en la mitad del tiempo que había necesitado para subir. Al contrario de su ductilidad muscular y su plástica corporal, le costaba más hacer el trabajo que a cualquier otro artista de su profesión, ya que su formación musical era escasa y "su inteligencia lenta". De progenitores polacos de apellidos Fomich y Nijinski, fue el segundo de tres hijos, entre Stanislas y Bronislava. Nació el 12 de marzo de 1890, en Kiev, capital de Ucrania, Rusia. La familia vivía precariamente llevando la existencia de los artistas nómadas que se agrava con los primeros síntomas del desorden mental que afecta a Stanislas, que exige costosos tratamientos, y que también terminaría por declarársele a Nijinski como esquizofrenia a la edad de 29 años. La madre pasa a radicar en San Petersburgo y, a pesar de la pésima situación económica, consigue que Vaslav y Bronislava ingresen como pensionados a la Academia Imperial de Danza, atendiendo a sus dotes dancísticas. EL EXITO Y LA FAMA Habiendo obtenido su diploma en 1907, después de cinco años en la Academia, más por su talento como bailarín, ya que aprendía lento y con dificultades, se integró a la compañía de Teatro de Marinski. En unos meses se crea una sólida reputación y los grandes bailarines le aclaman como uno de los suyos. Baila al lado de Matilde Kschessinska, Olga Preobrajenska y las más eximias Anna Pavlova y Tamara Karasavina. De inmediato es recibido en los salones de la alta aristocracia y la nobleza como un nuevo ídolo, y él se abisma en una sucesión de fiestas que le seducen y aturden. En esas andanzas se encuentra con Serge Diaghilev, que va a transformar totalmente su arte y su existencia. DIAGHILEV Serge Paulovich Diaghilev nació en Novgorod, Rusia, en 1872; hijo de un militar y de una dama noble, quedando huérfano de madre en su primera infancia. Su abuelo había estudiado música con el compositor John Field e influyó en su nieto, aunque Pedro Ilich Tchaikovski, aún muy lejos de alcanzar la fama y la popularidad, fue quien despertó en Serge su pasión por la música y las artes. Estudió leyes en San Petersburgo, con muy escaso aprovechamiento y notable dedicación a la vida literaria. Dotado de una extraordinaria sensibilidad artística, a los cinco años dominaba el piano y componía música. Su intento de dedicarse a la música se vio frustrado por la opinión adversa de hacerlo de Rimski-Korsakov, el gran compositor. Toda su vida fue un patriota ruso, iniciando en San Petersburgo una campaña destinada a abrir a Rusia a las corrientes artísticas vanguardistas, organizando para ello, en el palacio Tauride, la primera exposición de arte ruso en su propio país. Nombrado director adjunto del Teatro Imperial, sus proyectos fueron obstaculizados por los artistas conservadores y aunque el Zar Nicolás II simpatizaba con sus ideas, por su carácter débil no apoyó los proyectos de Diaghilev y ante el fracaso, éste marchó al extranjero. LA EXPOSICION DE ARTE RUSO EN PARIS Diaghilev fue comisionado para exponer las artes rusas en el extranjero y en ese encargo organizó en París, en 1906, la gran exposición de arte ruso que incluía iconos, pinturas, paisajes y escultura. La muestra fue una revelación para los parisinos y el mundo. Ya había estado antes en el extranjero, viajando por primera vez a Alemania, Francia e Italia, donde conoció a Emilio Zola, Charles Gounod y Giussepe Verdi. En 1909, en el Teatro de Chatelet, en París, presentó los Ballets Rusos, mismos que revolucionarían el ballet y que llegarían a ser la creación de su vida. En ese escenario fueron lanzados al mundo Nijinski, Massine y Lifar, tres genios de la danza, a los que se agregarían para la celebridad universal Pavlova y Karasavina y también Isadora Duncan. Sus primeras coreografías las concibió aprovechando la nueva música rusa, que entre 1902 y 1912 produjo la suite de Rimski-Korsakov, "Scherezade", el ballet más complejo y perfecto de la primera época; en las danzas del "Príncipe Igor" y las "Danzas polovetsianas" de Alejandro Borodin, y en "La siesta de un fauno", de Debussy, que "resultó un escándalo memorable". Poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, el ruso Michel Fokin, creador de la coreografía moderna, publicó en el Times de Londres un artículo en el cual definió las máximas de su arte que se resumen en "la necesidad de inventar nuevos movimientos que correspondan al carácter musical; el ajuste de la danza y el gesto a la expresión de la acción dramática; en que el cuerpo del danzante tenga la expresividad desde la cabeza a los pies; en el progreso del ballet, desde la expresión del rostro individual a la totalidad de las personas en movimiento en cada escena; y en la pareja importancia de la danza, la música y el decorado". La relación de colaboración entre Fokin y Diaghilev hizo la revolución en el ballet, y dieron el espacio para que Nijinski, Leifar y Pavlova hicieran lo suyo eximio. Pavlova, conocida como "El Cisne Inmortal" por su interpretación del ballet "El lago de los cisnes" de Tchaikovsky, era de origen polaco nacida en San Petersburgo, vivió en la pobreza hasta que fue seleccionada como alumna del Ballet Imperial Ruso y siempre se ocupó por ayudar a los niños rusos huérfanos. Leifar en su libro "La danza" describe a Daghilev: "El demonio inquieto de la novedad que poseía a Daghilev contagiaba a sus colaboradores. La búsqueda de lo nuevo, el deseo de conocer lo de hoy y prever lo de mañana eran una necesidad casi orgánica. El modernismo se precipitó en los ballets rusos con el cubismo, el surrealismo, la gimnasia rítmica, los deportes, el cinematógrafo, el maquinismo, el exotismo y el primitivismo negro, la acrobacia y el music-hall". DIARIO DE UN LOCO En 1919, Nijinski se retiró de la escena debido a una fuerte enfermedad nerviosa, que le fue diagnosticada como demencia precoz o esquizofrenia. Tenía 29 años de edad. Poco antes de su caída, durante su estancia en un sanatorio psiquiátrico en Suiza, antes de ser internado definitivamente, durante tres semanas de desesperación, soledad, pérdida, obsesiones sexuales y nostalgia por ser nuevamente acogido y consentido por el público, escribió un Diario. Es un libro confuso, lleno de incoherencias, en el que le reprocha ferozmente a Diaghilev "haberlo abandonado por otros" y, al mismo tiempo, le declara "un amor profundo e insustituible", y a su esposa Romola de Pulsky, hermosa y joven húngara, que admira apasionadamente su danza, le dedica un exaltado elogio por haberlo impulsado a dejar a Diaghilev para él mismo crear su propia compañía de ballet, la que finalmente fracasó, aunque influyó definitivamente en la transformación del ballet. Treinta y un años pasó Nijinski en reclusión psiquiátrica en un sanatorio londinense, donde falleció el 8 de abril de 1950 a la edad de 60 años. Romola, fiel esposa y compañera, estuvo a su lado todos esos años de oscuridad mental. DUNCAN Todavía es la "Madre de la Danza Moderna", a casi un siglo de su arte revolucionario. Su vida privada se hizo escándalo porque su moralidad correspondía a su revolución del arte del ballet: sin límites y sin convencionalismos. Danzaba descalza, sin las clásicas zapatillas; vestida sólo con una túnica que dejaba ver su cuerpo desnudo, sin la faldita de tul ni el corsé cubriendo los senos. Era bisexual, tanto como Nijiski y Diaghilev eran homosexuales. Sin haber contraído matrimonio tuvo hijos varones, uno con el diseñador teatral Gordon Craig y otro con Paris Singer, hijo del magnate Isaac Singer, famoso por las máquinas de coser de su invención. Durante el tiempo que pasó al lado de la actriz Eleonora Duse, para recuperarse del trágico accidente donde fallecieron sus pequeños hijos Deirdre y Patrick, ahogándose en el río Sena, ambas se hicieron amantes. También tuvo relaciones con la poeta Mercedes de Acosta, la amante de Greta Garbo, y la escritora Natalie Barney. Duncan mantuvo su bisexualidad durante toda su vida y era su libertad y derecho. En 1922 casó con el poeta ruso Sergei Esenin, separándose antes de finalizar el año. Meses después, Esenin se suicidaría. Nació el 17 de mayo de 1878 en San Francisco, California, Estados Unidos. Sus progenitores: Dora Gray y Joseph Charles Duncan. Ella pianista y maestra de música, y él poeta. La pareja se divorció e Isadora fue enviada a una escuela privada para su educación, aislada de sus progenitores. Ahí fortaleció su carácter independiente. A los seis años de edad bailaba por dinero y enseñaba a bailar a niñas y niños de su edad. En 1909 marchó a París, se instaló en el barrio bohemio de Montparnass, donde fundó una escuela de danza bajo sus propios principios renovadores. Pronto alcanzó celebridad con su nuevo estilo de danza, llevando a cabo giras con la compañía inglesa Loie Fuller por toda Europa y, atendiendo a su arte revolucionario, fue invitada por el Gobierno soviético para abrir una escuela de danza en Moscú, pagándole todos los gastos de sustentación y vivienda. Duncan no soportó el régimen comunista ni los comunistas a ella y abandonó la Unión Soviética. Tras la separación de Esenin, una relación de riñas cotidianas que incluía destrozar el mobiliario de los cuartos de los hoteles donde pernoctaban durante sus giras, el poeta regresó a Moscú, donde sufrió un quebrantamiento mental, suicidándose en el hospital donde había sido internado tres meses antes. Lo que siguió de la vida de Isadora fue otra sucesión de extravagancias, escándalos y quiebras financieras. Tornó ser alcohólica y tuvo una muerte trágica cuando, la noche del 14 de septiembre de 1927, después de un paseo vespertino por la Promenade des Anglais, en Niza, lugar donde escribía su autobiografía, subió al coche deportivo de su amigo Benoit Falchetto Amilcar y en esas, el chal rojo que llevaba anudado al cuello se enganchó con una de las ruedas traseras, rompiéndole el cuello y matándola casi al instante. Su cuerpo fue cremado y sepultado en el cementerio parisino de Pére Lachaise, en París. LOS HECHOS Y LOS PREJUICIOS Nijinski y su hermano esquizofrénico. Diaghilev no, pues murió a consecuencias de la diabetes que padecía desde hacía muchos años. Historias de tragedia familiar y suicidios son algo que igualmente identifica y emparenta a estos genios que transformaron las artes, tanto como su homosexualidad y bisexualidad. De allí que se hayan engendrado tantos prejuicios con relación al arte, sus creadores y protagonistas. Duncan, Nijinski y Diaghilev son genios que cambiaron el rumbo de las artes, esencialmente el ballet, por su talento y facultades corporales y de organización extraordinarias, y no por ser lo que fueron en sus otras conductas existenciales, sin ignorar lo que vivieron. Esto. Columnas anteriores
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