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Opinión
![]() Antonio Espino Mandujano
Las fiestas de "San Juanito"
El Sol del Bajío
21 de febrero de 2007
LOS NIÑOS DANZANTES
Y EL MARTES DE CARNAVAL La tarde del pasado viernes en San Juan de la Vega los contingentes de niños danzantes avanzan por las calles festejando a "San Juanito", el misterioso santito "milagroso y castigador", acompañados de repente por las explosiones de los últimos rayos del sol invernal en lo alto del cielo y los músicos de la banda de viento que agarraron ritmo de pasito duranguense e hicieron que la sonoridad de El toro de once o El burro desmecatado se dispersara por el pueblo. Es el inicio de la fiesta y San Juan se convierte en romería. Los ánimos se encendieron cuando la danza de niños recorre las calles bailando hasta llegar a la capilla de San Antonio, en donde el espacio es colmado y quién sabe cómo le hicieron, pero la concurrencia desafió la ley física de que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio y se puso a bailar. El júbilo siguió hasta la madrugada. Las alegres notas al puro estilo de banda invadieron la noche e hicieron que el público, en el que sobresalían muchachas de blusa o playera escotada y chavos de tipo cholo dieran rienda suelta a su alegría, en un acontecimiento que culminó ayer martes de Carnaval y que reúne a cientos de fieles entorno a "San Juanito" cuyas interpretaciones de su figura han sembrado más misterios que luces, confundiendo la historia de este personaje que transcurre en la población de San Juan de la Vega. MARTES DE CARNAVAL El punto culminante de las fiestas de "San Juanito", es el desfile alegórico y enfrentamiento con los "ladrones" que roban el mineral a Don Juan Aginos de la Vega, según la leyenda y donde ayer asistieron cientos de espectadores disfrazados de bandidos, arrieros y cholos, soldados y otros motivos coloridos. Los "buenos", como se conoce al pueblo disfrazado que asiste al "encuentro", salieron a la calle de esta población desde muy temprano para continuar la fiesta que inició el pasado viernes y que concluyó ayer, antes del inicio de la Cuaresma, en la explosión de petardos en la cancha de futbol por un grupo de jóvenes apodado "el convoy festivo" y donde resultaron 17 lesionados. Por detonación de artefactos explosivos y exceso de alcohol. EL AGRADECIMIENTO DEL BURRO DESMECATADO Doña Graciela Frías, habitante de la comunidad y encargada de "las pertenencias de San Juanito", entorna los ojos y con un gesto de sorpresa, se dirigió a un grupo de mujeres que arreglan una ofrenda al pie del altar del santito: "¡no me la van a creer, pero ya viendo de nuevo el burro desmecatado!", comentó. Y dicho y hecho, con sus gruesas cadenas de oro que colgaban de su cuello, Pancho Mejía, como cada año, hizo su arribo a la casa del santito. Caminó muy despacio, con mucho cuidado, como si no deseara hacer el menor ruido con sus botas picudas hechas de piel de avestruz. Miró a las mujeres y con una inclinación las saludó respetuoso, al tiempo que se quitaba el sombrero. Permaneció algunos minutos de pie frente al pequeño altar del santo, después se arrodilló en el piso, sacó una veladora que guardaba en los bolsillos del pantalón de mezclilla y al encender la mecha hizo que la llama iluminara una enorme figura de "San Juanito" de oro puro suspendida contra su pecho. Pasaron varios minutos hasta que el paisano no podía contener el llanto, que absorbía con un colorido paliacate. El hombre quería disimular el baño de sus pómulos, pero el sentimiento era ostensible, de modo que no dudó en dejar que rodaran las lágrimas, en respetuoso y desbordado silencio. Las mujeres lo miraban atentas, con esa curiosidad y aire de timidez que provocaba la fe desbordada del paisano que observó por largo tiempo y desmedida devoción la figura de "San Juanito" que, según doña Graciela, sigue dando la mano a muchos fieles desde que don Juan Aginos de la Vega le rogó al santito para que le devolvieran su dinero cuando unos ladrones atacaron su caravana y le robaron todo el mineral. Ahora hay quienes aseguran que su espíritu guía las curaciones de la gente de la región y ayuda a los migrantes despejando de peligros el camino a la frontera. Se supone que a Pancho Mejía, más conocido como "el burro desmecatado", que reside en Chicago Illinois, le ha ido muy bien "en sus negocios". Si no fuera así, no vendría cada año, a humedecer la imagen con lágrimas y gotas de agua bendita, "que a decir del hombre, es por agradecimiento y testimonio de la efectividad del generoso San Juanito", asevera doña Graciela, mientras recoge un sobre amarillo para donaciones, que Pancho Mejía deslizó por la ranura de un cajón de metal. Columnas anteriores
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