Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
Luisa de Sajonia, "Mi reino por un amor"

El Sol de México
11 de febrero de 2007

Que un rey renuncie al trono por una mujer es la historia de Eduardo VIII de la Gran Bretaña, Irlanda y los Dominios Británicos de Ultramar, rey y emperador de la India, enamorado de la millonaria y divorciada Wallis Warfield Simpson. La abdicación al trono la hizo el 10 de diciembre de 1936.

Que una mujer renuncie a ser reina por un amor es extraordinario. Tal el caso de la longeva María Antonieta, archiduquesa de Austria, de la rama Habsburgo-Lorena, princesa de Sajonia y después duquesa de Montignoso, nombrada por la prensa como Luisa de Sajonia por ser noticia frecuente a principios de los años 1900.

Nació el 3 de septiembre de 1870, hija de Fernando IV, gran duque de Toscana, y de Alicia princesa de Borbón-Parma. Descendía en línea directa, en la cuarta generación, de la emperatriz María Teresa de Austria.

La duquesa de Montignoso fue hallada muerta en su casa de la avenida Klauwaerts, número 19, de Bruselas, Bélgica, el 23 de marzo de 1947. Un cobrador de tranvías y el dueño de un restaurante firmaron el acta de defunción en el registro civil de Ixelles. Fue sepultada en el cementerio de esa ciudad y su muerte no fue registrada por los diarios.

Los últimos años de su vida vivía cada vez más miserablemente, ayudándose con las clases de italiano que impartía a "algunos despistados".

Los vecinos la conocían "como la anciana dama, pequeña, encogida sobre sí misma, ofreciendo de puerta en puerta los encajes que confeccionaba y que algunos, pocos, le compraban".

La única visita que recibía ocasionalmente era la de la princesa Estefanía, cuando ésta pasaba por Bruselas.

En el 26 de septiembre de 1947, su séptimo hijo, Carlo-Emmanuel Toselli, profesor de música en Florencia, se apersonó en aquel "piso noble" para presentarle a la chica con quien se había casado. La pareja permaneció en Bruselas hasta principios de enero y regresó a su casa en la vía La Marmora, de Florencia.

Nadie más visitó a la excélebre Luisa de Sajonia.

Había publicado sus memorias: "Confesiones de una princesa. Diario auténtico de la princesa de Sajonia", en París, en 1906, y el libreto de una opereta, "La princesa bizarra", con música del director de orquesta Carlo-Emmanuel Toselli, su último amante y esposo, obras que no tuvieron mayor éxito.

LA JOVEN QUE TUVO AMANTE

La adolescencia de Luisa transcurrió tersamente en Salzburgo, porque su padre Fernando IV había sido despojado de su trono en 1859.

La obsesión del progenitor de Luisa era restaurar el reino y la dinastía de los Toscana en "alguna parte del mundo", le decía a su hija.

Fernando era amigo de la infancia del emperador de Austria, Francisco José, y por eso residían en Salzburgo.

En esas aspiraciones, Fernando se aplicó a situar a su bella hija cerca de don Pedro, sobrino del emperador de Brasil.

Para este propósito se organizó un baile en la Corte de Hofburg, en 1891. Luisa tenía ya 21 años y un secreto.

Resulta que años atrás, un apuesto caballero, cinco años mayor que ella, le había ayudado un día a dominar a un caballo desbocado. Luisa agradeció la hazaña, quedó seducida por su elegancia, distinción y seguridad viril, y allí mismo se entregó a él alegre y agradecida.

El caballero era el príncipe Federico Augusto de Sajonia, con el cual se citaba secretamente en Hofburg, aunque Fernando lo sabía y se hacía el desentendido.

Don Pedro sólo bailó un vals con la chica, ya que Luisa se pasó toda la velada bailando y conversando con su amante Federico Augusto. El príncipe era soltero y esta condición animó a Fernando entregarle a su hija formalmente. La boda se celebró en el Hofburg el 21 de noviembre, poco después del baile, y la pareja se fue de luna de miel a Praga, en el castillo de Hradschin, prestado "graciosamente por Francisco José".

Luego, la pareja se puso a vivir en el castillo real de Dresde, en medio de una "corte de opereta", que el protocolo había vuelto austera. Luisa no se desanimó, era alegre y espontánea, y a su tiempo el matrimonio procreó tres niños: George, Friedrich Christian y Ernest Henri, y dos niñas: Margarete y María, en un lapso de 10 años a partir de 1893 a 1903.

LA INFIDELIDAD LA VUELVE INFIEL

Era popular y la consentían, aunque la corte se sentía celosa de ella, de su gracia, espontaneidad e inteligencia, y por ello era "vigilada estrechamente".

Luisa era afectuosa con Federico, mas el príncipe, siguiendo las costumbres establecidas, guardó las distancias y dormían en alcobas separadas, mismas a las que sólo acudía Federico para en una o dos sesiones embarazar a su esposa.

También él hacía uso del "derecho de pernada" y tanto se acostaba con las damas de compañía como las sirvientas y asistía a la Opera de Dresde para ligarse a las cantantes.

Otra costumbre era separar a la madre de los hijos y esto afectó a Luisa, ya que sus hijos fueron retirados de su lado para confiarlos a los dignatarios que los cuidaban y educaban, ya que hacerlo era un privilegio y una distinción.

Ante esas realidades y el descuido en que la tenía Federico, pronto se hizo disponible para todos aquellos que quisieran complacerla, ya que ella era "ardiente y bien dispuesta", y no se privó de hacerlo con algún mozo de cuadra o un militar, como usualmente lo hacían las damas de la realeza, la nobleza y la aristocracia, con o sin el consentimiento de sus cónyuges.

Pronto, como igualmente sucedía, se hizo amante de André Giron, que era preceptor de sus hijas e hijos. Giron era un joven atractivo nacido en Bruselas. Intercambiaban cartas, poemas y caricias. Ella tenía 33 años y el joven 24.

La hermana de Federico, "una solterona biliosa y siempre al acecho", descubrió a los amantes en el momento del clinch y de inmediato los denunció a su hermano. Giron fue despedido y cuando Luisa se enteró, suplicó a Federico que lo reinstalara en su cargo de docente. Esto no lo concedió Federico porque en unos días sería proclamado rey y Luisa sería la reina.

MI REINO POR UN AMOR

La expresión "mi reino por un amor" se emparenta con la expresión del rey inglés Ricardo III, quien habiendo perdido la batalla, clamó en medio del desastre: "¡Un caballo! ¡Mi reino todo por un caballo!", escena que William Shakespeare plasma en su tragedia.

Luisa perdió el trono "por un amor", pues Federico se divorció de ella. El matrimonio que había comenzado en amasiato duró 10 años.

LUISA HUYE

Antes del desastre del divorcio, Luisa se escapó del palacio aprovechando que Federico, que todavía no era rey, andaba de cacería en los bosques del Tirol, y en una jornada fatigosa llegó al castillo de Salzburgo, apersonándose ante su padre y hermano mayor para pedirles consejo, tras haber sido descubierta en su gozoso adulterio.

El padre de Luisa tenía a la sazón, como luego se dice, 68 años y estaba feliz porque su hija iba a convertirse en reina, así que le aconsejó "paciencia y resignación; tus caprichos de mujer embarazada no deben ser dramatizados: ¡regresa a Dresde y deja que el tiempo arregle las cosas!".

Sin embargo, el hermano de Luisa, el archiduque Leopoldo, fue menos tolerante y, previendo el desastre, le confió que él iba a casarse con su amante, que iba a retirarse a Suiza y que, tomando el nombre de Woelffling, "llevaré allí una vida burguesa y feliz, por tanto te recomiendo que sigas mi ejemplo".

LOS AMANTES SON DESCUBIERTOS

Luisa decidió seguir el consejo de su hermano de casarse con Giron y renunciar al trono "para llevar una vida burguesa y feliz", así que abordó el tren rumbo a Zurich, habiéndole antes telegrafiado a su amante para encontrarse con él en la capital suiza.

Se encontraron y se hospedaron en el hotel Baur auc Lac, bajo falsas identidades, y luego de dos semanas de intenso gozo, decidieron proseguir y fortalecer sus relaciones yéndose a residir en Ginebra.

Infortunadamente el carruaje en el que viajaban del hotel a la estación del tren sufrió un accidente espectacular y la policía local tomó nota de ello, inscribiendo en su reporte los nombres de la pareja que tuvo que revelar sus identidades.

Apenas habiendo bajado del tren a la mañana siguiente, lo primero que leyeron en el matutino Neue Zürcher Zeitung fue la noticia del accidente y ellos como sus protagonistas.

En la estación de Ginebra-Cornavin ya estaban los inspectores de la policía suiza vigilando a la pareja, así como los reporteros del diario y los paparazzis de aquellos tiempos, que tomaron fotografías de la princesa y su acompañante.

Seguidos por los periodistas y los no tan discretos inspectores, Luisa y Giron se alojaron en el hotel d´Anglaterre. Decenas de curiosos miraban al hotel desde las aceras y desde el muelle del lago de Ginebra. Habían despertado la curiosidad pública.

ESCANDALO Y DIVORCIO

Los medios dimensionaron el asunto, llegándose incluso a publicar la sospecha de que la princesa había sido raptada por Giron. Luisa era popular entre los estudiantes universitarios y éstos llevaron a cabo una manifestación para exigir, bajo las ventanas de palacio, el regreso de la princesa. La policía dispersó a los estudiantes sin que hubiese ni un herido y ante tales demostraciones de afecto, que no correspondían a la realidad del adulterio, el barón Von Metzch, jefe de gobierno, de acuerdo con el rey, solicitó a Roma la anulación del matrimonio.

El Vaticano se negó argumentado que no existían pruebas suficientes, mas el Tribunal de Excepción de Dresde pronunció, el 11 de febrero de 1903, la anulación del matrimonio.

A Luisa se le otorgó una pensión anual de tres mil marcos y el título de condesa de Montignoso, prohibiéndosele todo derecho a visitar a sus hijos, entregándolos en custodia a su abuelo.

El emperador Francisco José le retiró el rango y el título de Austria.

LA REINA "LEGITIMA"

Luisa tenía ocho meses de estar en "estado de gracia" y, al ser informada que su segundo hijo Friedrich Christian estaba gravemente enfermo, pidió autorización para visitarlo en Dresde. La petición le fue denegada.

En esas horas de tensión y angustia, Luisa le sugirió a Giron fuese a Bruselas durante un tiempo, considerando que así se le concedería "la merced de ver a mi hijo". Giron no sólo aceptó la sugerencia, sino que huyó, desapareciendo para siempre.

Luisa dio a luz a su sexta hija Anna Monique, en la mansión de la gran duquesa de Toscana, que la invitó a su propiedad en Lindau, a orillas del lago Constanza.

"¡VIVA LA REINA! ¡LA REINA AL PALACIO!"

Tras la huida de Giron, la recuperación de su hijo y su parto, Luisa se dedicó a vagar durante cuatro años por los balnearios y playas de Europa, y durante una estadía en Florencia, el 14 de octubre de 1904 murió el anciano rey de Sajonia y su exmarido Federico ascendió al trono.

Luisa le envió un afectuoso telegrama de pésame y felicitación que nunca obtuvo respuesta.

En diciembre de ese año decidió apersonarse en Dresde y una tarde de invierno se presentó ante la Guardia Real que le impidió el paso: "El ingreso al palacio le está prohibido", se le dijo.

Luisa cenó en el restaurante de la estación del tren, donde los comensales la reconocieron y la aplaudieron. Habiendo cenado, Luisa se alojó en el hotel Terminus.

La noticia conmovió a toda la ciudad y, desde el amanecer, los curiosos y los estudiantes reunidos en torno al hotel la aclamaron y vitorearon durante horas:

"¡Viva la reina! ¡La reina al palacio!".

EL EXILIO

Luisa, conmovida y engallada, se decidió a ofrecer una conferencia de prensa y citó a los medios.

El vestíbulo del hotel se llenó de reporteros y cuando ella se aprestaba a hacer una declaración en el sentido de ostentarse como "la legítima reina", el comisario de la policía de Dresde la detuvo antes de bajar al vestíbulo y le dijo: "Señora condesa de Montignoso, tengo la misión de conducirla a la estación, de grado o por la fuerza. Le ruego que me siga".

Luisa subió al tren rumbo a Leipzig y nunca jamás regresó a Dresde. Tenía 36 años de edad.
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