Opinión / Columna
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Francisco López Ojeda
ESTA COLUMNA NO ES PARA LOS OPTIMISTAS
El Sol del Bajío
13 de junio de 2010
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Tampoco lo es para los pesimistas, aunque dicen que el pesimista es un optimistas bien informado. Esta columna está dedicada principalmente a las personas a quienes les preocupa vivir en una ciudad tan contaminada y tan insegura, en donde la falta de autoridad se percibe por doquiera, no sólo en la basura en las calles y cualquier lugar; sino también por la anarquía que priva en todas partes, por su ingobernabilidad evidente: con los autobuses urbanos, por laforma en que manejan los automovilistas con sus celulares prendidos a las orejas; con los niños pegados a los volantes; por ciclistas que se atraviesan en contrasentido; por los motociclistas que suben y bajan por los puentes; por los lugares "apartados" en casi todas las calles; por el caos vial en las entradas y salida en las escuelas; por el paso del tren, a todas horas; por el temor que deja vacías las calles por las noches; en fin, todas esas molestias, las cuales, en la mayoría de ocasiones tienen consecuencias, y que reflejan un vacío de autoridad que conduce a la anarquía social y a un clima de violencia urbana y rural.
No existe un contrapeso entre la obra social y la delincuencia, la balanza se inclina a favor de los delitos y su impunidad.
Antes que un servidor, hay otros en la fila de los reclamos, y en la fila de los elogios a las autoridades municipales, pero la primera es la más numerosa, pues son muchos los agravios que padecen las ciudadanas y los ciudadanos de Celaya; no únicamente en la cuestión de la inseguridad, sino en otras áreas de los servicios públicos.
Cuando las autoridades no atienden las quejas y las críticas, las denuncias, se recuerda una frase del escritor Saúl Bellow; "¿Puede el sordo afinar pianos?", porque Celaya necesita una gran afinación en todos los sentidos: "De aquello que es pasado, pasado o por venir" (Yeats).
Algo que llama la atención es el enrejado que los vecinos han colocado y están instalando en colonias como la Residencial, Arboledas, el Atrio.
Es verdad que obstaculizan el paso por la vía pública, pero es cierto también que son acciones a las que han llegado, están tomando y adoptarán ante la escasa respuesta de las autoridades municipales en la vigilancia de Celaya. Miles de estudiantes, maestros y ciudadanos marchan por la ciudad, demandando seguridad y justicia, y diciendo a la presidenta municipal que si no puede con este problema es mejor que renuncie. Otros ciudadanos, ponen rejas en sus colonias y bardas (Valle de los Naranjos); ¿qué sigue después?, ¿otra manifestación?, ¿más rejas y bardas para protegerse de la delincuencia, hartos ya de tantas agresiones? ¿los estudiantes y maestros formarán grupos de autodefensa en sus colegios?, ¿los ciudadanos empezarán a armarse para enfrentar a los agresores en defensa de sus vidas y patrimonio?.
Encontré una frase que escribió José Ortega y Gasset, un gran filósofo español: "El mayor crimen está ahora no en los que matan, sino en los que no matan, pero dejan de matar". Estimados lectores, este pensamiento tan contundente, es para reflexionarlo.
Una versión optimista para Celaya y para todas partes, sería que las autoridades gobernaran y cumpliesen con sus obligaciones que les marca la ley y que los ciudadanos también hicieran bien las cosas para que viviésemos en paz y tranquilidad.
A pesar de todo, pensemos en la felicidad, aunque como dice el poeta Delmore Schwartz: "cada día trae su cuota de ira", y en la paz "que es una gota lenta", de acuerdo con un verso de William Butler Yeats.
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