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Opinión
![]() Francisco López Ojeda
Construir, pero tambien restaurar
El Sol del Bajío
5 de febrero de 2007
Es notorio y significativo, el deterioro y abandono en que se tiene a importante testimonios y monumentos que se encuentran en nuestra ciudad.
Es cierto que el tiempo, que todo lo consume, influye para el desgaste de estas obras, pero también es verdad que la indiferencia y la falta de atención y cuidado complementan la destrucción y si a ello agregamos el vandalismo, la apatía de la sociedad y el descuido de las autoridades, se cierra un círculo que condena a tal patrimonio cultural a desaparecer. Es el caso de Tresguerras, su casona fue demolida en el año de 1947. Ni siquiera estuvo a salvo su hogar, a pesar de que Francisco Eduardo fue el más insigne y famoso arquitecto celayense, además pintor, literato, maestro de Obras Públicas, alcalde, hijo predilecto de Celaya y otras glorias más. Aún así, con tales títulos y glorias, su casa desapareció. La capilla que guarda sus resto, no ha tenido un mejor destino, pues se encuentra cerrada, por fuera y por dentro, enmohecida, húmeda, sucia y olvidada, como un anexo al templo franciscano del que nadie se acuerda. ¡Que extraña manera tienen los celayenses para honrar a su hijo insigne!. Primero, destruyendo su casa, que debió convertirse en un museo y luego, ignorando su capilla que debería ser exhibida con todo el decoro y prestancia para rendir homenaje al artista más destacado que ha producido Celaya. Es indudable que esta capilla merece que se restaure lo más pronto posible, así como los demás objetos y cosas que obran en su interior; y que se abra al público. Hace falta, también, que se organice una gran exposición de la obra del gran celayense, para que conozcamos sus creaciones que están dispersas en museos y en poder de coleccionistas particulares. Respecto a otro patrimonio muy valioso que está recibiendo constante daño y que se trata del Puente de Las Monas, es necesario recordar que se inauguró el 27 de septiembre de 1844. Su construcción fue ordenada por el jefe Político D. Pantaleón Espinosa de los Monteros y la que el escultor celayense D. Longinos Núñez pusiera dos estatuas de cantera en ambos lados, coronando su estructura. Es urgente que las autoridades municipales rescaten este preciado monumento, además de bello, actualmente se encuentra grafiteado y en absoluto abandono. Es posible cambiarlo de lugar, a otro sitio en el cual se procure su conservación, a un espacio en donde pueda tener seguridad; por ejemplo, en un lugar público como el Parque Xochipilli. Si continúa en donde está, es condenarlo a su destrucción. No es posible que Celaya continúe perdiendo o poco que aún le queda. El mural que recuerda la fundación de Celaya y que se localiza en el atrio de los dos templos, en el barrio de el Zapote, data del año de 1966. Obra de los pintores; Cristina Lozano de Jáuregui, José Luis Jáuregui y Víctor Ríos Valencia. Los años de han encargado de ir borrando esta obra que permanece a la intemperie y el daño muestra es evidente. Es recomendable que este importante legado mantenga su presencia en este histórico lugar en donde antaño estuvo habitado por los otomíes con el nombre de Nattahi y posteriormente se transformó en el pueblo de La Asunción. Aquí se ofició la misa que antecedió al nombramiento del primer cabildo celayense. Aquí frondeció el mezquite legendario. Por eso, el mural que recuerda nada menos que el nacimiento de Celaya, debe continuar ornando el barrio de El Zapote. Este mural debe ejecutarse nuevamente, pero ahora con un material que garantice una mayor duración a cielo abierto, por ejemplo, en mosaico (como el mural que se ubica en el Instituto Tecnológico de Celaya y que fue diseñado y ejecutado por los maestros: Agustín Rojas y Jesús Oñate, respectivamente e inaugurado el 17 de septiembre de 1985). Estas obras: la restauración de la capilla de Tresguerras, el Puente de las Monas y el mural en mosaico que conmemora la fundación de Celaya, deben incorporarse a los proyectos del gobierno municipal, porque es muy importante para Celaya que los pocos tesoros históricos, culturales y artísticos con que cuenta el municipio, se conserven para el presente y para el futuro. ¿O acaso el peso de la indiferencia oficial y social será mayor que la preocupación de salvaguardar el patrimonio cultural celayense?. Tenemos la esperanza de que la sociedad reaccione positivamente y que la actual administración municipal tenga la voluntad política para resguardar y preservar este acervo de los celayenses. O a caso, pronto tendremos que decir, con Jorge Ibargüengoitia: ¿Estas ruinas que ves?. Existieron en Celaya. Columnas anteriores
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