Opinión / Columna
 
Entre Piernas y Telones 
"Gorda"
El Sol de México
20 de marzo de 2010

  Hugo Hernández y Claudia Romero

INTELIGENTE, DIVERTIDA, DESCARNADA... TREMENDA

Si alguien nos acusara de ser discriminadores, lo negaríamos tajantemente.

¡Claro que no!, responderíamos; he incluso nos ofenderíamos.

Sin embargo, siendo un poco observadores, descubriremos que todos tenemos actitudes de rechazo y menosprecio hacia los otros, muchas de ellas inconscientes, pero que no por ello son menos dañinas y condenables.

Discriminamos lo que no conocemos, lo que nos confronta, lo que nos pone frente a un lente de aumento y agiganta en los otros lo que no queremos ver en nosotros mismos, pues amenaza nuestras pequeñas seguridades personales o grupales.

Y ese es, precisamente, el tema de Gorda, escrita por Neil Labute, uno de los escritores contemporáneos más provocadores del momento y de quien ya hemos visto en nuestro país Por Amor al Arte y Ruinas, ambas, también al igual que Gorda, actuales, inteligentes, agudas, crudas, descarnadas, tremendas...

Si bien el conflicto de esta obra se desata a partir del tema del sobrepeso, la reflexión y la crítica del autor va mucho más allá. Habla de la discriminación y de lo que nos cuesta a todos: a los discriminadores (todos) y a los discriminados (todos).

Gorda cuenta la historia de Tomi, un hombre exitoso y aparentemente muy seguro de sí mismo que un buen día conoce a Helena, una mujer que lo atrapa con su belleza, su buen humor y su optimismo. Lastimosamente ella es gorda y ese "defecto" la hace blanco de las críticas de la gente que rodea a Tomi, quien parece estar decidido a olvidarse del qué dirán y darse la oportunidad ser feliz, plenamente feliz.

Gracias a este estupendo texto y al cuidado montaje, comandado por uno de los directores de escena más prestigiados de América, Daniel Veronese, Gorda "pega" en el cerebro y el corazón de cualquier espectador, porque todos, absolutamente todos, nos vemos reflejados en lo que sucede en el escenario.

Y es que tan grave es la discriminación como el extremo cuidado de las apariencias, por el temor a ser excluido de un grupo con el cual no se coincida al 100 por ciento.

Ovación de pie merece el trabajo histriónico de los cuatro actores que integran el elenco: Héctor Suárez Gomís, Juan Carlos Barreto, Lourdes Reyes y Mireia Gubianas.

Suárez Gomís, como Tomi, muestra a lo largo de los 100 minutos que dura la acción, el desarrollo psicológico de un personaje que pasa por momentos diametralmente opuestos, siempre exacta y estupendamente interpretados por este actor.

Por su parte, Mireia Gubianas es una verdadera joya, no por nada los productores de esta obra han apostado por ella para los montajes que se han hecho en Barcelona (durante un año), Buenos Aires (dos años) y ahora Ciudad de México.

Mireia es una estupenda actriz, que logra transmitir la alegría, la valentía, la fuerza y, al mismo tiempo, la debilidad de Helena.

El trabajo de Barreto y Reyes puede resumirse en un contundente calificativo: brillante.

Gorda es una obra en la que todo mundo se ríe mucho, todo mundo piensa mucho, todo mundo se conmueve mucho. ¿Se puede pedir algo más?

UN TEXTO QUE NOS DESNUDA COMO SOCIEDAD

El mes pasado se estrenó en el teatro Fernando Soler del Centro Cultural "Manolo Fábregas" la obra del norteamericano Neil Labutte, Gorda, cuyo título original es mucho más violento: Fat Pig (Gorda Marrana). Hace algunos años tuvimos la oportunidad de ver otra obra de este mismo autor: Por Amor al Arte. En ambos trabajos se cuestionan los lineamientos de belleza determinados por el gusto occidental. En el caso específico de Gorda, seguiremos dichos lineamientos incluso por encima de nuestra felicidad.

Tomi es un tipo que promete en el ámbito social y profesional, y no hay maldición más grande que ser una joven promesa; desde ese momento estás condenado al fracaso, pues los demás no sólo esperan, sino que exigen. Y el aludido se pasa la vida tratando de satisfacer las expectativas ajenas, procurando la felicidad de los otros y nunca la propia. Pero como la felicidad es un asunto de cada quien, no cumple con su cometido. En este sentido, en Gorda, ninguno de los personajes se salva, todos están condenados a vivir en función del otro.

Este hombre se enamora de una simpática e inteligente mujer con quien se identifica y se siente feliz, pero la oculta. Su amigo, su antigua novia, al descubrir esta relación, lo cuestionan y confrontan. Y es que la nueva mujer pesa cerca de cien kilos.

Este maravilloso texto que nos desnuda como sociedad lo dirigió en Argentina Daniel Veronese y vino hoy a México a reponerlo con talento nacional. La producción es limpia e ingeniosa y la dirección es impecable, deja fluir el texto y explota al máximo el potencial de los actores, los deja ser y hacer como si él no existiera y nada más falso, detrás de cada línea, cada movimiento, intención, está el gran juguetero que mueve el universo sin hilos.

No es la primera vez que disfrutamos en México un montaje de este director, recordemos Mujeres Soñaron Caballos y Teatro Para Pájaros. En todos ellos, incluyendo Gorda, explora las relaciones humanas a fondo, hasta confundir las palabras y sus significados, crea atmósferas violentas y sin concesión alguna, nos desnuda a todos frente al espejo, somos ciegos, necios y cobardes.

Finalmente, quiero destacar la generosidad artística de Daniel Veronese, para él, el teatro es teatro, no importa si es comercial o subvencionado, se entrega al público para hacer claro su mensaje y hace brillar al elenco que podríamos pensar son los autores del texto.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas