México
Urgen a humanizar el castigo en las cárceles
En la última década el tema penitenciario se ha desgastado en su funcionalidad y la efectividad que proponía ya no logra satisfacer a la comunidad. Foto: Archivo / El Sol de México
Organización Editorial Mexicana
9 de noviembre de 2009
Nidia Marín / El Sol de México
Ciudad de México.- Dejar en el olvido los deseos pretenciosos de la rehabilitación en los penales y dar lugar a la sociología y a los servicios sociales como la estructura jerárquica en la nueva organización penitenciaria, en este caso con su eje de acción en la "humanización" del castigo, es el planteamiento de David Ordaz Hernández.
El investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE) de la Procuraduría General de la República, David Ordaz Hernández, considera, además, que también es momento de dejar atrás las Normas Mínimas y elaborar una nueva versión de nuestras normas y realidad penitenciaria, todo bajo el estricto respeto de los derechos del hombre y la mujer.
En su trabajo "Sobre la reforma penitenciaria, de la readaptación a la reinserción social", publicado en el segmento de la institución "El INACIPE Opina", el especialista hace sus señalamientos con motivo de que la reforma constitucional en materia penal ha dado un giro total al ámbito penitenciario.
Recuerda que por varias décadas el gobierno penitenciario se centró en la posibilidad de una readaptación social, así como en las críticas que dicho objetivo recibió desde las diferentes posturas criminológicas, y admite que no hay datos que sustenten la efectividad de la readaptación, "sino todo lo contrario".
También resalta que en la última década el tema penitenciario se ha desgastado en su funcionalidad y la efectividad que proponía ya no logra satisfacer a la comunidad.
Además, considera: "Existen muchos factores que han disminuido el ideal readaptatorio, por ejemplo, se emplearon diferentes técnicas rehabilitatorias en el individuo sin lograr el cambio deseado. Los resultados con el tiempo fueron más desalentadores". Y refiere lo que se busca ahora: un pensamiento penitenciario renovado, una reforma que borre el deseo de la readaptación y se enfoque más al vínculo entre el encierro, el individuo y sus consecuencias posteriores.
Se conforma, dice, una prioridad: la reinserción en la comunidad con el menor daño posible, una tarea difícil sin lugar a dudas. La perspectiva inmediata y mediata se encaminaría a la consolidación de una reforma penitenciaria que rompa con las reglas actuales.
A su juicio, hablar de reinserción "implica un nuevo reto, quizá como el que se dio en la década de los setenta cuando se formalizó la Ley de Normas Mínimas y se dio pie a una reforma penitenciaria de expectativas colosales. Después de años la realidad marcó una dinámica diferente. Y esto es muy importante, porque modificó la idea sobre el castigo y sus alcances formales".
Comenta que tal vez lo anterior, sin descuidar otros factores, fue resultado de una construcción imaginaria de los logros del encierro, casi todos en sentido positivo. Resalta una de tantas realidades: Nunca se tomo en cuenta la dificultad que le ocasionaba al individuo adaptarse a las condiciones de la prisión, y cuando lo lograba, se encontraba sumergido satisfactoriamente en una población carcelaria y etiquetado.
* EL FUTURO DEL CASTIGO
David Ordaz Hernández manifiesta que, en tal sentido, la reforma abre las puertas a la discusión y considera que se trata de plantear un futuro sobre el castigo, nueva perspectiva que "se enfrenta al desencanto de la rehabilitación penal y al debilitamiento del argumento correccionalista y readaptatorio, posturas que se convirtieron en un ideal imposible".
Por lo tanto, dice, la reinserción debe considerar las necesidades y condiciones del individuo con respecto a la propia comunidad, sin obstaculizar su desarrollo bajo premisas imposibles.
Pero aclara que ello no puede funcionar solo, ya que la reforma tiene diferentes temas que involucran un resultado sobre el control del delito.
Habla entonces de la mediación, de las alternativas a la prisión, del juez penitenciario o de los mismos juicios orales, así como el abanico que se abre de ideas y pensamientos que deberán replantearse en ciertas disciplinas, como la criminología, la sociología, la psicología, la penología y el propio derecho penal.
Y para iniciar la discusión se refiere a dos principios básicos para entender este nuevo planteamiento de política criminal. Recuerda enseguida el texto "Una nueva visión de las Normas Penitenciarias Europeas", comentado por Borja Mapelli, catedrático de la Universidad de Sevilla, quien menciona dos principios llamados informadores: principio de reinserción social y principio de normalización social.
El primer principio, expresa, se focaliza en superar las terapias resocializadoras y a la psicología como disciplina privilegiada en las decisiones penitenciarias, para dar lugar a la sociología y los servicios sociales como la estructura jerárquica en la nueva organización penitenciaria.
En el segundo, el eje de acción es la "humanización" del castigo, dejando los deseos pretenciosos de la rehabilitación en el olvido. "Lo que se expresa es la necesidad de reforzar de manera efectiva las relaciones sociedad-prisión. El encierro -tema complejo- no debe provocar más castigo que el determinado por una autoridad jurisdiccional", recalca.
* EL JUEZ DE EJECUCION
El investigador considera que en ese universo se interconecta el tema del juez de ejecución de sanciones penales, "lo que al fin revestiría a la prisión de un control judicial bajo los propios postulados del estado de Derecho".
Para él, la tarea es interpretar y construir un paradigma penitenciario acorde a nuestra realidad social, así como establecer las funciones del juez penitenciario.
Concluye al plantear: "Ojalá pronto tengamos la oportunidad de generar la discusión sobre la problemática actual y el futuro que espera la reforma constitucional en este tema en específico. Es momento de dejar atrás las Normas Mínimas y elaborar una nueva versión de nuestras normas y realidad penitenciaria, todo bajo el estricto respeto de los derechos del hombre y la mujer".
Ciudad de México.- Dejar en el olvido los deseos pretenciosos de la rehabilitación en los penales y dar lugar a la sociología y a los servicios sociales como la estructura jerárquica en la nueva organización penitenciaria, en este caso con su eje de acción en la "humanización" del castigo, es el planteamiento de David Ordaz Hernández.
El investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE) de la Procuraduría General de la República, David Ordaz Hernández, considera, además, que también es momento de dejar atrás las Normas Mínimas y elaborar una nueva versión de nuestras normas y realidad penitenciaria, todo bajo el estricto respeto de los derechos del hombre y la mujer.
En su trabajo "Sobre la reforma penitenciaria, de la readaptación a la reinserción social", publicado en el segmento de la institución "El INACIPE Opina", el especialista hace sus señalamientos con motivo de que la reforma constitucional en materia penal ha dado un giro total al ámbito penitenciario.
Recuerda que por varias décadas el gobierno penitenciario se centró en la posibilidad de una readaptación social, así como en las críticas que dicho objetivo recibió desde las diferentes posturas criminológicas, y admite que no hay datos que sustenten la efectividad de la readaptación, "sino todo lo contrario".
También resalta que en la última década el tema penitenciario se ha desgastado en su funcionalidad y la efectividad que proponía ya no logra satisfacer a la comunidad.
Además, considera: "Existen muchos factores que han disminuido el ideal readaptatorio, por ejemplo, se emplearon diferentes técnicas rehabilitatorias en el individuo sin lograr el cambio deseado. Los resultados con el tiempo fueron más desalentadores". Y refiere lo que se busca ahora: un pensamiento penitenciario renovado, una reforma que borre el deseo de la readaptación y se enfoque más al vínculo entre el encierro, el individuo y sus consecuencias posteriores.
Se conforma, dice, una prioridad: la reinserción en la comunidad con el menor daño posible, una tarea difícil sin lugar a dudas. La perspectiva inmediata y mediata se encaminaría a la consolidación de una reforma penitenciaria que rompa con las reglas actuales.
A su juicio, hablar de reinserción "implica un nuevo reto, quizá como el que se dio en la década de los setenta cuando se formalizó la Ley de Normas Mínimas y se dio pie a una reforma penitenciaria de expectativas colosales. Después de años la realidad marcó una dinámica diferente. Y esto es muy importante, porque modificó la idea sobre el castigo y sus alcances formales".
Comenta que tal vez lo anterior, sin descuidar otros factores, fue resultado de una construcción imaginaria de los logros del encierro, casi todos en sentido positivo. Resalta una de tantas realidades: Nunca se tomo en cuenta la dificultad que le ocasionaba al individuo adaptarse a las condiciones de la prisión, y cuando lo lograba, se encontraba sumergido satisfactoriamente en una población carcelaria y etiquetado.
* EL FUTURO DEL CASTIGO
David Ordaz Hernández manifiesta que, en tal sentido, la reforma abre las puertas a la discusión y considera que se trata de plantear un futuro sobre el castigo, nueva perspectiva que "se enfrenta al desencanto de la rehabilitación penal y al debilitamiento del argumento correccionalista y readaptatorio, posturas que se convirtieron en un ideal imposible".
Por lo tanto, dice, la reinserción debe considerar las necesidades y condiciones del individuo con respecto a la propia comunidad, sin obstaculizar su desarrollo bajo premisas imposibles.
Pero aclara que ello no puede funcionar solo, ya que la reforma tiene diferentes temas que involucran un resultado sobre el control del delito.
Habla entonces de la mediación, de las alternativas a la prisión, del juez penitenciario o de los mismos juicios orales, así como el abanico que se abre de ideas y pensamientos que deberán replantearse en ciertas disciplinas, como la criminología, la sociología, la psicología, la penología y el propio derecho penal.
Y para iniciar la discusión se refiere a dos principios básicos para entender este nuevo planteamiento de política criminal. Recuerda enseguida el texto "Una nueva visión de las Normas Penitenciarias Europeas", comentado por Borja Mapelli, catedrático de la Universidad de Sevilla, quien menciona dos principios llamados informadores: principio de reinserción social y principio de normalización social.
El primer principio, expresa, se focaliza en superar las terapias resocializadoras y a la psicología como disciplina privilegiada en las decisiones penitenciarias, para dar lugar a la sociología y los servicios sociales como la estructura jerárquica en la nueva organización penitenciaria.
En el segundo, el eje de acción es la "humanización" del castigo, dejando los deseos pretenciosos de la rehabilitación en el olvido. "Lo que se expresa es la necesidad de reforzar de manera efectiva las relaciones sociedad-prisión. El encierro -tema complejo- no debe provocar más castigo que el determinado por una autoridad jurisdiccional", recalca.
* EL JUEZ DE EJECUCION
El investigador considera que en ese universo se interconecta el tema del juez de ejecución de sanciones penales, "lo que al fin revestiría a la prisión de un control judicial bajo los propios postulados del estado de Derecho".
Para él, la tarea es interpretar y construir un paradigma penitenciario acorde a nuestra realidad social, así como establecer las funciones del juez penitenciario.
Concluye al plantear: "Ojalá pronto tengamos la oportunidad de generar la discusión sobre la problemática actual y el futuro que espera la reforma constitucional en este tema en específico. Es momento de dejar atrás las Normas Mínimas y elaborar una nueva versión de nuestras normas y realidad penitenciaria, todo bajo el estricto respeto de los derechos del hombre y la mujer".