Bajío
Manuscrito 12609
El Sol del Bajío
11 de octubre de 2009

Francisco Sauza Vega

Cronista Municipal



Los acontecimientos importantes de los pueblos de la Nueva España no siempre quedaban registrados en las crónicas de la conquista del sitio, de la región y mucho menos en la que correspondía a los vastos territorios adjudicados.

Los soldados españoles que vinieron a la conquista de la Nueva España, no se distinguieron por ser doctos militares, preparados en las aulas universitarias del país natal de Cervantes, sino una horda de aventureros movidos por la ambición y la aventura. Su prioridad no fue levantar bitácoras de campaña en donde plasmaran los sucesos al estilo de Sahagún o Fray Toribio de Benavente, pues de haber sido así, otra sería la historia de nuestros pueblos.

En muchas ocasiones, las memorias históricas van reflejando únicamente los litigios de los indios naturales en contra de los españoles en defensa de sus bienes ancestrales. Por así convenir a los intereses de los españoles, esos documentos eran archivados y nunca más salían a la luz para no reabrir casos en los que habiendo resultado favorecidos, la justicia no había sido aplicada de manera imparcial y para los poderosos terratenientes, la mejor medida era considerar toda esa documentación casi inexistente.

Con el paso de los años y debido a intereses creados y compromisos adquiridos, esa información permaneció inédita, escondida escrupulosamente en calidad de inescrutable y cuando ha salido a la luz, ha causado escozor entre gente que ha vivido con una animadversión inexplicable. Tal es el caso de Apaseo el Alto. Al arribo de los españoles, el territorio quedó a merced de la ambición hispana, apadrinada por las autoridades de la península y los virreyes de cada época en particular.

La encomienda de Acámbaro-Apaseos fue otorgada primeramente en 1526 a Pedro o Gonzalo Riobó de Sotomayor, pero no he encontrado información concreta sobre Apaseo el Alto como parte de esa merced virreinal.

En 1538, esa encomienda fue solicitada por Hernán Pérez de Bocanegra y Córdoba, quien había conocido la zona en 1529 cuando formaba parte del sanguinario ejército de Nuño de Guzmán que se encaminaba a la conquista de Tzintzuntzan, capital del Reino de Michoacán.

A partir de ese año -lo cual no implica que no exista documentación anterior- se va generando información sobre Apaseo el Alto y algunos sitios de la región. El Marqués de Bélgida, descendiente del propio encomendero describe la merced recibida por quien fuera, a decir de José F. de la Peña, historiador español, el iniciador de los latifundios en México, la merced otorgada por el Virrey Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España.

Esa merced otorgada a Hernán Pérez de Bocanegra y Córdoba el 27 de noviembre de 1538, descrita por uno de sus descendientes en el año de 1679, es el documento más antiguo en mi poder, el cual solicité a la Biblioteca Nacional de Madrid y remitido por esa institución el 8 de noviembre de 1996, es uno de tantos documentos de la serie de manuscritos sobre Apaseo el Alto y su trascripción adjunta que se divulgarán en este prestigiado diario de circulación regional y a todo nuestro planeta vía Internet.



"Relación de bienes que vincularon los Señores Hernán Pérez de Bocanegra y Córdova y Doña Beatriz Pacheco su mujer; la facultad real para hacer este Mayorazgo de Apaseos se despachó en Madrid a 8 de noviembre de 1562: usando de la dicha facultad de dichos Señores

Hernán Pérez de Bocanegra y Córdova y Doña Beatriz Pacheco su mujer hicieron el mayorazgo de Apaseos y otorgaron la escritura del Mayorazgo en el Pueblo de Jerécuaro sujeto del Pueblo de Acámbaro de la Provincia de Michoacán, Reino de la Nueva España en 11 de octubre de 1564. Ante Pedro Morán Escribano

Manuscrito 12069, Madrid, España,

Foja 4 frente.



"Tres sitios de estancias para ganado menor que están dentro del dicho cercado de Mayorazgo a la aldea que llaman de Apaseo(el Alto) y de Barajas, los ranchos, casas, corrales y todo lo demás a ello anexo y perteneciente la una estancia se llama San Juan Evangelista, la otra se llama Trasierra y la otra se llama Santa Isabel, al Señor Bernardino de Bocanegra y Córdova, hijo del Señor Hernán Pérez de Bocanegra, hizo esta merced...en México a 3 de octubre de 1578.

Manuscrito 12069, Madrid, España

Foja 6 frente.



Barajas y Santa Isabel, Ex Haciendas aún prevalecen en el actual municipio de Apaseo el Alto. La estancia de San Juan Evangelista y Trasierra no han sido identificadas, debido al cambio de denominación que debieron sufrir con el paso de los siglos"La posesión de Apaseo Alto, que es una de las principales de este Mayorazgo, con sus Caxales, casas y suertes que a la dicha posesión pertenecen, así los ojos de agua y nacimiento de ello y del arroyo que de ella se hace, como las acequias, presas y represas, los sitios de huertas, morales, riegos y tres molinos que tiene dicha posesión junto a ellas. Casas de su morada, que uno de otro distan un tiro de piedra, tiene el Mayorazgo de Apaseos esta dicha posesión por compras y mercedes de su majestad y de sus ministros en su real nombre. Don Antonio de Mendoza dio la licencia para hacer tres molinos en México a 27 de noviembre de 1538..." Manuscrito 12609, Madrid, España, foja 6 frente y vuelta.



En esta merced queda de manifiesto que Apaseo el Alto en ese año de 1538 ya tenía una importante infraestructura hidráulica para irrigar sus huertas y solares y que su caserío era considerable. Los señuelos usados para linderos como "hasta donde llegue un tiro de piedra o de escopeta" lo usaban a su conveniencia. En este caso, pudieron ser miles de varas los límites de la posesión que les otorgó el virrey.

Por otro lado, no obstante que San Bartolomé Aguas Calientes fue fundado en 1546, la aparición de Apaseo el Alto en las crónicas hispanas fue más temprana que el pueblo de los hervideros.





"La estancia que llaman de mi Padre San Francisco (es para ganado mayor) está en términos del dicho Apaseo, a la falda de un cerro montuoso y frontero de dos Cuesillos, y en la parte donde está la fuente, por debajo del camino que viene de Apaseo el Alto a la estancia que llaman de Juan Martín, que también es del mayorazgo de Apaseos; al Señor Nuño de Chávez Pacheco, hijo del Señor Hernán Pérez de Bocanegra y Córdova, hizo merced de esta estancia el Conde de Monterrey, Virrey de la Nueva España en México a 6 de octubre de 1597..."

Esta estancia nombrada en 1597 como del Señor San Francisco, fue llamada posteriormente El Rejalgar, ahora integrada a la mancha urbana como Colonia El Rejalgar y estaba a la vera del camino prehispánico que una vez convertido en Camino Real, conectaba con la Hacienda de Juan Martín, propiedad de Juan Pacheco, hermano menor de Don Nuño el primer propietario de la estancia.

Según testimonio de vecinos del Rejalgar, a espaldas de lo que actualmente es la comunidad, existieron dos Cués de grandes dimensiones, desaparecidos ahora porque la piedra de los monumentos fue utilizada para la construcción de gruesas cercas para el ganado (la estancia fue para ganado bovino y caballar) y para las casas habitación de los pobladores.

Esta comunidad se distinguió por la gran cantidad de manantiales de agua azul que emergían entre las rocas del poblado, cuya humedad favorecía la proliferación de la planta conocida como Rejalgar, planta muy hermosa, pero muy venenosa pues contiene sulfuro de arsénico. Curiosamente, con una hoja de esta planta envenenaron a Don Luis Ponce de León, el hombre que trajo a Don Hernán Pérez de Bocanegra a la Nueva España.