Opinión / Columna
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Mario Núñez Mariel
No todo es negro bajo el sol
Organización Editorial Mexicana
28 de septiembre de 2009
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Los tiempos de lo transnacional social se acercan conforme los jóvenes avanzan en la creación de un mundo nuevo que va rompiendo paulatinamente con las estructuras mentales y lingüísticas de los viejos prejuicios raciales, religiosos e ideológicos. A un nivel modesto pero no poco relevante, el lunes 22 de septiembre se inició en la Universidad de Rutgers en el campus de New Brunswick, de esa prestigiada universidad estatal de Nueva Jersey, un curso de antropología social que revoluciona los conceptos de la investigación, de la enseñanza y de la educación tradicionales de los Estados Unidos.
Se trata de un de ejercicio innovador de dos antropólogos de avanzada que lo dirigen y animan, Daniel Goldstein y Peter Guarnaccia, que sucede completamente en español como requisito del curso para las dos o tres decenas de estudiantes que lo toman -lo que sin duda es sorprendente en una universidad de la Costa Este de Estados Unidos-, y lo más importante que cuenta con la participación de dos dirigentes de la comunidad mixteca oaxaqueña de New Brunswick, las hermanas Tere y María Vivar, y de un grupo de mujeres de esa comunidad que aceptaron ser parte de la experiencia y que recibirán formación como investigadoras comunitarias.
La concepción de base de la experiencia es revolucionaria en su estructura pedagógica, en su lenguaje, en su epistemología o modo de estudiar la comunidad elegida como objeto; los investigadores son sujetos participantes, o sea, que la comunidad es partícipe de la investigación sobre su realidad de vida transnacional y sus formas de sobrevivencia en su condición de inmigrantes -indocumentados o no- en los Estados Unidos. Digamos además que la comunidad de oaxaqueños de New Brunswick es significativa en la ciudad; del censo del 2000 se desprende que de las casi 50 mil personas que viven ahí, el 39.01 por ciento son latinos o hispanos, y de estos se calcula que las dos terceras partes son mexicanos; siendo oaxaqueños de origen la gran mayoría -entre diez a doce mil personas que provienen en buena parte de la Mixteca y de la Costa Chica.
Es un universo relativamente pequeño pero que en términos antropológicos se antoja ideal para desarrollar esta experiencia. Se trata de reunir los esfuerzos en términos igualitarios entre los miembros de la comunidad oaxaqueña, sus representantes, los estudiantes de diferentes ramas de las humanidades -de antropología la mayor parte- y de los profesores de antropología para desarrollar una mejor comprensión de los procesos transnacionales o de integración continental de las minorías inmigrantes en los países de adopción. Se enfatiza la relación igualitaria del proceso de investigación dentro de una nueva concepción de la antropología que busca derrotar los viejos criterios académicos de la distancia del antropólogo de sus objetos de estudio: los antropólogos llegaban, preguntaban y desaparecían para editar sus memorias acumuladoras de prestigio, pero no se comprometían con la comunidad para que ésta desarrollara sus propias capacidades de investigación y de registro de los modos de vida y cultura, para una mejor inserción en el mundo.
En la tormenta de ideas del primer día del inicio de esta valiosa experiencia se desprendieron las convicciones que dentro de una perspectiva transnacional darán orientación a la búsqueda: la función del lenguaje intrafamiliar entre los inmigrantes -padres hablando en mixteco y español e hijos hablando en inglés-, igualdad de género y violencia intrafamiliar, derechos humanos, seguridad y racismo, creación de empleos, lucha contra las redadas y las deportaciones con separación de las familias, la reforma migratoria, la inserción cultural en el país de adopción y la construcción de redes de solidaridad transnacional.
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