Bajío
Recrucifixión
El Sol del Bajío
28 de junio de 2009

Francisco Sauza Vega

Cronista Municipal



En Apaseo el Alto, Guanajuato, desde hace unas décadas, todos los años en Semana Santa, se hace la representación de la Pasión y Muerte de Jesús de Nazareth; un puñado de actores aficionados a las artes escénicas, a quien la gente le llama "Judíos", así, a secas, se preparan a conciencia. Algunos son autodidactas, se disponen para representar a su personaje, lo más real posible; leen la Biblia, los Evangelios de Lucas, Mateo, Marcos y Juan. Comparan las versiones que cada uno de aquellos escribió y así homologar las versiones de los diálogos que a cada uno corresponde escenificar. Quieren que su personaje cobre vida, desean al igual que los a artesanos de Apaseo el Alto cuando hacen una figura humana, tan perfecta, tan real, que solo esperan que hable para darse por satisfechos y dar por terminada su obra.

Transcurre el mes de abril de 2009, es el amanecer del sábado once, Sábado de Gloria, según el calendario litúrgico, un día antes al Domingo de Resurrección, el día que Jesús resucito...

Sobre la calle Juárez, la antigua Calle Real, vehículos de los llamados pick up, abarrotados de jóvenes, con cubetas llenas de agua, se mojan de un vehículo a otro y también a cuanto inocente transeúnte se encuentran...desperdician el agua sin algún remordimiento, mientras muchos habitantes del planeta se mueren de sed...la policía observa, no hace nada por impedirlo, no hace ningún arresto porque entre los que desperdician el agua, hay varios hijos de influyentes.

Fuera del Balneario Mary, el más hermoso y equipado del pueblo y la región y no obstante que el reloj marca las ocho antes meridiano, el sitio está casi lleno; el Sol del Bajío, el sexagenario diario regional hace una encuesta entre la gente que, boleto en mano está a punto de entrar al sitio de recreo, en relación a lo que se celebra ese día: algunos con la resaca del día anterior, dicen no saber, ni tampoco les importa, otros dicen, es un día de asueto, bañar, echarse unas cheves, conocer unas chavas de onda y pasársela chévere. Los chiquillos, dicen que es día de echar baño, sus mamás los jalan porque no quieren ser entrevistadas, pues es una difícil pregunta.

En el atrio de San Andrés y Plaza Cuauhtemoc hay una muchedumbre; en todo el atrio y acceso al templo del Sagrado Corazón está atiborrado de comerciantes; nauseabundo olor a tripitas, gorditas, enchiladas y Hot-Cakes, comida rápida para todo tipo de clientes; otros venden juguetes chinos de contrabando, ropa de Moroleón, aparte de los gritones que ofrecen auténticas gangas...en el interior del templo un sacerdote dice misa, pero se escucha más la algarabía del exterior que la palabra de Dios...un tipo ofrece en venta, agua salada del Mar Muerto y astillas de la Cruz de Jesús y retazos de la Sábana Santa, de Berlín - sí, de Berlín-

Afuera, gente va y gente viene y entre apachurrones, los carteristas hacen su agosto: cada vez que roban una billetera se persignan con ella, dan gracias a Dios por haberles socorrido con el pan para sus hijos.

En el Jardín, en el costado Poniente hay un tapanco, se anuncia con grandes carteles un programa cultural organizado por la Casa de la Cultura: "Aleluya resucitó" a las 8 p.m. de la noche (sic). Obra de teatro. Fue un éxito, la gente se divirtió como nunca. La noche cubrió con su lúgubre manto el cielo Apaseoaltense, a las once de la noche dejó de tocar una banda de quebradita que contrataron los Mayordomos de la Fiesta para agradecer la participación de la gente.

Es Domingo doce, el día llegó, Jesús resucitará, los comerciantes esperan mucha gente, muchas ventas. La población estrena zapatos y ropa nueva, salieron de misa de ocho de la mañana, platican en el atrio del templo del Sagrado Corazón, cuentan chistes, platican de la juerga y la divertida del día anterior...mojaron a todo mundo, se fueron al antro: chido, decían los jóvenes, los papás ni se inmutaban, pues ellos criticaban a todo mundo.

Súbitamente, una revuelta se inicia por el rumbo de la Paletería Tocumbo, la gente corre, muchos por instinto, curiosa como siempre; algunos niños lloran, perdieron a sus padres...lo único que se les ocurre es irse al templo.

Aquel tumulto era provocado por Jesús...había resucitado, la voz se corrió rápidamente, estaba de vuelta en su pueblo, lo encontraba muy cambiado, había mucha basura, cada quien había reconstruido su casa a capricho; la gente, su gente estaba de fiesta, a cual más disfrutaba de aquel y los días anteriores. Caminó sobre el adoquín del remozado jardín y esbozó una sonrisa al ver un rostro conocido: era Dimas, su vecino de cruz, estaba tomando cerveza en compañía de unos borrachines, se acercó para saludarlo y éste, en cuanto vio a Jesús se hizo el disimulado; Jesús se acercó y le dijo:

- "Dimas, apenas antier sufrías cruel suplicio y hoy ya estás chupando...te perdonaron, te salvaste, deberías estar con tu familia".

- ¡No me vayas a salir con que fue gracias a ti...si me salvé, pos hay que festejarlo, ¿No?" dijo burlón el hombre, mientras chocaba la botella de cristal con otro de los ahí reunidos y juntos se engullían un trago.

Jesús no insistió, enfiló rumbo al Danuvio, una afamada tienda de ultramarinos, sentía sed...Cuando entró a aquel tradicional lugar, se dirigió a una hermosa mujer, de rasgos distintos a los de su raza, que muy solícita, cual era su costumbre, atendía a la clientela.

- "Me da una botella de agua, por favor". Solicitó muy atento Jesús, mientras se consumía de sed.

Aquella mujer fue al refrigerador, agarró una botella y cuando la iba a entregar a quien la había solicitado, le preguntó:

- ¿Tiene dinero? Preguntó, pero lo reconoció de inmediato y entonces lo interpeló.

- La última vez que me pediste agua, fuiste tú quien me la ofreció, cuando te la negué, me saliste con que yo no sabía quién eras tú y hasta me ofreciste agua eterna. ¿Tienes embotelladora o qué? Luego, te di el agua, llegó la policía y me la tiró y yo me metí en problemas.

La mujer dio media vuelta, volvió el agua a su lugar y siguió atendiendo a quienes esperaban turno. Ni siquiera una mirada le dispensó.

Jesús salió del tendajón, seguido de una docena de hombres que, curiosos lo seguían, mientras en el jardín se vivía un ambiente de fiesta. Iba a bajar la banqueta, pero su viejo huarache se atoró y tropezó con una joven pareja, quienes de inmediato le increparon:

- ¿Por qué no se fija por donde anda viejo greñudo? ¿Qué no ve como andamos de las rodillas por andarnos creyendo de las mandas? Y se pusieron en actitud de agredir.

Jesús se sintió apenado, les dirigió una mirada, iba a decirles algo, pero el hombre amagó con darle una bofetada. Uno de los que acompañaban a Jesús intentó defenderlo, se armó la trifulca; la policía por ahí cerca, llegó prepotente, más de quince elementos y cuando preguntaron quien había sido el que inició aquello, algunos señalaron a quien más cerca de Jesús estaba. El hombre, viéndose comprometido se excusó: "Yo ni siquiera lo conozco" y se escabulló entre la multitud, sin voltear siquiera.

Jesús y su séquito iban a cruzar la calle, cuando vio en un auto convertible al Hijo Pródigo, aquel joven a quien su padre había perdonado el abandono y derroche de su herencia. En el lujoso automóvil también viajaban cuatro mujeres de atrevidos escotes, faldas cortas, muy guapas, pero de comportamiento poco educado, que no mostraban pudor alguno en su lenguaje y actitudes.

Jesús le preguntó porque no había aprendido la lección, los vehículos de atrás le apuraban, accionando el claxon de sus vehículos, mentándole la madre y lanzando improperios.

- "Si mi padre me perdonó una vez, lo hará una segunda" dijo burlón el muchacho. Y mientras aceleraba imprudentemente alcanzó a decirle: ¡No quiero que me pase lo que a Jesús!



El hombre nacido en el pueblito de Belén, más allá de la Tinaja del Refugio, se dirigió de nuevo al jardín; se encontraba con grupos de Cholos, quienes lo veían con recelo, como desaprobando su vestimenta; pasaba desapercibido para niños y jóvenes, solo los ancianos lo reconocían y saludaban. Encontró un lugar en una banca y se sentó, los hombres que le seguían se apostaron a ambos lados. Jesús estaba pensativo, viendo pasar a la gente, no había dolientes como hacía dos días. El que estaba a su lado era un hombre flaco, como si hubiera resucitado, tosía de vez en cuando, pero cada vez que pasaba una mujer, la piropeaba con malsanas frases y los once que lo acompañaban, festejaban la puntada. Jesús volteó a verlos como sugiriendo que se comportaran con civismo, con decencia, pero qué pequeño es el mundo, aquel hombre era viejo conocido suyo:

- Lázaro, le dijo: "Te devolví la vida para que la gozaras, disfrutaras todo lo que te ofrece; las estrellas, el universo, las mujeres..."

No lo dejó terminar, lo interrumpió tajantemente, y de inmediato le dijo:

- "Mírame Jesús, no tengo una sola cicatriz, no soy leproso, no soy mal parecido...estoy disfrutando precisamente lo que me devolviste. ¿Para eso lo hiciste, no? Estoy disfrutando de las mujeres... ¡Y chulas las de Apaseo el Alto!, susurraron los otros

Una de las costumbres en Apaseo el Alto, es "Dar la vuelta en el Jardín" y eso hacía un grupo de jovencitas de lenguaje exótico, vulgar, con un güey entre palabra y palabra. Una de ellas, la más madura, se acercó a Jesús, se sentó sobre sus rodillas, le iba a ofrendar una caricia, pero se levantó sobresaltada, llevando su mano a la boca para reprimir la exclamación: ¡Jesús!

- ¿Cuál pinche Jesús güey? Dijeron sus amigas, muy guapas, muy jóvenes pero que seguramente se comportaban de manera distinta en sus hogares.

Jesús se levantó, pausadamente se dirigió hacia ella y teniéndola al alcance, la tomó de manera muy paternal de los hombros, pero ella se le zafó bruscamente y fuera de su alcance le gritó, delante de la gente como para justificar su oficio, que era de conocimiento general:

- "Tú me alejaste del pecado, me perdonaste, impediste que me apedrearan" le dijo señalándole con el dedo para que no hubiera duda a quien se refería y luego agregó: ¿Pero sabes qué? Lo que hago me agrada, hasta me anuncio en el periódico, me gano una lana fácil y si tú no quisiste conmigo, tú te la pierdes..."

Triste, avergonzado, sin poder explicar lo que había vivido tan solo dos días después de haber visto tanto arrepentimiento, expiación de culpas, tanta devoción, Jesús enfiló por la calle Madero, al pasar por la casa de Don Domingo Galván, lo saludó, lo conocía hacía casi cien años; dobló por la Calle del Chopo -ahora Rayón- y luego tomó la Calle de los Chonderos -Narciso Mendoza- los niños jugaban, cuando involuntariamente interrumpió su juego, los niños lo insultaron, sus padres rieron aprobando lo que sus hijos dijeron.

Llegó a una humilde casita de abobe, ya iba solo, los otros once habían optado quedarse a escuchar la música de banda. Jesús lloraba, enjugó sus lágrimas antes de llamar a la puerta...Con el lastimado puño llamó a la puerta, un viejo artesano, carpintero le abrió y cuando vio a su hijo, se alegró, pero presintiendo que algo le pasaba a su unigénito le preguntó:

- ¡Hijo...Jesús! ¿De dónde vienes? ¿Lloraste, verdad? Preocupado interrogó el viejo.

Su madre Doña Mary, a sabiendas de lo que le pasaba a su hijo, quiso evitarle más dolor, pues mirándolo de reojo se percató que lloraba, guardaba silencio.

- Padre... ¿Por qué me han abandonado? Un poco acusador preguntó el hijo.

- No digas eso, hijo. Contestó el padre como excusándose.

- ¿Quieres un tamalito hijo? Preguntó su madre

- No madre...

- ¿Un atolito? Insistió la santa mujer

- No madre...enérgico repitió Jesús.

- ¿Qué quieres entonces hijo? Preguntó su padre, al hijo que se había recargado en la pesada cruz que había usado dos dias antes, el Viernes Santo y en la que lo habían crucificado en el Cerrito de San Isidro.

- Padre ¿Porqué no me crucifican de nuevo?