Opinión
Agustín Basilio de la Vega
Juguetes bélicos

Diario de Xalapa
26 de febrero de 2009

A principios de año fue remitida una iniciativa de ley a la Cámara de Diputados para prohibir la fabricación, importación, distribución, venta, renta y uso de juguetes bélicos en todo el territorio nacional. Esta iniciativa está actualmente en estudio en la Comisión de Economía para ser dictaminada y en su caso sancionada por el pleno de dicha Cámara.

En la exposición de motivos el legislador señala que "con el consentimiento de los padres" los niños juegan con juguetes bélicos que "provocan que los menores vayan adquiriendo en el juego la disyuntiva de matar o morir, imponer la ley del más fuerte y, en consecuencia, pierdan el aprecio por los valores de la convivencia familiar y social, el respeto a los demás y el valor de la integridad física y de la vida humana".

Aun cuando se insiste en la misma exposición que los videojuegos incitan a la violencia, extrañamente no se toca el tema de las películas o incluso de las caricaturas que tratan sobre temas policíacos o bélicos. La pregunta obligada es si en verdad la prohibición de juguetes o incluso series, películas, caricaturas, cómics o videojuegos verdaderamente disminuirán la violencia social o la inclinación a matar.

También se puede uno preguntar qué efecto ocurre con los deportes como el judo, box, karate, tae kuan do, el gotcha, el tiro con arco, etcétera, o incluso con nuestro propio Himno Nacional; ¿serán también factores que incrementan la belicosidad y por tanto la agresividad de nuestros niños y jóvenes?

Adicionalmente, ¿será conveniente entonces conservar los desfiles militares en nuestro país? Todas estas preguntas nos interpelan sobre la eficacia de prohibir juguetes bélicos que tal vez no sean más incitantes y que además ya están regulados por la propia Norma Oficial Mexicana.

Se puede estar de acuerdo en que réplicas escala 1:1 de armas de fuego o punzocortantes son peligrosas porque pueden ser usadas para cometer ilícitos, pero el problema de la delincuencia no lo generan los juguetes sino la falta de educación, la desorientación y el ocio que padecen muchos niños y jóvenes.

Los padres de familia tienen el deber de educar a sus hijos y la potestad de decidir con qué pueden jugar; el Estado no puede suplantar a los papás en estas tareas como ocurre en los estados totalitarios que por cierto son en los que han proliferado mayor número de mafias.

Muchos juguetes que pueden ser prohibidos con esta ley tan general son de carácter educativo como los que fomentan los razonamientos estratégicos o los que contribuyen a la investigación histórica, mecánica o de tecnologías como ocurre con las miniaturas a escala.

Es además muy curioso que expresamente se quiera prohibir las réplicas de tanques, aviones y barcos que usa nuestro Ejército Nacional y no diga nada de las réplicas de las armas romanas, medievales, napoleónicas o de la actual época de otros países como son los misiles y las armas nucleares.

Esta ley podría inhibir la afición de muchos coleccionistas y artistas que a través de la investigación desarrollan pasatiempos altamente creativos y útiles para el conocimiento de la historia y la cultura universal como lo es el armado y pintado de réplicas a escalas diversas de diversas piezas como militares, barcos, vehículos, aviones, submarinos, helicópteros, cañones, etcétera.

Estas actividades además suelen realizarse en familia y lejos de provocar violencia contribuye al desarrollo de las relaciones humanas constructivas y el entrenamiento de las manualidades que tanto hacen falta para contrarrestar el enajenamiento que provoca la era videodigital.

Lo deseable es que se perfeccione la actual norma para que la fabricación y venta de los juguetes bélicos sea de manera responsable sin afectar, por un lado, las actividades económicas de nuestras plantas jugueteras y, por el otro, y quizás el más importante, no se acabe con las actividades que promueven la investigación histórica, el arte, el modalismo a escala e incluso la admiración a nuestras fuerzas armadas.
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