Irapuato
A 37 años de la inundación
Avenida Guerrero, en el templo de San Francisquito, la imagen elocuente llora la tragedia. Foto: El Sol de Irapuato
El Sol de Irapuato
18 de agosto de 2010

José Juan Ramírez

Irapuato, Guanajuato.- "El río trajo troncos y lúbricos helechos: la creciente mantuvo mi memoria anegada. La inundación es gris. La niebla húmeda nada entre ruinas y patos y lúgubres desechos... Tiembla un dolor de siglos en las aguas impuras

que arrancaron raíces y carcomieron tumbas que ahogaron yeguas, potros, jardines y espesuras. Hay un salmo en el viento y un soplo de amargura

y donde antes fluía el licor de las rumbas sólo queda el gemido donde el aire supura".

Poema "Inundación", de Efraín Bartolomé



Ya han pasado 37 años de aquel infausto sábado 18 de agosto de 1973, donde se conjuntaron la naturaleza, la falta de previsión y -según algunas versiones- la complicidad de algunos funcionarios, para generar una de las peores tragedias de los últimos años en la ciudad que hasta hace poco, era "capital mundial de las fresas".

Sin embargo, más allá de que si las presas de La Gavia, La Llave, La Sandia y otras -ubicadas en Romita- reventaron y enviaron sus aguas a la Presa El Conejo (silencioso verdugo de Irapuato), es un hecho que Irapuato era uno hasta antes del 18 de agosto de 1973 y luego de esas fecha marcada en el calendario de la historia, se transformó en otro.

Para el encargado del departamento de Historia del Museo de la Ciudad, Jesús Martín Martínez Hidalgo, es demasiado complicado -aún en estas fechas- conocer si efectivamente hubo negligencias humanas causadas por intereses económicos para proteger tierras que eran de altos funcionarios ligados al entonces sistema gubernamental del "partidazo" o algunas otras. Y es que de acuerdo al especialista, en la historia oficial de cualquier hecho, se pueden omitir las dudas, incertidumbres o -incluso- la propia verdad.

Pero para el especialista en Historia graduado en la Universidad de Guanajuato, lo que sí es un hecho tangible, es que Irapuato fue uno antes del diluvio del 73 -no bíblico, pero si fatídico- y otro cuando comenzó la reconstrucción. Y es que en Irapuato, las inundaciones han sido una constante, ya que de acuerdo a datos históricos documentados, se han registrado inundaciones fuertes en los años de 1756, 1805, 1912, 1960, 1973, 1976 y la ultima, en 1996.

"En realidad si hay un Irapuato antes y otro después; mucho se ha hablado de que esto fue un detonador para el cambio, hay que recordar que en esos años del 73, había un pequeño estancamiento económico en Irapuato, luego del periodo de los braceros -explica- esta catástrofe natural, aún haya existido alguien que haya modificado el curso de las aguas, cambió la ciudad, porque muchas casas, quizás el 60 por ciento de las construcciones de esa época eran de adobe y cayeron. Para esa época todavía las construcciones no eran de ladrillo y cemento y implemente las que había se desplomaron, quedaron zonas completamente barridas. Lugo, con la reconstrucción, cambió el desarrollo, la ciudad rebasó con su crecimiento los límites que eran las vías de ferrocarril y los ríos, claro que hay un antes y un después".

LA VOZ SILENCIOSA DE LOS MUERTOS

Entrevistado en su oficina, Martínez Hidalgo reconoce con pesar que pese a los muchos testimonios, es muy complicado determinar la cifra de personas que perdieron la vida, ya que quienes no vieron cadáveres, simple y sencillamente afirman que no pasó nada, pero en cambio, hay otros que relatan sucesos escalofriantes de gente que se fue por las alcantarillas y nunca volvió a ser localizada, de aquellos que tuvieron que ir a reconocer a sus muertos en fosas comunes y otros que simplemente, nunca volvieron a saber de familiares, ya fueran papás, mamás, hijos, hermanos o amigos.

"Es demasiado complicado, por el control oficial que hubo en su momento sobre eso; la gente plática, hay un caso de una enfermera que de joven daba su servicio social en ese momento y ella vio muchos cadáveres en un sótano, de gente ahogada, pero decía que eran muchísimos. Ahora, estamos hablando de las zonas urbanas, pero nadie ha tomado mucho en cuenta a las zonas rurales, donde golpeó primero el agua del 'Conejo', por eso no sabemos cuanto se perdió, cuanta gente murió". Por ello, lugares como el estacionamiento de lo que fue la tienda Blanco -hoy Plaza Magna- y otros, forman ya parte de la leyenda popular, ya que existen reportes de que ahí se tuvieron que usar varios camiones para sacar los cadáveres. Así, la voz silenciosa de los muertos del 73 sigue clamando por un reposo eterno.

A 37 AÑOS DE LA INUNDACIÓN DEL 73

Al hablar de este tema, el encargado del departamento de Historia del Museo de la Ciudad, Jesús Martín Martínez Hidalgo respira profundamente; es un tema que forma parte ya de la ciudad. Y es que para él, además del cambio que se dio luego de esta tragedia, la inundación del 18 de agosto de 1973 dejó una gran enseñanza: siempre estar alertas y nunca bajar la guardia y sobre todo, estar bien informados.

"Esto nos dejó una gran educación en materia preventiva, de estar alertas, de no descuidarnos, ya que en esa época la gente estaba desinformada, no lo creía, los medios decían que todo estaba tranquilo y no era cierto. Desde la madrugada del viernes 17 habían reventado varias presas en Romita. La inundación del 73 nos recuerda que siempre debemos estar al pendiente y sobre todo, no confiarnos, porque el agua no tiene palabra".