Opinión / Columna
 
Ricardo Torres Origel 
Uno para todos y todos contra todos
El Sol de Irapuato
19 de febrero de 2010

  Uno para todos y todos contra todos

Ricardo Torres Origel



¿Recordarán mis estimado 9 lectores la novela francesa "Los tres mosqueteros", de Alexandre Dumas?, aquella que relata la historia de D'Artagnan y sus tres amigos, Athos, Porthos, y el jesuita Aramis. Pues no nos referimos aquí precisamente con nuestro título a la épica escrita en 1844, sino al tema de las alianzas entre los partidos políticos rumbo a los procesos electorales de este 2010.



Desde hace algunas semanas ha estado en la voz de algunos medios de comunicación las alianzas que en algunos estados del país han venido construyendo el PAN y el PRD. No deja de llamar la atención que sea el PRI el principal cuestionador de estas alianzas también llevadas a cabo por este partido en diversos estados en elecciones anteriores, particularmente a partir de sus derrotas después del año 2000. Para muchos parece que este tema es nuevo, sin embargo, las alianzas entre partidos han sido frecuentes en los últimos años. Habremos de recordar que el PRI se ha aliado continuamente con el PVEM y con el PANAL, que el PRD se ha aliado con Convergencia, con el PT y el mismo PAN hizo alianzas anteriores con el PRD en Chiapas y en Nayarit, solo por señalar algunos ejemplos.



Si bien es cierto, la figura jurídica de las alianzas y coaliciones entre los partidos se encuentra vigente en nuestra legislación, recurrir a ellas solamente por mero pragmatismo para ganar una elección contra el partido que está en ese momento en el gobierno, no sería suficiente para justificarlas.



Los partidos políticos además de ser instrumentos de acceso al poder público, representan para la ciudadanía opciones legítimas de un proyecto que se fundamenta en sus conceptos culturales, filosóficos y antropológicos del ser humano y su ubicación en la construcción del orden social y temporal, que le son propios a cada partido y los hace diferentes entre sí; cada partido tiene principios y postulados propios que pueden coincidir o no con los de los otros, es decir, su ideología que les es propia y los identifica.



Cuando hay alianzas entre los partidos, independientemente de sus objetivos, éstos pierden identidad frente a la ciudadanía, a menos que pueda presentarse a la sociedad un proyecto de gobierno que verdaderamente vaya más allá de ganar solamente la elección. El tema de fondo no debería ser entonces la discusión sobre las alianzas entre partidos, sino la construcción de un plan de gobierno común, que piense ante todo y sobre todo en el bien de los ciudadanos en el largo plazo, antes que pensar solamente en ganar la elección en el corto plazo, más allá de las ideologías que con frecuencia poco importan a la sociedad. Lo que ésta quiere y espera de los partidos y de los gobiernos es el ejercicio de una autoridad eficaz que resuelva sus problemas y haga crecer a la sociedad, que la lleve a mejores situaciones de vida.



Por otra parte, también hay que decirlo, la geometría política tradicional en la que se ubicó a los partidos políticos en México por sus fundamentos ideológicos, entre un amplio rango lineal que oscila entre la izquierda, el centro y la derecha, ha venido quedando superada en el contexto internacional actual, por la convergencia de los partidos hacia el centro ideológico, ahí justamente donde se encuentra la inmensa mayoría de los electores y también, desde luego, donde está la mayor oportunidad de éxito electoral. Lo cierto es que las necesidades de la ciudadanía en todos los temas del desarrollo humano no tienen ideología alguna, la obligación primaria de los partidos, independientemente de sus fundamentos ideológicos, en un régimen democrático, es ser instrumentos generadores de bien común, escuela de ciudadanos e instrumentos altamente eficaces en el impulso de políticas públicas y de promotores de buen gobierno.



Ojalá que los partidos políticos sean de veras lo que a mi juicio deben ser: escuelas de ciudadanía, formadores de valores éticos y cívicos, instrumentos de bien común, espacios democráticos de participación ciudadana, formadores de líderes honestos. Que así sea.



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