Opinión / Columna
 
Ricardo Torres Origel 
Segunda vuelta en la elección presidencial
El Sol de Irapuato
27 de enero de 2010

  Segunda vuelta en la elección presidencial

Ricardo Torres Origel



Adoptar el principio de mayoría absoluta para la elección del Presidente de la República, recurriendo a una segunda votación cuando ningún candidato obtenga la mayoría necesaria para ser electo en la primera, es una propuesta que merece la pena ser bien analizada por mis estimados 9 lectores. En una primera ronda de votación competirían todos los candidatos y en la segunda solamente los dos que hayan obtenido el mayor número de votos; el resultado sería tener un Presidente electo por el voto de más de la mitad de los ciudadanos.



Si bien es cierto sería necesario ponderar las complicaciones logísticas y económicas que representaría un proceso electoral en dos tiempos, también debe considerarse que la legitimidad de quien resultara electo no estaría en disputa.



El proceso electoral del 2006 en México, como ha venido sucediendo en muchos otros países democráticos, polarizó el voto ciudadano entre las principales fuerzas políticas del país casi repartiéndolas en tercios, provocando conflictos jurídicos y políticos y poniendo en riesgo la estabilidad política del país. Recuerdo bien, porque ahí estuve, aquél terrible 1 de diciembre del 2006 durante la sesión de toma de posesión del Presidente Calderón en San Lázaro. La competencia electoral cada vez más intensa y más plural, podría requerir de un nuevo modelo que diera certeza a los ciudadanos y al Estado Mexicano respecto de la legitimidad de la elección presidencial.



Sin embargo, mis estimados 9 lectores, la segunda vuelta en la elección presidencial debe visualizarse también desde la perspectiva de la gobernabilidad, es decir, por una parte, el tamaño del respaldo social que puede tener quien ejerce el gobierno de la República cuando, con este nuevo modelo electoral, la mayoría de la población elige el proyecto político que representa el Presidente y por la otra, el margen de respaldo que podría tener en el Congreso si la elección de los legisladores federales en ambas Cámaras estuviera sometido a un modelo electoral distinto al que hoy tenemos.



Es innegable que en México desde 1997 ningún partido tiene mayoría en el Congreso, complicando con ello la posibilidad de acuerdos entre las bancadas y el Ejecutivo Federal, y esta circunstancia nos ha puesto desde entonces con un gobierno dividido entre el Presidente que gana una elección con un margen muy estrecho y un Congreso sin mayoría del partido que gana la elección presidencial, haciendo más lento el crecimiento del país. Ya hemos hablado aquí de la necesidad de reformar el modelo institucional del Congreso para hacerlo más operativo y más eficaz y dedicaremos un espacio especialmente a este asunto en otro momento.



Habrá pues, quienes añoren o deseen el regreso del presidencialismo imperial del siglo pasado, la verdad es que la mayoría de los mexicanos no quiere un totalitarismo presidencial, pero tenemos que revisar y discutir con apertura cómo podemos mejorar nuestro diseño del sistema político. En democracias contemporáneas existe la cláusula de gobernabilidad que le da al partido que obtiene la mayoría de votos en una elección presidencial, la mayoría también en el Parlamento, pero tiene contrapesos que limita el poder presidencial frente al Congreso.



En fin, no tenemos la receta ni la fórmula mágica para encontrar el justo medio. Nuestra democracia es reciente e imperfecta y la hemos impulsado con grandes esfuerzos y a costa de grandes sacrificios y queremos mejorarla.



Nos queda claro que el modelo político que vayamos definiendo a través de estas reformas no está desvinculado del resto de las reformas de gran calado que tiene que hacer el Congreso. Lo que sí tengo claro es que no podemos seguir igual, el actual modelo institucional electoral está agotado, el país no puede ni merece ser condenado a seguir siendo de quinta, frente a otras economías inclusive latinoamericanas que nos han rebasado y con mucho, hace ya mucho tiempo. Busquemos juntos estas respuestas, la sociedad mexicana debe expresarse y lo legisladores debemos escuchar con mucha atención antes que hablar. México está sobre diagnosticado, todo mundo opina de los problemas que tenemos pero muy pocos aportan propuestas de soluciones. Ojalá encontremos pronto un nuevo modelo político y electoral que permita al país pasar a mejores estadíos. Lo peor que podemos hacer es dejar las cosas como están.



Nuestra invitación sigue en pié para mis estimados 9 lectores para que opinen y participen en los foros sobre la reforma política que estamos organizando. La información está en nuestro portal en Internet. Nos vemos la próxima semana.



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