Irapuato
Irapuato a 36 años de la tragedia
El Sol de Irapuato
18 de agosto de 2009

Nancy Venegas Torres

Irapuato, Guanajuato.- Hoy se cumplen 36 años de una de las inundaciones más trágicas en México. En la memoria de los irapuatenses sigue presente aquel 18 de agosto de 1973, cuando las tres principales presas de la ciudad se rompieron y con ello una buena parte de la ciudad quedó 'sepultada' bajo el agua.

La naturaleza puso a prueba la voluntad y solidaridad de los irapuatenses, arrebatándoles su patrimonio en la inundación del 18 de agosto de 1973.

Hace 36 años, bajo una intensa lluvia y ante los rumores de que las presas se reventaron y de que el agua llegaría hasta la ciudad, los pobladores de Irapuato como pudieron trataron de resguardar sus pertenencias,

Ese año, -cuentan los irapuatenses que sufrieron la inundación- las lluvias fueron muy fuertes. Los niveles de algunos embalses como La Gavia, La Llave, La Sandía y La Sardina se incrementaron hasta llegar a niveles nunca antes registrados. También los ríos registraron niveles extraordinarios de captación de agua y su desfogue se dificultó.

Las presas no pudieron resguardar las grandes cantidades de líquido y finalmente reventaron.

Tampoco la Presa del Conejo pudo contener las enormes cantidades. de agua, serían las calles, casas y huertos de Irapuato.

Habitantes de aquel tiempo aseguran que la inundación fue el resultado de una negligencia, de un error de planeación de los gobernantes, pero hasta el momento no se ha confirmado esta versión.

Ya para el mediodía del 18 de agosto de hace 36 años, el agua desbarató la cortina de la presa y comenzó la pesadilla para los irapuatenses.

Pronto el agua invadió las principales calles de Irapuato, los esfuerzos de los medios de comunicación para prevenir a los pobladores sobre lo que se avecinada fueron inútiles, ya que algunos curiosos que se encontraban cerca de las vías del ferrocarril a Guadalajara

-actualmente Prolongación Guerrero-, se refugiaran.

Mientras los elementos del Ejército Mexicano luchaban incansablemente contra la fuerza del agua, el líquido ya había llegado hasta Arandas y la hacienda San Antonio de Ayala, donde los pobladores entre llanto y gritos buscaban desesperadamente refugiarse y proteger alguna que otra de sus pertenencias.

Contrario a los rumores de que la incapacidad de las presas sólo arrojarían anegaciones y encharcamiento menores, rápidamente el agua llegó hasta la Avenida Guerrero arrastró todo lo que había a su paso vehículos, animales, muebles, en tanto algunos irapuatenses de forma improvisada se apuraban a colocar costales de arena para proteger sus hogares.

"Mucha gente dijo que no hubo muertos, pero esa es una de las más grandes mentiras, a mi me tocó ver gente flotando con la panza para arriba junto perros, gatos y ratas muertas... Yo vi cómo las alcantarillas se comían a la gente, gente que nunca volvimos a ver, que nunca la encontraron", dijo la señora Rosario Contreras, habitante de la Colonia 18 de agosto.

Horas de angustia y desesperación al ver como el patrimonio levantado con mucho esfuerzo se escurría entre el agua pasaron los irapuatenses aquel 18 de agosto de 1973.

Cuando el nivel del agua bajó, los irapuatenses de aquel entonces trataban de tranquilizarse y hacer el recuento de los daños que dejó la trágica inundación.

Mientras los pobladores intentaban encontrar una explicación de lo ocurrido y poco a poco armar su patrimonio con lo que alcanzaron a recuperar, 3 días después, el 21 de agosto, el entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, visitó Irapuato, que junto al director de protección civil Roberto Domínguez recorrió las zonas afectadas.

A 36 años, de la inundación que marcó el antes y después de Irapuato y sus familias, hasta el momento nadie ha informado el monto de los daños y peor aún de las personas que fallecieron dejando en el desamparo a sus seres queridos.

Lo único cierto es que quienes vivieron el trágico acontecimiento no pueden olvidar como una vez más la naturaleza no respeta condición social ni género y cómo desafortunadamente sólo en estas situaciones se pone a prueba el arrojo y la solidaridad de los irapuatenses.