Hidalgo
Fray Bernardino de Sahagún
Fray Bernardino de Sahagún, hace 450 años, inició, en Tepeapulco, la primera investigación antropológica de que se tenga memoria. Foto: El Sol de Hidalgo.
El Sol de Hidalgo
9 de enero de 2009

Por Juan Manuel Menes Llaguno

Cronista del Estado de Hidalgo

Pachuca, Hidalgo.- Este año se cumplirán 450 de que fray Bernardino de Sahagún iniciara en Tepeapulco la investigación que culminaría con su gran obra "Historia General de las Cosas de la Nueva España", la cual rescató, en un momento clave, el pasado prehispánico de México y con la que daría inicio la más importante técnica antropológica de estudio.

Bernardino de Rivera nace en la pequeña población de Sahagún, ubicada en el Reino de León, en España, entre 1499 y 1500, de donde pasa a Salamanca para realizar sus estudios de teología y cánones, ingresando a la orden de San Francisco, en la cual tomara el nombre de Fray Bernardino de Sahagún, rebautizándose con el nombre de su pueblo natal. Hacia 1529 se efectúa su arribo a la Nueva España, en el grupo dirigido por fray Antonio de Ciudad Rodrigo y 19 hermanos más de la Orden. Después de permanecer en los conventos de Xochimilco, Huejotzingo y, desde luego, el de Santa Cruz de Tlatelolco, es enviado, a mediados de 1558, al de Tepeapulco, con la orden del provincial fray Francisco de Toral de "escribir en lengua mexicana cuanto le pareciese útil para doctrina, cultura y manutenencia (sic) de la cristiandad de estos naturales..."

Aunque su arribo al convento de Tepepolco (Tepeapulco) se efectúa a mediados de 1558, es hasta principios de 1559 cuando da inicio a la aplicación de las preguntas y encuestas de los llamados "Primeros Memoriales" o "Códice Matritense", llamado así por haber sido hallado en Real Academia de la Historia ubicada en Madrid.

Durante casi seis meses, se aplicó Sahagún en redactar cada pregunta y luego en traducirlas para que los intérpretes nativos las formularan a quienes él mismo llamaría "informantes", los que en seguida procedió a escoger de un grupo de ancianos "de razón", con el que quedó integrado el primer grupo. Esta tarea la encomendó a don Diego de Mendoza Tlatenzin, señor principal de Tepeapulco, quien estaba casado con una hija de Ixtlixóchitl, soberano de Tezcoco.

La respuesta a cada pregunta fue redactada al antiguo modo, es decir, mediante pinturas y jeroglíficos que luego eran traducidos por el fraile y sus ayudantes, primero al náhuatl y luego al castellano. Las preguntas se referían primordialmente a conocer los recuerdos más remotos de los informantes sobre el pasado de los pueblos mesoamericanos acerca de su religión, dioses y prácticas de culto, sobre sus conocimientos calendáricos y agrícolas, sobre la vida cotidiana en pueblos y ciudades y, en fin, principalmente aquello que arrojara conocimientos sobre la vida de los antiguos mexicanos.

Después de conocer la respuesta sobre cada pregunta, Sahagún registraba aquellas que por unanimidad habían sido respondidas en el mismo sentido, posteriormente aquellas en las que la coincidencia era de la mayoría, etcétera, hasta llegar a desechar aquellas en las que la información era contradictoria y que, desde luego, podían ser desechadas. Con este sistema inauguraría el padre Sahagún el método científico de la antropología, muchos años antes de que Lafitau escribiera su obra sobre "Las costumbres de los amerindios en la larga historia de la humanidad".

¿Por qué escogió Sahagún a Tepeapulco para iniciar su investigación?, por dos circunstancias, la primera, su contacto con el cacique Diego Mendoza Tlatenzin, a quien seguramente conoció en el colegio de San Cruz de Tlatelolco y supo de la gran influencia que éste ejercía en los indígenas de toda la comarca, desde "Texcoco hasta Tulancingo, incluyendo Tepepolco", y la segunda, por ser ésta en ese entonces una de las regiones más pobladas de nativos y por encontrar todos ellos en Tepepolco el sitio principal de reunión.

Prácticamente, el trabajo y ordenamiento de los primeros memoriales le llevó al padre Sahagún todo el año de 1559 en Tepeapulco, pues al siguiente, ya en Tlatelolco, nuevamente procedió a reordenarlos y en seguida a escribir su gran obra, más diversos tropiezos: una epidemia, reticencias de la Inquisición y dudas en los Provinciales de la orden retardaron la autorización para que fuese impresa, de modo que a su muerte, en 1590, no tuvo la fortuna de verla publicada.

Sobre su importancia baste pensar que si no se hubiese realizado esta ardua labor de investigación en ese momento, desconoceríamos prácticamente todo el pasado prehispánico de esta gran nación que es hoy México.