Opinión
Eduardo Sadot Morales Figueroa
La delincuencia organizada y los símbolos de autoridad

El Occidental
22 de junio de 2008

Guadalajara se encuentra en el umbral del control de la inseguridad por los Zetas, con el riesgo de llegar a ser un centro de operación como Veracruz o Cancún, donde no hay negocio que someta su prosperidad a las cuotas de seguridad que cobran y en algunos casos se factura con la vida, según los informes de inteligencia militar. Mientras esto nos pasa en Jalisco, en otra parte del país, en la sede de los poderes federales, se desmantela lo que fuera el mayor símbolo de acto republicano en torno al Presidente de la República, el Informe de Gobierno.

Los desfiles desde sus orígenes monárquicos eran un pretexto para divertir al pueblo contemplando los carruajes y la opulencia de los reyes que dejaba boquiabiertos a los plebeyos, quienes sólo podían tener acceso a mirar, como vivían en la opulencia quienes los gobernaban. Estos actos, inclusive en los regímenes militares, según el libro "El arte de la guerra" de Sun Tzu -en cuyas reflexiones se apoyó Maquiavelo y luego en la Alemania nazi el estratega propagandístico, doctor Paul Joseph Goebbels-, representaban una muestra de poder. En el México colonial, la arquitectura de esa época en la distribución del centro de las ciudades, está presente el mensaje de poder tan necesario para mantener el control y orden de las ciudades, con sociedades carentes de cultura; no es casualidad que en el centro se encuentre precisamente la Plaza de Armas donde la tropa pasaba revista todas las mañanas, con el objeto de mostrar la fuerza disciplinaria y organizativa de las tropas, como aviso amenazante, para los posibles sublevados y el escenario que rodea a los edificios que albergaban el poder, que aún hoy se sigue conservando; el poder terrenal, el gobierno o sus instituciones; el poder espiritual o religioso y el poder económico de los comerciantes. Todo en su conjunto, inspiraba, sino respeto, en algunos casos sí temor, que repercutía en el orden general.

Desde aquel histórico último informe presidencial de Miguel de la Madrid, donde fuera interrumpido por el senador de la República Porfirio Muñoz Ledo Lazo de la Vega, parteaguas en la vida presidencial, donde comenzó la desacralización de la figura presidencial, pasando por la redistribución de las curules de San Lázaro, que desaparecieron el pasillo central por donde entraba el Presidente, hasta la vergonzosa presencia del presidente Fox en su último Informe de Gobierno donde sólo llegó hasta las puertas de cristal de la Cámara de Diputados a entregar su informe por escrito, hoy se sepulta el boato de la ceremonia presidencial de cada primero de septiembre, para que el jefe del Ejecutivo Federal, sólo envíe su informe por escrito.

Nos preguntamos si el crecimiento de la delincuencia organizada frente a un gobierno desorganizado -me refiero a las instituciones de gobierno, independientemente de colores y partidos- se debe también a la devaluación de los símbolos de poder, que de una u otra manera infundían respeto y temor en la ciudadanía y si realmente los mexicanos estamos verdaderamente preparados para una convivencia respetuosa sin una sólida figura de autoridad.

sadot@webtelmex.net.mx
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