Hidalgo
Universidad Autónoma de Hidalgo
El Sol de Hidalgo
19 de marzo de 2011

Por Sara Montes

Cronista de Pachuca de Soto

Pachuca, Hidalgo.- Al escribir sobre la Universidad Autónoma es inevitable que me invada el sentido de pertenencia a ella. Aquella escuela en la que inicié mis estudios de preparatoria ha cambiado enormemente, pero la esencia del Alma Mater sigue intacta, sobre todo para los que tuvimos la fortuna de formamos profesionalmente en ella.

Al comenzar este relato me surgió la pregunta: ¿Qué pasaba en el mundo, en México y aquí, en Pachuca, hace 50 años?

Una de las noticias más importantes era la reciente ascensión de John F. Kennedy al gobierno de Estados Unidos, después de su triunfo electoral sobre Richard Nixon.

Se aceleraba la carrera espacial, siendo el ruso Yuri Gagarin el primer hombre que orbitaba la Tierra; se recuerda cómo las dos potencias: Rusia y Estados Unidos, estuvieron muy cerca de una confrontación armada, y se intentó la invasión de Bahía de Cochinos.

Se presentaban en Liverpool, en el club "The Cavern", los Beatles, el grupo que nos hizo cantar toda una época, y se escuchaban sus primeras canciones: "Love me do" y "P.S. I love you". Iniciaba la moda psicodélica, los hippies, las flores en el pelo, amor y paz, el sexo libre y las drogas.

Además, en agosto de 1961, un hecho marcó la historia mundial: la construcción del Muro de Berlín que dividió esta ciudad hasta 1989.

En México gobernaba Adolfo López Mateos, un presidente carismático, originario del Estado de México. Era la mitad de su mandato 1958-1964, y destacaba la nota del impulso que daba a la educación pública al establecerse el libro de texto gratuito en todas las primarias de México y se anunciaba la creación del Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI), la construcción de los museos de Arte Moderno, de Historia Natural y Nacional de Antropología.

La expansión educativa nacional hizo que Hidalgo se viera favorecido, sumando a ello los méritos y el prestigio que el Instituto Científico y Literario Autónomo (ICLA) había cultivado, la necesidad de conseguir un nivel más alto en la educación, así como evitar la centralización de profesionistas en el Distrito Federal, que llegaban de los estados de la República y rara vez regresaban a sus lugares de origen. Siendo así, el 3 de marzo de 1961, en recuerdo al lejano día de su creación en 1869, el Instituto cambió de nombre y se transformó en Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Ese día en Pachuca, en representación del presidente López Mateos, asistió a la emotiva ceremonia el secretario de Educación Pública, doctor Jaime Torres Bodet, quien junto con el gobernador hidalguense, mayor Oswaldo Cravioto Cisneros, y el primer rector de la institución, licenciado Rubén Licona Ruiz, declaró solemnemente inaugurados los trabajos de la ya Universidad.

De aquel suceso al día de hoy han transcurrido cinco décadas. Unos años después, en 1965, inicié el bachillerato en el añejo edificio de las calles de Abasolo, donde el espacio se compartía con los alumnos de Leyes e Ingeniería. Pero después el sitio resultó insuficiente y para el segundo año tuvimos que trasladarnos a un edificio nuevo en la prolongación de la avenida Juárez: la Preparatoria Uno. Fui testigo de esa construcción, porque vivía exactamente enfrente y se hizo en un terreno con matorrales, de 25 mil metros cuadrados, que decían estaba ubicado "a la salida de la ciudad sobre la carretera a la capital de la República, pasando la Glorieta de los Insurgentes".

La inauguración fue el 18 de mayo de 1966, dentro de una intensa gira del Presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, quien llegó a ésta acompañado del gobernador del estado, Carlos Ramírez Guerrero. Los esperaba el personal docente, administrativo y el estudiantado. Procedió el abanderamiento, la develación de la placa alusiva y el recorrido de las instalaciones. En el evento se escucharon palabras del estudiante Adalberto Chávez Bustos, a la sazón el primer presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios; al finalizar, en el Club Social y Deportivo Pachuca se ofreció una cena.

La obra tenía 16 aulas, oficinas administrativas, gimnasio cerrado con cupo para 2 mil personas, salón para talleres y cuatro locales con laboratorios de química, física, biología y mineralogía. El costo: 2 millones 820 mil pesos.

Sin embargo, desde un principio existió el problema de que la escuela se inundaba constantemente, entonces se pensó en resolverlo y un día cuando vino a Pachuca el secretario de Recursos Hidráulicos, José Hernández Terán, el gobernador Ramírez Guerrero lo invitó a visitarla. Al llegar fue recibido por los estudiantes, y el presidente de la FEUH, Jaime Flores Zúñiga, le pidió apoyo para arreglar el drenaje y así evitar los daños que se ocasionaban.

Se decía que la nueva escuela quedaba demasiado lejos, incluso la inolvidable señora Adalberta Romero, quien fuera por muchos años prefecta, comentaba que los alumnos y los maestros decían eso porque, acostumbrados a asistir al edificio de la calle Abasolo, les representaba una gran diferencia, pues no todos tenían automóvil para trasladarse y muchos tenían que utilizar los camiones rojos que los traían desde el centro.

El director era el licenciado Carlos Borja Meza; los grupos no eran muy grandes, ya que había turno matutino para el bachillerato de Ciencias Sociales y vespertino para el bachillerato, de Ingeniería y de Ciencias Biológicas. Los exámenes eran Ordinarios, Extraordinarios y a Titulo de Suficiencia.

Algunos compañeros de ese tiempo fueron: Rosalía Marco, Elvia Leyva, Rebeca Patiño, José Luis Zúñiga, Glafiro Chávez, Fernando Violante, Juan Manuel Hinojosa, Guillermo Peredo Pratt, Guillermo Peredo Rojas, Rigoberto Rodríguez Murillo, Jorge A. Huerta, Alicia Rodríguez, María Elena Cano, José Samperio, Esperanza López, Jaime Samperio, José Córdoba, Eduardo Gómez Jiménez, Ángel Cruz Hernández, Abel Vázquez Flores, José Luis López Lara, Gloria Elena Tinoco, Isabel Carrillo y Rogelio Pérez Rubio, entre muchos más.

También recuerdo a algunos maestros. Doctores: Joaquín Lara, Luis Lagarde, Francisco Zapata, Esperanza Ortega, Enrique Medécigo, Alfredo Ortega Rivera, Daniel Olguín, Enrique Gil Verano, Silvia Márquez, Nicolás Soto Oliver, Alberto Zoebisch Sánchez, Alberto Hernández, Pedro Espínola Noble y Héctor González Sánchez.

Licenciados: Javier Romero Álvarez, Carlos Borja Meza, Olga Trevethan, Rubén Licona Ruiz, Rafael Arriaga Paz, Gabriel Romero Reyes, Rafael Vargas Rodríguez, Ignacio Bocardo y Julio Hoyo Asiáin.

Ingenieros: Alfredo Rojas Corona, Jesús Echeverría, Joel Romero Salinas, Méndez Munguía y Alfonso Munguía. Maestras: Esperanza Herraiz, Madeleine Bonnefoi, Luz María Nieto de Bravo, Bessie Gómez y Martha Manning. Profesores: Raúl Guerrero Guerrero, Rafael Cravioto Muñoz, Héctor Valdelamar Frank y Bibiano Gómez Quezada, y en Educación Física: Alfonso García y José Leonard Casasola.

Después del cambio, en el edificio central quedaron las oficinas de la Rectoría que ocupaba el licenciado Juventino Pérez Peñafiel, siempre amable y muy pulcro; la Secretaría General con el licenciado Rafael Arriaga Paz, joven amigo de los estudiantes, y la Tesorería con el profesor Tomás Devereaux, de semblante adusto, al cual le solicitábamos la prórroga de algún pago.

No está de más decir que Pachuca era otra, era una tranquila ciudad, con pocas opciones para estudiar. En la universidad sólo podíamos escoger entre la Licenciatura en Derecho, Ingeniería Industrial o Medicina; también Enfermería y Obstetricia, y Trabajo Social, que eran a nivel subprofesional.

Entonces opté por estudiar Leyes y fue la mejor elección; cómo recuerdo que en aquel tiempo platicábamos mucho con el doctor Nicolás Soto Oliver, hoy decano de la Universidad, y entre muchos consejos que nos daba, un día nos dijo: "Miren «cuates», hay dos decisiones que son determinantes, las más importantes en la vida de cualquier joven: una, la elección de la pareja que compartirá su vida, y otra, la elección de la profesión a la que se va a dedicar; por ello procuren no equivocarse".

Entré en la Escuela de Derecho y Ciencias Sociales, cuyo antecedente es la Escuela de Jurisprudencia que estuvo ubicada en una pequeña casa habitación en la calle Arista, donde estuvo hasta 1961, justo cuando fue creada la Universidad. De 1947 a 1961 sólo había tres años de la carrera, después se tenía que continuar dos años en la Ciudad de México. Por eso en 1965 egresó la primera generación que cursó los cinco años aquí, en Pachuca.

Recuerdo que las aulas estaban en el gran pasillo y el director era el licenciado Almaquio García Olguín, excelente catedrático de recio carácter que nos daba Derecho Procesal Civil; después fue Agustín Cerón Flores, joven abogado que llegó de México con nuevas ideas y daba Derecho Internacional.

Egresé con la generación Licenciado Juan Manuel Delgado Díaz, y recibimos nuestra carta de pasante de manos del rector, licenciado Jesús Ángeles Contreras, en una ceremonia en el Cine Reforma. En el presidium también estaba Estela Rojas de Soto y Agustín Cerón. Después hubo una comida en Pachuquilla, con la asistencia del padrino, licenciado Hugo Cervantes del Río, secretario de la Presidencia de la República, quien dirigió un discurso y nos dio un diploma. Del mismo modo, habló Juan Manuel Camacho Bertrán, quien era el presidente de la generación.

Este grupo contaba, entre otros, a: Juan José Acevedo, Víctor Calva Serrano, Jesús Murillo Karam, quien fuera el primer gobernador del estado egresado de la Universidad; Estela Baños, Alejandro Cravioto, Angélica Cruz Gregg, Jorge Esquerra, Justino Franco, Marina Hernández, Máximo Hernández San Román, Reyna Hinojosa, Jorge Huerta, Guillermo Peredo, Armando López Torres, David López López, Norma Monroy, Lauro Perea, Daniel Muñoz Pinchetti, Guadalupe Ramos, Eduardo Rodríguez, Felipe Vázquez, Ramón Vázquez García, Silvia Vergara, Norberto Vital, Ignacia y Enrique Quezada Islas, Ernesto Jiménez, Arturo Gutiérrez Jiménez, Felipe Mejía Galarza, Roberto Lozada, Lauro Chávez, Carlos y Jorge Romero Castro, y Eduardo Zerón Espinoza.

Los distinguidos maestros eran: Rubén Licona Ruiz, Humberto Velasco Avilés, Carlos Borja Meza, Domingo Franco Sánchez, Jorge Quiroz Sánchez, Juventino Pérez Peñafiel, Juan Manuel Delgado, Alejandro Straffon Arteaga, César Vieyra Salgado, Jesús Ángeles Contreras, Rubén Licona Rivemar, Rafael Vargas Rodríguez, Rafael Arriaga Paz, Adalberto Chávez Bustos, Agustín Cerón Flores, Julio Hoyo Asiáin, Alfredo Ortega Rivera, Josefina Vargas González, Jesús Corrales González y Conrado Carpio Zúñiga.

Durante esos años hubo dos hechos por demás relevantes: uno en el ámbito nacional que fue el movimiento estudiantil de la UNAM, del 2 de octubre de 1968, siendo rector Juventino Pérez Peñafiel y presidente de la FEUH Jaime Flores Zúñiga. Afortunadamente, nuestra escuela se mantuvo expectante, pero sin resentir algún hecho que nos dañara.

El otro fue el gran festejo del Centenario, en enero de 1969, cuando también era rector Pérez Peñafiel. La Universidad se vistió de gala y se organizaron sendos eventos conmemorativos: académicos, deportivos y culturales. Por las tardes, los alumnos nos íbamos al Reloj, bajando por la calle Doria, cantando con las estudiantinas de Ingeniería, Querétaro y San Luis Potosí, a festejar en un ambiente de inolvidable camaradería.

El 3 de este mes, al asistir a la celebración del 50 aniversario, comprobé una vez más la grandiosidad de mi Universidad; basta decir que inició sus trabajos con tan sólo 850 alumnos y hoy cuenta con poco más de 44 mil. Comprendí cuánto han valido los esfuerzos de tantas generaciones, e imaginé cuántos miles y miles de pasos han subido sus escaleras, las horas de estudio y de clase, las tertulias en los pasillos, los tiempos de aventura y regocijo, los buenos amigos y los grandes amores, las risas y los llantos. Por todo ello valoro cada día más haber pasado por sus aulas.