Hidalgo
Mamá Carlota
María Carlota Amalia y Maximiliano de Habsburgo. Foto: El Sol de Hidalgo.
El Sol de Hidalgo
3 de enero de 2010

Pachuca, Hidalgo.- Muchos historiadores señalan que si Maximiliano de Habsburgo hubiera tenido la inteligencia de su esposa María Carlota Amalia, hubiera sido un excelente Emperador. Ella, nacida en el castillo de Laeken cerca de Bruselas, Bélgica, el 7 de junio de 1840, fue la única hija del matrimonio formado por el Rey Leopoldo I de Bélgica y la Princesa Luisa María de Francia (hija del rey Luis Felipe I de Orleáns, descendiente de Luis XIII, y de María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, hija a su vez de Fernando I de Borbón, Rey de las Dos Sicilias y de Nápoles).

Ella, fue llamada así en honor a la primera esposa de su padre, la Princesa Carlota de Gales, que había muerto durante un parto. Carlota tenía tres hermanos: Luís Felipe, que murió en la primera infancia, Leopoldo, que después de la muerte de su padre se convirtió en Leopoldo II de Bélgica y el Príncipe Felipe, Conde de Flandes. Ella era también prima hermana tanto de la Reina Victoria I del Reino Unido como de su marido, el Príncipe Alberto, así como de Fernando II de Portugal.

Él, Fernando Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria, hermano menor de Francisco José I, Emperador de Austria, había desposado a Carlota el 27 de julio de 1857.

Años después la joven pareja aceptó la oferta del trono de México hecha por un grupo de conservadores mexicanos (opuestos al gobierno republicano encabezado por Benito Juárez), entre ellos Juan Nepomuceno Almonte, (hijo de José María Morelos y Pavón), y el doctor José Pablo Martínez del Río.

A principios de la década de 1860, Napoleón III de Francia inició la Intervención francesa en México. Francia, impaciente en convertir a México en un Estado satélite, buscó un testaferro adecuado para servir como el emperador nominal. El archiduque Fernando Maximiliano de Hasburgo aceptó la propuesta y la pareja navegó hacia el Nuevo Mundo. Fueron coronados en la ahora Catedral Metropolitana el 10 de abril de 1864 y escogieron como Residencia Imperial, el Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México. La princesa de Bélgica Charlotte, archiduquesa de Austria, tomó el nombre español de Carlota Amalia de México al convertirse en emperatriz.

El Segundo Imperio Mexicano (1864-1867), fue breve y agitado debido a los choques entre la guerrilla republicana y los ejércitos imperiales mexicanos y franceses. Desde el principio los emperadores, no pudieron equilibrar sus políticas liberales con la plataforma de los intereses conservadores que les habían llamado a gobernar. Tan sólo pocos meses después de la coronación, Napoleón III comenzó a señalar su abandono a Maximiliano. En 1866 Francia, bajo la amenaza de Prusia, la presión de los Estados Unidos y especialmente las derrotas que sufrían frente a los guerrilleros de Benito Juárez, retiró sus tropas. Este obstáculo estratégico fue un golpe fatal a la monarquía mexicana y el Imperio se vino abajo. La situación fue exacerbada por un bloqueo de los Estados Unidos que impidió acudir a los refuerzos franceses.

La emperatriz Carlota Amalia, que ya se había destacado como atrevida viajera yendo a la Península de Yucatán para conocer a los mayas y las ruinas de Uxmal en 1865, decidió cruzar el Océano Atlántico en búsqueda de ayuda en Europa, en una tentativa desesperada de salvar el trono de su marido, entrevistándose con la nobleza europea en París y Viena, a quienes recordaba en vano el compromiso contraído cuatro años antes; pero el poco éxito de su petición pudo ser una de las razones por las que comenzó a mostrar síntomas de desequilibrio mental, ayudado por los continuos desplantes del emperador francés Napoleón III. Desde Francia, se dirigió a Trieste para descansar y después a Roma, con la intención de conseguir el apoyo papal e inclinar a los conservadores mexicanos a su causa. Acudió al Papa Pío IX, a quien imploraba un concordato para el imperio tambaleante, sin embargo, del Papa únicamente consiguió promesas vagas que la desesperaron. Fue así como Carlota Amalia fracasó en el intento de lograr el apoyo europeo para la monarquía mexicana. Desde ese momento, bajo presión, su locura fue incrementándose, con episodios de lucidez y demencia, agravados por el fusilamiento de su marido. Maximiliano I había sido aprehendido en Querétaro y en juicio sumario por el estado de guerra en el país, se le condenó a muerte. La sentencia se cumplió el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas.

Las últimas palabras del depuesto Emperador sobre su esposa fueron: "¡Pobre Carlota!". Unos meses antes se le había notificado que Carlota estaba enferma, pero sin detallar los síntomas. El estado mental de Carlota siguió siendo pobre. Su hermano el Príncipe Felipe, Conde de Flandes, la tenía examinada por médicos, que la declararon demente. Ella pasó el resto de su vida en aislamiento, primero en el pabellón de su Palacio de Miramar, cerca de Trieste, Italia, luego en el Castillo de Tervueren y finalmente en el en el Castillo Château de Bouchout en Meise, Bélgica donde finalmente fallecería. Durante la Primera Guerra Mundial, su propiedad belga fue rodeada por el ejército alemán, pero como Austria fue uno de los aliados principales de Alemania, y ella era la cuñada viuda del emperador austriaco, no fue atacada.

Mientras la enfermedad de Carlota progresó, su paranoia se fortalecía. Ella permaneció profundamente enamorada de su marido. Después de su muerte, ella atesoró todos los bienes restantes de lo que habían disfrutado en común. Se convenció a si misma de que Maximiliano aun estaba vivo y pronto volvería. Se dice que ella dormía con una pequeña muñeca en su cama, a quien llamaba "Max" y llego a decir que tenían una niña llamada Carlota Maximiliana. El resto de su vida (1867-1927) ella creyó que todavía era la emperatriz de los mexicanos. Jamás regresaría al país que adoptó como suyo, México. Moriría 60 años después de su amado esposo, el 19 de enero de 1927, víctima de una pulmonía.

Existe la teoría de que la causa de la locura de Carlota fue debido a la ingesta de la seta teyhuinti. Se dice que Carlota fue con una herbolaria de la Ciudad de México a la cual le pidió ayuda para poder concebir. Llevaba oculta su identidad con un velo, pero la herbolaria, partidaria de Benito Juárez, la reconoció. El teyhuinti se emplea en soluciones muy diluidas, como un tónico, porque a concentraciones altas puede producir un estado de locura permanente.

Pero vayamos a la Carlota humana. El orgullo y las enseñanzas fincadas en el espíritu de ella por su padre, fueron en todo momento su estandarte. Ella decía: "Yo nací para reinar" y comentan que nadie la sacaba de ahí. Era una mujer tan culta que sabía prácticamente todo lo que en esa época se enseñaba. Hablaba siete idiomas, incluso náhuatl y maya, por ello muchas personas le llamaban "Mamá Carlota". Ella, a diferencia de su esposo, sí se acercaba a la gente.

Quiso poner escuelas para los indígenas, porque entonces, sólo los ricos tenían acceso a la educación. Pensó en crear escuelas de música, casas de cuna para que las mujeres que trabajaban dejaran a sus hijos seguros, pero todos los planes fracasaron, no tuvo tiempo de realizarlos. Cierto es que cuando llegó a México, se enamoró de él. Nunca dudaba sobre sus decisiones y lo poco bueno que se hizo en México en aquella época, lo hizo ella. Pero para muchos, prevalece la idea de que era ambiciosa, tal vez, pero ciertamente inteligente y trabajadora.

Maximiliano, por su parte, era un hombre débil, quería seguir dedicándose a la cacería y a coleccionar mariposas. Se había casado con Carlota por interés, ya que ella era una mujer muy rica, incluso sus hermanos pretendían despojarla de sus bienes.

Él se iba con mucha frecuencia de viaje, y le mandaba cartas muy amorosas, pero cuando llegaba a México otra era su actitud. No tenían relaciones sexuales, incluso hay escritores como Francisco Martín Moreno, que en su último libro: "Arrebatos Carnales", asegura que era homosexual o más bien bisexual, e incluso da el nombre de su pareja: Carlos Bombelles. Pero Carlota no se quedaría atrás, ella tuvo amoríos con su lugarteniente Alfred Van der Smissen, teniendo un hijo llamado Maxime Weygand, que fue registrado como de padres desconocidos, pero Maximiliano también. Su relación con una cocinera de nombre Concepción Sedano, arrojó un hijo que fue llamado Julián Sedano Leguísamo, nacido en 1866 y fallecido en 1914, cuando fue fusilado, acusado de conspirar durante la Primera Guerra Mundial en contra de Francia.