|
Hidalgo
Fluye el turismo a Real del Monte
De advocación a Nuestra Señora de la Asunción, la iglesia principal del municipio de Mineral del Monte, está también bajo el patrocinio de la Virgen del Rosario. Foto: El Sol de Hidalgo.
El Sol de Hidalgo
8 de noviembre de 2009
Por Edith Hernández
Pachuca, Hidalgo.- A tono con los fríos días actuales, una de las regiones que toman misticismo con sus historias es Real del Monte. La neblina de las mañanas y las temperaturas de una sola cifra no detienen a los turistas locales y foráneos que toman camino hacia el municipio de Mineral del Monte. Su nombre fue adoptado a la fundación del pueblo, pero, a la dominación española, fue cambiado por el de Real del Monte, que desapareció hacia la división política establecida por la constitución de esta fecha, según cita el catálogo de construcciones religiosas editado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público hacia el año 1940. El cambio, se apunta, fue debido a la costumbre española de designar los minerales como "Real". En la actualidad, la principal actividad del conocido Real del Monte no es más la minería. Convertido en "Pueblo Mágico", conserva bajo sus tejados rojos tradición minera en cada rincón, reflejada en sus restaurantes de comida típica, tiendas de artesanías y, lo más popular: platerías y locales que venden pastes. Mineral del Monte es sede de diversas construcciones religiosas católicas y metodistas, entre las que destaca la iglesia principal, de advocación a Nuestra Señora de la Asunción, construida a muy lento paso de 1563 hasta 1578, cuando pudo ser bendecida. La humilde nave de adobe techada con tejamanil contrastaba con la riqueza de aquel Real del Monte, por lo que el Conde de Regla, don Pedro Romero de Terreros, a sus expensas, levantó la iglesia terminada en 1762, de bóveda grande, cúpula y dos torres, una de las cuales, erigida en 1842, y que alberga un reloj que en aquel tiempo fue costeado por los mineros. En su interior, aún existe la escultura de la Virgen del Rosario, bajo cuyo patrocinio se encuentra el templo. Su estilo corresponde al tipo de las construcciones religiosas del siglo 17, de planta cruciforme, fachada principal al poniente, construcción de mampostería, bóveda de cañón, seguido con lunetos y piso de madera. Cuenta con dos torres con una ventanilla cuadrangular y dos círculos conocidos como "ojo de buey" cada una. Destaca el detalle de la capilla abierta en la fachada, altar que servía para las ceremonias presenciadas desde la vía pública. El detalle, según el catálogo consultado, resulta una peculiaridad rarísima en nuestros edificios religiosos. Coronando el frente, se observa el envidrierado que se comunica con el coro y sobre el cual resalta un pretil rematado en el centro con un pequeño nicho. De la torre derecha podemos resaltar que aloja un reloj público con carátulas al poniente y al sur. En la base, entre el ojo de buey y la ventanilla, existe una placa que dice: "Este monumento a la gratitud recordará a la posteridad el empeño y liberalidad con el que los trabajadores de las minas costearon esta torre en que se colocó el relox el 24 de junio de 1842". Y vaya que sí, 177 años después, esta posteridad que fuimos nosotros y la que será después de nosotros continúa y continuará recordando aquellos años mineros de ese nuestro Real del Monte, cuando costear edificios religiosos no acababa con la que fuera nuestra peculiar riqueza de ayer. |
|