Opinión / Columna
 
Jaime López Molina 
Liberación e Inquisición
El Sol de Tlaxcala
18 de septiembre de 2009

  Con motivo de las "fiestas patrias", las que debieran manifestarse durante toda la vida de la ciudadanía mexicana. Hoy hacemos referencia de algunos episodios de la insurrección criolla que afloró en 1810, cuando un personaje al que conocemos como: "Padre de la Patria", al grito de ¡Viva Fernando VII!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe! Y a la consigna de: ¡Aprehender gachupines!, inició la rebelión armada.

Este personaje de carne y hueso, según datos de investigadores era de talla alta, calvo y sobre todo: inteligente, por algo le apodaron: "El Zorro", su intelecto dominaba algunos idiomas: purépecha, otomí, náhuatl, francés, italiano, latín y español, gustaba de dirigir obras de autores franceses (Moliere), era sociable; organizaba tertulias, era -según historiadores- una persona con empatía, gozaba del respeto y afecto de todas las capas sociales, lo querían tanto los esclavos, los de clase media y los potentados. Demostró gran valor y audacia cuando se descubrió la conspiración, llamó al pueblo de inmediato, el que ya estaba cansado de sufrir la explotación de su esfuerzo físico cuyo producto del interior de la tierra así como el de la superficie, era gozado por los gachupines.

El 20 de marzo de 1811 (día aciago para la revolución), en el lugar conocido como las Norias de Baján, un traidor llamado Ignacio Elizondo finge un recibimiento a los generales y tropa insurgente y ahí hace prisioneros a Miguel Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y Abasolo. Prisionero Hidalgo, le fueron formados dos tipos de procesos, el militar y el tribunal eclesiástico que se encargaba de castigar los delitos contra la religión católica. El proceso militar se justificaba plenamente, pues Miguel Hidalgo encabezó una revolución armada en contra de un gobierno. El furioso clero católico reafirmó lo que ya venía señalando con antelación en relación a la personalidad del "Padre de la Patria", entre los epítetos clericales aplicados al rebelde libertador están: "hijo de satanás", "miembro podrido de la Iglesia", "monstruo fabuloso", "abominable feto", "hombre perverso que encabeza la rebeldía de los apóstatas en la Nueva España"...

Durante el proceso militar, los días 7 y 8 de mayo del año antes citado por la mañana y tarde, Hidalgo fue interrogado por el alférez Ángel Abella con el fin de formar el proceso legal. El Libertador respondió con firmeza a todas las preguntas, aseverando que la independencia sería de gran beneficio para el país, además se hizo responsable de haber estructurado el proyecto de llevarla a cabo cuando Allende le aseguró que ya contaba con los elementos suficientes; sí era cierto: que levantó ejército, fabricó armas, acuñó monedas, nombró jefaturas, emitió manifiestos, y envió a un agente diplomático a Estados Unidos, y que el ordenó la matanza de españoles presos en Valladolid (Morelia). Como aclaración: los españoles presos eran los peores explotadores que durante años trataron muy mal a los esclavos indígenas. Prisionero Hidalgo, aclaró que no tomó objetos sagrados para financiar el movimiento revolucionario, tampoco recibió sugerencias de agentes de Napoleón Bonaparte para promover la insurrección; que sus acciones se fundaron en "el derecho que todo ciudadano tiene cuando cree que la Patria está en riesgo de perderse". Las firmes declaraciones del caudillo demuestran con gran precisión la convicción respecto a la obra revolucionaria por construir, basada en el empleo de las armas era la acción correcta. Encaja una pregunta: ¿En qué país del Continente Americano, los imperios explotadores de las riquezas naturales han otorgado la independencia y libertad sin que se haya derramado sangre? La libertad de los pueblos esclavizados y explotados se han conseguido con las armas en la mano y la estructuración de leyes justas. Miguel Hidalgo no estaba equivocado, este gran hombre estaba justamente sustentando la razón que asistía a la insurgencia . Para uno de los arzobispos enemigos de la insurrección (pero amigos del gobierno explotador), De Lizama, llama al movimiento rebelde: "furia infernal" y a los insurgentes "hijos de Satanás", para el citado religioso era muy correcto que continuaran siendo esclavos para ser "hijos de Dios", como si el filósofo del Amor: Jesucristo, hubiera recomendado ejercer la esclavitud y la desmedida explotación humana.

El proceso inquisitorial continúa y entonces Miguel Hidalgo es excomulgado, después de que Manuel de Flores, el Inquisidor fiscal lo acusó de cincuenta y tantos cargos, que el acusado contestó con 12 puntos concretos, cerrándose con ellos las "averiguaciones". Inició la humillación en grado tan bajo al Cura de Dolores, que debe leerse: "sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en dondequiera que está , ya sea en la casa, en el campo, en el bosque, en el agua o en la iglesia... Sea maldito en vida y muerte, sea maldito en todas las facultades de su cuerpo. Sea maldito en su pelo. Sea maldito comiendo y bebiendo, hambriento, sediento, ayunando, durmiendo, sentado, parado, trabajando o descansando y sangrando". A propósito de sangrar, los curas que intervinieron en la excomunión de Hidalgo le levantaron la piel de los dedos de sus manos, esta acción con maldiciones de los religiosos. Otro fragmento: "Sea maldito... Que el Hijo de Dios viviente con toda su majestad lo maldiga, y que los cielos de todos los poderes que los mueven se levanten contra él (Hidalgo), le maldigan y le condenen".

Ni las maldiciones del clero, amigo de la clase política en el poder, ni el fusilamiento realista, lograron sus objetivos, la desaparición física de Hidalgo jamás minó la voluntad del pueblo para proseguir la lucha contra la tiranía extranjera.

¡Viva el pueblo de México!
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas