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Hidalgo
Sin nombre
El Sol de Hidalgo
19 de abril de 2009
Por Adriano
Pachuca, Hidalgo.- -¿Adónde he oído eso? Me suena como a punto de reunión, si no familiar, sí como de diversión-. Así déjalo, tía, empecemos sin demora la última parte de la reseña que iniciamos el dominguito pasado del libro de Manuel Alonso y dejemos que nuestros amadísimos lectores decidan si es o no cierto eso de que las pelirrojas traen mala suerte, que por el simple hecho de ser mujeres ya son peligrosas. Punto. Y mire que cuando a tan temprana hora el tal Adriano ha escrito eso de Punto es señal inequívoca que lo cree firmemente. Saliendo del bar al que fueron a buscar a Juan, novio de Helena y piedra emocional en el zapato de Chico, se van fuera de la ciudad para evitar los encuentre la policía -más despacio, ahijadito, di que el chavo es buscado por su corta edad y la pintada porque está metida en un problemón, que no-. Ande, usted, pero no la pintes, entonces Chico se ofrece a cargar todo el tiempo la mochila, no olvidemos que se enamoró irremediablemente a primera vista, y subiendo una cuesta piensa que la mentada mochila ya le pesa de manera indecente. Para acabarla de amolar, curiosa expresión ésta que debe venir del trabajo que hacen las muelas de molino, digo yo, les cae la lluvia "como me figuraba yo, de niño, que caí sobre sus víctimas el hombre del saco" piensa Chico, o el señor del costal, nuevamente yo, con el que nos traían jodidos nuestras mamás. Líneas delante un auto conducido por un hombre maduro con miradas de cerdo para Helena les lleva por un corto tiempo; "los de cuarenta son los peores" recuerda Chico como parte de una charla que tiempo atrás oyó -y yo creyendo que eran los más atractivos y los mejores partidos y amantes, perra mi suerte-. Ay, tía, será porque conforme te vas avejentando te vuelves más y más desconfiado, como bien dice nuestro escritor invitado. Terminemos sin detenernos. Llegados a casa de un amigo, Helena y Héctor, que esa era su nombre, se abrazan efusivamente y hasta se besan. Nuestro joven héroe siente terribles celos o la presencia del monstruo de los ojos verdes, dijera Shakespeare, dejándolo tan inquieto como si se hubiera tragado una culebra. Pronto se recupera ya que su amor, sólo de él, le habla para decirle que Héctor es, cómo decirlo -bateador de izquierda y derecha, vamos, del otro Laredo-. Pues sí, como fue el enorme de Oscar Wilde, que no pocas veces decía que lo importante era que hablaran de uno; aunque fuese bien. Regresan, se hospedan y con apenas unas horas de sueño deben huir porque llega la policía. Caminando en medio de una calle oscura son atacados con una vieja camioneta que acelera para adelante y para atrás estando a punto de matar a la pelos rojos. "Aquello que más tememos acaba por suceder indefectiblemente" piensa y atrae Chico. Sigue la aventura hasta que Helena le confiesa la situación, a saber; estando en un banco con Juan son testigos de un asalto. Tirada boca abajo levanta la mirada y se percata que el ladrón tiene una fea cicatriz en la mano. Cuando todo pasa y los interroga la policía se percata que el jefe del grupo tiene esa cicatriz y lo peor del caso es que el maloso también la identifica -ahora ya está todo claro, Sherlockatarantado-. Así las cosas, en una callejuela los vuelve a interceptar golpeando a Chico y pretendiendo matar a Helena con una navaja no sin antes abusar de ella para encubrir los hechos. "En momentos de pánico me asaltan de momento frases y ocurrencias siniestramente cómicas" dice el púber sabio de Chico y en momentos de flaqueza recapacita así; "...volverme a casa en busca del perdón y la tranquilizadora rutina del adolescente que aún no ha hecho por sus propios pasos el ingreso en la vida real...", en momentos de franca decepción amorosa con un; "trágame tierra", y en aquellos de clarividencia se dice; "soy un desgraciado inútil". Pero decide seguir a Helena "hasta el fin del mundo". No olvidar que ya tenemos dicho lo profundamente enamorado que está de ella, casi, casi como para quedarse sin nombre, que eso hace el amor, dejarnos sin identidad. Pero el espacio se agota y lo mejor que podemos hacer es recomendar a nuestros pacientes fanáticos que busquen este bien escrito librito y ahí nos cuentan, ya van sólo por el desenlace, que les adelantamos se pone harto bueno -les deseamos buena suerte, aunque dicen que así les mandamos lo contrario, es decir, la mala suerte, que no-. Eso dicen, parienta, por hoy mejor nos despedimos mandando un afectuoso saludo a Aracely Hernández y a Sofía León, quienes nos leen, una a fuerzas y la otra por gusto, y que administran con mucho tino y creatividad uno de los mejores hoteles de Pachuquita -que es en dónde moderamos el Diplomado de Organización de Eventos, lindo sobrino-. Ahora sí te quedó muy bien el comercial completo, madrina del alma. |
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