Opinión / Columna
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El Sol en perspectiva
René Barbier
Samuel Carlos Guillén
El Sol de Durango
6 de febrero de 2012
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Pausada, grave y serenamente, la voz firme, vigorosa, clara, -pero cordial y competente-, al mismo tiempo, de D. Samuel Carlos Guillen, se fue apagado hasta enmudecer definitivamente. Fue esta una voz que en cumplimiento puntual y fiel de una vocación de inteligencia y de un sentido altamente humano de la cultura de asociación de los durangueños, describió con estilo propio por espacio de mas de cinco décadas, -cada día-, el estado de ánimo y el espíritu del esfuerzo desplegado por nuestra comunidad, indeclinable en su propósito perseverante de obtener el dominio histórico de su propio ser y de expresarlo con autenticidad.
Más de cincuenta años haciendo en la radio, la crónica periodística de cada día sin que ninguna duda vulnerara en algo su facultad de esperanza para un mañana mejor, en beneficio todos nosotros, y llevando hasta la conciencia de su nutrida audiencia el mensaje persistente de una tenaz exhortación a favor de la acción ciudadana dentro de los límites de la ley y de la voluntad dispuesta para el beneplácito de la vida en común.
Lo mismo en los veranos que en los otoños y en los inviernos del tiempo por que corre nuestra vida, la presencia de Samuel Carlos Guillén en los micrófonos, fue siempre una primavera por el calor sereno de su afecto por las mejores causas de nuestra sociedad; por el orden institucional de su palabra, y por su cordial magistratura y encarecimiento para recordarnos, insistentemente, que la mejor de nuestras expresiones en el verdadero ejercicio cívico, no sólo ha de limitarse al decir, sino que ha de cumplirse en el hacer.
Más de cincuenta años de ejercicio puntual, empeñoso y aplicado, de una vocación comunicativa orientada a la obtención de la mayor suma posible de cosas humanas, y contenida en la doctrina de que conocer es comprender y comprender es estimular las voluntades para su asociación legítima en la solidaridad de la semejanza y de la reciprocidad para superar con ella las desolaciones mudas y silenciosas de lo presente, lo fugaz y lo perecedero.
Más de cincuenta años de Samuel Guillén, en el relato puntual, asiduo y fiel del acontecer regional y citadino, -inscrito este acontecer de algún modo, en los hechos noticiables del mundo y del país-, y nunca en este relato, una palabra fuera de lugar o una expresión fuera de tono. Jamás una expresión malintencionada o un mensaje de odio o resentimiento. De ningún modo, una exhortación ajena al espíritu y al texto de la Constitución, de las leyes o de las costumbres previstas, establecidas y observadas por nuestra cultura. Abogado de profesión, Samuel Guillén mantuvo siempre en su ejercicio radiofónico, firme y constante su convicción intima a favor de la armonía de la justicia y de los beneficios recíprocos y estables que para el comportamiento humano traduce la observación de la ley y del derecho.
Escribió Plantón alguna vez que, "el tamaño de una ciudad debe medirse por la distancia que logre alcanzar la voz de un orador". Y ciertamente, por la misión civilizadora y por la experiencia de vida; por la asociación de intelecto y corazón de la que nace la palabra, ésta es el instrumento superior de la condición humana para promover entre los hombres, su más genuina virtud de entendimiento. A ese ideal que sugiere e inspira la palabra, como instrumento de comunicación, a fin de que el hombre por sí mismo, llegue a adoptar una actitud de honrado y riguroso examen de las estructurales mentales que la civilización actual, levanta a su alrededor, sirvió cabalmente y desde el umbral de su juventud, Samuel Carlos Guillén, ".Nada existe por completo en lo inexpresado" solía decir D. Jaime Torres Bodet. Y es que en efecto, el silencio es una forma de ignorancia y la ignorancia es una forma de no-ser. Aquello que no se expresa, o no se dice con la prudencia y la racionalidad debidas, correr el riesgo de disminuir, de viciarse o de perderse. Una cultura de responsabilidad exige y demanda, por supuesto, del ser humano, su propia expresión como tal.
Reducir la dimensión, el espacio y el volumen de lo inexpresable, fue el ideal de trabajo que orientó la labor cotidiana de Samuel Carlos Guillén y en esta motivación consumió lo principal de sus afanes y definió los derroteros de su sentimiento de lo durangueño.
Con Samuel Carlos Guillén se ha sido, -irremediablemente- un aparte importante y substancial de toda época, -brillante por los demás-, de la radiodifusión durangueña.
Y aquí, -solamente-, un hasta luego nostálgico y fraternal, al inolvidable, maestro y amigo.
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