Opinión / Columna
 
Socorro Soto Alanís 
De la biblia de 42 líneas al Kindle
El Sol de Durango
5 de febrero de 2012

  Considero que el libro es una de esas "pequeñas cosas" como canta Joan Manuel Serrat, que durarán lo que la humanidad permanezca en este planeta, antes de que se le ocurra a un tsunami inundarnos, o a un glaciar desbaratarse y desbaratarnos, o al mismo Apolo arrojar desde su carreta unos candentes rayos de helio y achicharrarnos. Me refiero a la cuchara, al lápiz y a la rueda, inventos del hombre para su propia subsistencia y bienestar.

Cuando nuestra especie se levantó de sus cuatro patas y dio un paso hacia adelante con el horizonte como límite, quiso ver, oler, conocer y sentir; miles de millones de años después, aquí estamos, queriendo ver, saber y sentir. Estoy de acuerdo con Ernesto Sábato, cuando nos dijo que no hemos avanzado mucho.

Para espantar su soledad y su angustia el hombre y la mujer inventan cosas: aparatos, instrumentos, métodos, técnicas y entretenimientos. Crean ideas, mitos, leyendas y también lo hacen para satisfacer su propia curiosidad y desarrollar su inteligencia, eso es parte del origen del arte, de la creación, de la ciencia, del deporte y hasta de las ideologías y de las religiones.

¿Cómo transmitir ese enorme acervo? ¿Cómo guardarlo en la memoria colectiva de la especie humana? ¿Cómo testimoniar el mundo que nos rodea? Los seres humanos han inventado un sinnúmero de instrumentos y aparatos para guardar su propia historia. Nuestros antepasados que vivieron la etapa primitiva dejaron sus testimonios en cuevas y grutas por medio de figuras. Después utilizaron la corteza de algunos árboles y plantas, principalmente el papiro utilizado por los egipcios. En este largo proceso al lenguaje oral se le crearon símbolos y jeroglíficos para crear así el lenguaje escrito. En la Antigüedad los asiáticos y principalmente los griegos usaron el lenguaje oral para contar e interpretar los acontecimientos, la difusión cultural tenía el límite de la visión y la voz humanas. ¡Salve oh Platón, Homero y Sófocles! Por la tremenda herencia que nos regalaron.

La representación simbólica del lenguaje hablado: la escritura, ha sido uno de los avances más importantes de la humanidad. Los primeros escritos se dieron en distintas partes del Mundo Antiguo: Mesopotamia, Egipto, India, China y Mesoamérica. Los primeros escritos se hicieron sobre piedras, sobre papiros y sobre tablillas de arcilla. Hoy el Museo Británico guarda para la humanidad la Piedra de Rosetta con jeroglíficos egipcios, egipcios demóticos y en griego antiguo; o sea que los antiguos egipcios eran trilingües.

En el Medievo el conocimiento se encerraba celosamente en los monasterios europeos y el acceso se abría sólo para la monarquía y la Iglesia católica: Entre la corona y la cruz. A mediados del siglo XV el conocimiento escrito se difundía a través de copias manuscritas por monjes y frailes por encargo del clero, de los reyes y de la nobleza. A quienes realizaban este oficio se les conocía como "copistas" y copiar un texto les podía llevar hasta 10 años. Las mayúsculas y las ilustraciones eran el adorno. En esta época se utilizó la xilografía en Europa para publicar panfletos, etiquetas, naipes, estampillas y trabajos de pocas hojas. Fueron los días en que Cristóbal Colón al mando de Las Tres Calaveras: La Niña, La Pinta y la Santa María, se topaba con América. No, no nos descubrieron, nos encontraron. La toma de Constantinopla en manos de los otomanos y la caída del Imperio Bizantino. Eran los días del apogeo del Imperio Inca y el origen del Mundo Moderno y de la era científica.

Bajo este espíritu de la época, en Maguncia, Alemania nació en el año de 1397 Johannes Gutenberg, sus padres fueron Else Wyrich, hija de tendero y Friele Gensfleisch, de oficio comerciante. Estudió en la Universidad de Erfurt y después vivió en Estrasburgo, importante centro comercial y cultural. Realizó los oficios de herrero y trabajaba en la fundición de oro y plata. Inteligente e inquieto, empezó a elucubrar la posibilidad de imprimir papel con otra técnica, ya que se hacía por medio de tablas de madera grabadas las cuales embadurnaban con un rodillo la tinta grasa sobre el papel. En 1448 instaló un taller de imprenta, para lo cual solicitó un préstamo por 800 florines al comerciante y banquero Johannes Fust. Era mucha plata. Y no había becas de apoyo a la creación, ni Sistema Nacional de Investigadores, ni funcionarios comprometidos con la creación artística como los del estado de Veracruz que apoyan con millones de pesos a las fiestas de La Candelaria. (Es de la vida real, pero sí hay que soltar la carcajada). El agiotista, avaro y no tonto, sabía del ingenio de nuestro Gutenberg y le prestó el dinero y le puso a su sobrino para que aprendiera todo lo concerniente a la descabellada y loca idea de la impresora. El trabajo se hacía a escondidas, no era público.

Gutenberg le apostó a hacer a la vez varias copias de un texto y escogió a la Biblia. Perfeccionó la técnica tipográfica sustituyendo la madera por hierro. Fabricó prensas y moldes de cada una de las letras del alfabeto que reproducían tipos metálicos conocidos como tipos móviles, los cuales permitían la composición de textos. Tenía que unir una a una las letras. Comenzó así la impresión masiva de textos y esos fueron los trabajos de parto del libro.

La Biblia de Gutenberg es conocida como la biblia de 42 líneas, ya que ese es el número de líneas por columna que utilizó, es una versión impresa de la Vulgata y fue el primer texto que Gutenberg editó en el año de 1450 en Maguncia, las primeras biblias aparecieron el 23 de febrero de 1455 y tenían 1282 páginas. Se imprimieron 180 ejemplares. Cada ejemplar es único ya que fueron ilustrados y rubricados a mano. De ahí la fama de los famosos textos incunables.

El libro es uno de los más grandes y mejores inventos de la humanidad y por eso celebramos sus 557 años de existencia. Larga vida. De la Biblia de Gutenberg existen hoy 3 volúmenes en Fort Knox, la fortaleza militar más importante de Estados Unidos, que es donde se guarda también el mayor tesoro en lingotes de oro.

Existen otras 44 biblias de este tesoro, según el catálogo "Incunabula Short Title" de Ilona Hubay, en el cual sostiene que existe una Biblia de Gutenberg en museos y bibliotecas de los siguientes países: Austria, Bélgica, Dinamarca, Japón, Portugal, Polonia y otra en Suiza. Dos ejemplares en Rusia y en el Vaticano. Cuatro en Francia, ocho biblias en la Gran Bretaña, y once y doce en Estados Unidos y Alemania.

Así Gutenberg nos regala la posibilidad de realizar tiradas de múltiples ejemplares de libros. El conocimiento rompió las murallas de los monasterios y llegó para quedarse a todos los rincones del mundo moderno. En todos los hogares existe un libro, no sabemos si sean leídos. El acceso al saber se masificó y se avanza y transforma la humanidad de manera estrepitosa.

Nuestro Gutenberg no pudo pagar el préstamo y el banquero codicioso le embargó la imprenta, ya tenía al sobrino preparado para seguir con lo que sería un tremendo negocio. El arte y técnica tipográfica se extendió por Europa ante los ojos asombrados de Gutenberg en sus últimos años. Recibió una renta del arzobispo Adolfo de Nassau y muere en la ruina el 3 de febrero de 1468 en su natal Maguncia.

Los procesos humanos que nos ocupan: la comunicación, el arte, la literatura, la política, la historia se desarrollaron y el conocimiento estuvo al alcance de las masas. Se inventaron nuevos aparatos y dispositivos que aceleraron la transmisión del conocimiento: el radio, el teléfono, la televisión, el cine, la fotografía, entre otros inventos.

Las tecnologías de punta, producto de la conjunción de la electrónica y la computación que se alcanzaron durante el siglo XX nos regalaron inventos que parecían imposibles. La globalización por otro lado, que ha roto las barreras del tiempo y del espacio, revolucionaron a la humanidad, igual que la imprenta de Gutenberg y la máquina de vapor de James Watts.

El rayo lasser, las fibras ópticas, la cibernética, la clonación y las autopistas de información entre otras ramas de las nuevas tecnologías han derrumbado los paradigmas que sostuvieron al siglo XX. Las enormes computadoras que llenaban un laboratorio, así fue la que trajeron al Tecnológico en los años setentas, en que estudiaba ahí ingeniería, han dado paso a un reducido tamaño, igual los primeros celulares que parecían ladrillos. Y mientras las pantallas y tamaños se reducen, se aumenta la capacidad de la memoria y de las funciones.

La empresa Amazon.com que es una tienda enorme pero cibernética ofrece unas tablas de 19x13x1.5 cm en las cuales se puede conectar con el mundo entero, bajar música, películas, revisar su e-mail, son las llamadas Iphone y ya podemos hacernos del Kindle, aparato que permite bajar en un minuto un libro completo de los 600 mil títulos que ofrece. Es el libro electrónico portátil e inalámbrico que permite bajar libros, revistas, periódicos electrónicos. Es una Gandhi virtual, un centro de diversiones metido en una pequeña tablita, casi como un chocolate, o un pequeño libro. El invento data de hace 4 años y pesa 300 grs. Del homo sapiens al homo electronicus.

Si el promedio de lectura en México es de 1.5 libros por año, un mexicano común se tardará 500 años en leer el contenido de este prodigio. Somos lo que leemos. Dime a qué autores has leído y te diré quién eres. Somos palabras, somos lenguaje. Y si en el principio fue el verbo, vamos a leer. Usted decide si de manera virtual en su Kindle, o sí con su libro de papel creado hace 557 años por aquel alemán llamado Johannes Gutenberg a quien hoy rendimos homenaje.
 
Columnas anteriores
Columnas anteriores
Cartones
Columnas