Opinión / Columna
 
José Damián Rivas Ríos 
Grande y llena de nobleza es la labor de un maestro
El Sol de Durango
6 de febrero de 2012

  El saber ser humano es un importante deber. Como personas, que vivimos en colectividad, se debe tener comprensión para el prójimo, ser solidario y ayudar a los demás a vivir bien y a servir por convicción y dignidad. El camino, la verdad y la luz están dentro de nosotros mismos. Debemos estar plenamente conscientes que cada momento de nuestra vida es un milagro. Es muy importante que equilibremos nuestras vivencias, llenándolas de armonía en nuestras relaciones humanas y fecundándolas de trabajo, de esfuerzos compartidos y de saludable confianza. Pero entendamos que la confianza no se da ni se asume simplemente porque tengamos una posición desahogada o un puesto de poder. La confianza, el respeto y el cariño se ganan a pulso.

Grande y llena de nobleza es la labor de un maestro. Alimentar el espíritu de sus semejantes y prepararlos para que sean verdaderos ciudadanos en el mañana es digno de encomio. Porque educar es creer en la efectividad humana, en su capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que todos sentimos. Educar es comprender, que como humanos, podemos mejorar y ayudarnos los unos a los otros por medio del saber, por medio de la educación. Educar es una tarea muy valiosa; es un acto de coraje, es un paso al frente de la valentía humana. Como maestros de escuela, como educadores, tenemos que ser optimistas, no pesimistas; si no, qué mentalidad tan derrotista les vamos a inculcar a nuestros alumnos. Un educador pesimista podrá ser un buen domador, pero no un buen maestro.

En mi gusto por la lectura leía en un libro un pensamiento muy real y muy bonito que mucho me agradó: "El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que debemos encender". Sin duda, y esto lo debemos de considerar padres de familia y maestros, no se trata de llenarle al niño su cabecita de información, de datos, de fórmulas, de conceptos, dándole todo hecho; sino básicamente despertar su inteligencia y su interés para que él mismo descubra, investigue, verifique para que lo comprenda todo perfectamente. No se trata de colmarle el pizarrón de cuentas, ni de llenado de planas y más planas de escritura o, de abrumarlo con conocimientos todavía para él incomprensibles que de poco o nada le servirán; sino motivar su entusiasmo para que poco a poco a medida de su crecimiento vaya asimilando su formación.

Quienes asumen que los maestros somos algo así como unos "fracasados", deberían concluir entonces que la sociedad democrática en que vivimos es también un fracaso. Porque cuando apelamos al desarrollo de la investigación científica, a la creación artística, al debate de las cuestiones públicas, dependemos, queramos o no y muy necesariamente, del trabajo previo, del estudio, de la enseñanza de los maestros. Si no hay una buena escuela no puede haber una buena sociedad. Porque la escuela es el taller para prevenir y modelar la cultura y desterrar la ignorancia que más tarde es más difícil erradicar. Porque la escuela es la correctora indispensable y necesaria de todos los vicios e insuficiencias culturales. De manera general, la educación, orientada a la formación del alma con el cultivo generoso de los valores éticos y patrióticos, siempre se ha considerado de más alto y mayor valor al educar la actitud los de seres humanos, que la instrucción que se da para conocer teorías científicas.

La ética no puede enseñarse de modo temático como una asignatura más; sino que debe ejemplarizarse en toda la organización educativa y, sobre todo, en las actitudes de los maestros y en su relación con los alumnos, educando y dirigiendo el aprendizaje.

El maestro no solamente enseña o dirige el aprendizaje de conocimientos, habilidades y destrezas, sino que también educa con el arte persuasivo de su conducta como ejemplo, siendo capaz de convencer sin necesidad de sancionar. Cuántas veces la vocación del alumno se despierta más por el afecto y el reconocimiento que le ha tomado a su maestro, que por la materia misma que estudia. La pedagogía tiene mucho más de arte que de ciencia, es decir, que admite técnicas y modalidades que la iniciativa y la creatividad del maestro esgrime para educar y para dirigir con mayor éxito el aprendizaje. El maestro es un artista de la educación.

Es importante aclarar que en el campo educativo no se puede esperar un mayor y mejor avance si la educación básica no es para el gobierno una prioridad en inversión de recursos, en atención institucional y también como centro de interés público. Es justo y necesario que ya se termine con ese círculo vicioso que da una baja valoración a la tarea del maestro, que acusa una insuficiente remuneración y que es causa del bajo prestigio social.

En la Ley General de Educación, reglamentaria del artículo tercero Constitucional, en su Artículo 2, se establece que: "Todo individuo tiene derecho a recibir educación y, por tanto, todos los habitantes del país tienen las mismas oportunidades de acceso al Sistema Educativo Nacional"; además de que: ".... en el proceso educativo deberá asegurarse la participación activa del educando estimulando su iniciativa y su sentido de responsabilidad social." De manera complementaria, en el Artículo 21 se define que: "el educador es promotor, coordinador y agente directo del proceso educativo. Debe proporcionársele los medios que le permitan realizar eficazmente su labor y que contribuyan a su constante perfeccionamiento.
 
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