Opinión / Columna
 
Sin controversia  
Ernesto Escobosa 
Peña Nieto entre la derecha y la izquierda
El Sol de Durango
2 de febrero de 2012

  Los escenarios parecen complicarse cada vez más para el Partido Acción Nacional, no solamente por el desplome electoral que viene experimentando desde 2007 y la baja aceptación de las políticas del presidente Calderón, principalmente en los ámbitos de seguridad pública y procuración de justicia, sino también porque sus tres precandidatos presidenciales se encuentran muy mal posicionados ante los electores potenciales.

Mientras el PRI y PRD lograron construir candidaturas de unidad, el PAN está sufriendo un serio desgaste interno debido a las precampañas que están realizando Cordero, Vázquez Mota y Creel, las cuales gradualmente se han dirigido a confrontarse y descalificarse entre ellos mismos.

Enrique Peña Nieto sigue siendo el candidato a vencer, López Obrador continúa en el tercer lugar debajo de la precandidata panista, circunstancia que hace aún más delicada la intención del presidente Calderón al tratar de forzar la candidatura de Ernesto Cordero, el cual, si bien es cierto sigue siendo el más débil, también es uno de sus hombres más cercanos y el único que le daría continuidad a su cuestionable proyecto.

Lo cierto es que el Gobierno Federal ya ha iniciado la guerra sucia contra el PRI, de nueva cuenta se le está dando un uso político a la PGR con la finalidad de desprestigiar indirectamente a Peña Nieto y a su partido, circunstancia que puede provocar una polarización similar a la de 2006.

Todo parece indicar que de ser electa Josefina Vázquez Mota, la cual es la precandidata con mayor aceptación tanto al interior como al exterior del PAN, tendrá en algunos grupos de su propio partido los principales obstáculos para desplegar una campaña realmente competitiva ante el candidato priista, que hasta el momento se muestra apabullante y su partido cuenta con un control territorial prácticamente absoluto.

El PRI tiene poco que perder y mucho que ganar en relación al PAN y al PRD, ya que si la derecha es derrotada en la elección presidencial quedará en la bancarrota electoral y el PRD si no logra retener el DF pasará a la indigencia política, casi al nivel de sus aliados del PT y ex Convergencia.

Las candidaturas al Senado de la República y a la Cámara de Diputados por el PAN y el PRD están seriamente devaluadas en relación a 2006, principalmente porque los efectos Calderón y López Obrador han mostrado tendencias negativas en los últimos años, a diferencia del efecto Peña Nieto y del PRI, partido que actualmente representa la marca electoral más rentable.

La coalición de izquierda es una evidente suma de debilidades, con un PRD dividido y confrontado aliado a dos partiditos que lo único que representan son sus propios membretes y los intereses de sus dirigentes tradicionales, circunstancia muy difícil de revertir a favor de un político descontextualizado y prácticamente acabado como lo es Andrés Manuel López Obrador.

A diferencia del PRI, uno de los principales problemas de la izquierda y la derecha será conseguir cuadros electoralmente competitivos para obtener curules y escaños, candidatos que deberán representar a dos partidos que en los últimos años han perdido prácticamente todos sus bastiones históricos que les permitieron hace seis años disputarse seriamente entre ellos la Presidencia de la República; hoy las condiciones son totalmente diferentes.
 
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